Bahía Blanca | Jueves, 26 de marzo

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A 65 años del paso a la inmortalidad de Carlos Di Sarli

Apodado "El Señor del tango", fue uno de los pianistas más talentosos que tuvo la música ciudadana y un eximio compositor.

Por José Valle (*)

Cayetano Di Sarli nació un 7 de enero de 1903 en la bella ciudad de los vientos, Bahía Blanca. Su padre fue Miguel, oriundo de Teggiano, una comuna de la provincia de Salerno, región de la Campania en el sur de Italia, su madre Serafina Russomano.

La familia tenía una armería en la calle San Martín 44 y vivían en una casa de la calle Buenos Aires N° 511 (hoy Yrigoyen). El pequeño Cayetano cursó sus estudios en el colegio Don Bosco y estudió piano en el conservatorio Williams.

En 1915 ya tocaba el piano en los cines, acompañando películas mudas, y en una confitería de la ciudad de Santa Rosa, provincia de La Pampa, ambas propiedad de Mario Manara, connacional y amigo de su padre.

En 1919 regresó a Bahía Blanca y formó su primera orquesta con la que actuó en el Café Express, ubicado en la esquina de Zelarrayán y Buenos Aires, y en el Café Moka, de O´Higgins 50.

También hizo giras por La Pampa, Córdoba, Mendoza, San Juan y Salta. Finalmente, en 1923 se trasladó con su hermano Roque a vivir a Buenos Aires, donde cambió su nombre en el registro Civil y pasó a ser Carlos.

Antes de constituir su primera agrupación trabajó con el violinista Juan Pedro Castillo, con el trío de Alejandro Scarpino y tuvo un paso fugaz por la orquesta de su admirado Osvaldo Fresedo. Juan "Pacho" Maglio y José María Rizzutti graban su primera composición “Meditación” (1919).

Muy amigo de Enrique Santos Discépolo, lo ayudó a componer la música de algunas de sus letras. “Soy un arlequín” lo estrena Tania en el Folies Bergere estando Di Sarli como invitado de gala en agradecimiento por el asesoramiento brindado.

Entre 1927 y 1928 constituye su primer sexteto. Los cantores Santiago Devin, Ernesto Famá y Fernando Díaz lo acompañaron en esta formación.

Entre el 26 de noviembre de 1928 y el 14 de agosto de 1931 registró 48 temas, que incluían los tangos “T.B.C.”, de Edgardo Donato, “Maldita”, de Antonio Rodio y Celedonio Flores, “La guitarrita” y “Una noche de garufa”, ambos de Eduardo Arolas.

En 1932 se incorpora el cantor Antonio Rodríguez Lesende, el célebre gallego. En 1934 Di Sarli se radicó en Rosario, Santa Fe, donde integró un pequeño conjunto con el conocido bandoneonista Juan Cambareri, el violinista Alberto Saikievich y el cantor Roberto Pieri.

Su propia orquesta

A fines de 1938 comienza a gestar su gran orquesta que debuta el 1 de enero de 1939 en Radio El Mundo. La integraban Roberto Guisado, Ángel Goicoechea y Adolfo Pérez (violinistas); Roberto Gianitelli, Domingo Sánchez y Alberto Mititieri (bandoneonistas), el contrabajista Domingo Capurro y el cantor Ignacio Murillo, luego reemplazado por Roberto Rufino.

Con esta formación graba, el 11 de diciembre de 1939, los tangos “Corazón” (de su autoría, con letra de Héctor Marcó) cantado por Roberto Rufino, y “Retirao” de Carlos Posadas.

Los cantores de la orquesta fueron el mencionado Roberto Rufino, Antonio Rodríguez Lesende, Agustín Volpe, Carlos Acuña, Alberto Podestá, Osvaldo Cabrera, Jorge Durán, Raúl Rosales, Osvaldo Cordó, Oscar Serpa, Mario Pomar, Argentino Ledesma, Rodolfo Galé, Roberto Florio y Horacio Casares.

 Carlos Di Sarli, desde el piano, con su mágica zurda, le brindaba un fraseo único, fascinante e irrepetible a cada una interpretaciones. Adorado tanto por los milongueros como por los amantes del tango de tesitura romántica y a la vez cadenciosa, melodiosa y armonizada para ser prolijamente “caminada”.

De su obra se destacan sin duda, “Milonguero viejo” (dedicado a Fresedo), “Bahía Blanca”, “Nido gaucho”, “Porteño y bailarín”, “Verdemar”, “De qué podemos hablar” y “Otra vez carnaval”, auténticas joyas del género.

Di Sarli fue amigo del gran Juan Carlos Cobián, con quien compartía recíproca admiración.

Manos mágicas

Tuve la oportunidad de tratar y trabajar con muchísima gente que conoció y trabajó con el maestro, como Roberto Rufino, Alberto Podestá, Argentino Ledesma, Horacio Casares, Leopoldo Federico, Federico Scorticati, José Libertella, Julián Plaza, Roberto Chocho Florio, Carlos Acuña, Tania y Enrique Cadícamo. Todos, además de destacar sus cualidades como músico, resaltaban su calidad humana, de gente de bien del maestro; un verdadero hombre de honor.

En una ocasión, Antonio Carrizo me relató en el restaurant “La Cátedra” --propiedad de su hijo—en Cerviño 4699 de Palermo- que cuando tenía apenas 22 años presentó a la orquesta de Carlos Di Sarli en LR1 Radio El Mundo desde el estudio “A” de Maipú 555 (hoy Radio Nacional) con capacidad para 500 personas. Al terminar el espectáculo, cuando Carrizo se retiraba, el portero -apodado el “gallego” Giménez- lo llama y le da un sobre con 200 pesos que le había dejado Di Sarli (era un buen dinero en esa época) y una nota que decía “Para que le compre algo a su nena”.

Con Alberto Podestá y Roberto Rufino

Aníbal Troilo sentía gran admiración y afecto por Di Sarli e iba con Zita, su mujer a caminar la pista al Marabú. Describía el sonido de su orquesta y “las cosas distintas que hacía con sus manos mágicas” como “Una especie de campanitas melodiosas que te iluminan. Te dan ganas de bailar”.

El maestro Alberto Podestá me dijo: “Por algo a Di Sarli lo llamaban El señor del tango. Era un caballero, un gran maestro en todo sentido. Me enseñó muchísimo. Era muy severo, me insistía por ejemplo en que no gritara, que fuera cuidadoso con mi voz. Me decía: Cantá con el interés. El maestro me puso mi nombre artístico, Alberto Podestá, reemplazando al que utilizaba hasta ese entonces de Juan Carlos Morel. La gente lo amaba. En los carnavales llenaba que daba calambre”.

La última actuación de Carlos Di Sarli fue el domingo 9 de marzo de 1959 en el Club Podestá de Lanús. Cerró la noche interpretando el tango "Bahía Blanca". Falleció a los 57 años un 12 de enero de 1960 en Olivos (provincia de Buenos Aires).

Si se conjuga “tango” con talento, personalidad, ritmo, armonía y caballerosidad hay un nombre que se vislumbra con gran claridad. Si a esas cualidades le agregamos “Bahía Blanca”, sin duda es Carlos Di Sarli el único que se corresponder con tan acertadas y halagadoras características.

 

(*)  El autor es historiador del tango, escritor, gestor cultural. Miembro de la Academia Nacional del Tango, Director del Festival Nacional de tango “Carlos Di Sarli” de Bahía Blanca.