Los alertas climáticos: el caos de todo pronóstico
El clima es una de las ciencias que no siguen leyes matemáticas y se las considera caóticas en cuanto a su predicción
La granizada ocurrida en nuestra ciudad los primeros días de febrero, sumada al temporal de mediados de diciembre de 2023, puso en el ojo de la tormenta al Servicio Meteorológico Nacional (SMN), cuestionado por algunos por no tener, se dice, “suficiente precisión con sus alertas”.
A esto se suma la infaltable “politización” del tema, que lleva a muchos a culpar a los funcionarios de turno de no actuar con corrección suficiente cuando poco y nada tienen que ver en la cuestión, salvo la actitud posterior de atender las consecuencias de esos fenómenos.
El SMN tiene alertas identificados por colores. El rojo anticipa fenómenos con potencial de provocar desastres. El naranja, predice un clima peligroso para la vida y el medio ambiente y el amarillo, una capacidad de daño y riesgo de interrupción de actividades.
Lo que ha sucedido, desde siempre, es que en muchos casos las alertas no se verifican y la gente no actúa en consecuencia, con lo cual se empieza a tomar con cierto escepticismo esos anuncios.
Pero es importante entender que los fenómenos climáticos se suceden dentro de un sistema caótico, en el cual es imposible tener total certeza de un resultado final ya que pueden existir cambios inesperados e impredecibles en las condiciones analizadas.
La meteorología no tiene leyes precisas, ni una fórmula matemática exacta ya que los componentes de toda ecuación se pueden modificar de un minuto a otro.
Los pronósticos han mejorado con la tecnología. Se tiene una precisión del 90% de acierto con hasta dos días de anticipación, la cual se reduce al 30% si se hace con 10 días de anticipación.
Pero es imposible lidiar con la naturaleza caótica de la atmósfera y la cantidad de variables que interactúan. Una corriente que se desvíe o una masa de aire que se mueva más rápido de lo previsto altera drásticamente cualquier pronóstico.
No se trata entonces de buscar culpables sino de tomar medidas preventivas en base a los datos históricos, los vientos habituales y la temperatura media y a partir de eso establecer normativas adecuadas que, producido el fenómeno, se tengan las mejores condiciones para enfrentarlas.