Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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Jabonería Damita, el recuerdo en una chimenea

Zelarrayán al 2200, esquina Eduardo González, una chimenea se erige como hito del barrio.

Existe lo que los estudiosos definen como “la memoria olfativa”, aquella que se despierta ante ciertos aromas y puede llevarnos a lugares y recuerdos en el tiempo. En algún lugar, nuestro cerebro los ha guardado. Siguen ahí son que siquiera lo sepamos, hasta que un perfume, un olor nos llevan a cierto recuerdo, a una persona, a un momento.

Pero puede ocurrir también que en determinadas circunstancias se verifique el camino inverso. Que un elemento, algo material nos transporte a determinados olores, que ya no están pero que uno recuerda. Eso ocurre con una centenaria y modesta chimenea ubicada en Zelarrayán al 2.300, recostada sobre calle Eduardo González.

No es alta, unos 20 metros, es piramidal y está revocada y pintada de blanco. A muchos vecinos del barrio y más allá les alcanza la referencia para que surja un nítido recuerdo: el mal olor que emitía, a algo en mal estado. “Cuándo había viento norte no había manera de evitarlo, se sentía hasta la avenida Alem, era un espanto”, explica un vecino del lugar.

Empiezan entonces a aparecer algunas referencias sobre la chimenea, como parte de un edificio que ocupa toda la manzana y que está abandonado desde hace al menos 70 años. La chimenea ocupa la parte de atrás de ese inmueble, de espaldas a González. El frente de la que ahora sabemos era una fábrica está inaccesible a la vista, rodeado de añosos árboles en un terreno completamente cercado.

En el lugar funcionó, desde principios del siglo pasado, la jabonería de la familia Mazeris, que elaborada al menos un jabón. Marca Damita. De hecho el frente del edificio tenía grabada esa palabra. Algunos mencionan una segunda marca “5M”, en referencia a los cinco hermanos Mazeris.

De allí entonces ese olor. Porque el jabón se elaboraba con sebo, grasa animal que cuando se descompone genera fuertes olores, al igual que durante el proceso de elaboración y por las aguas residuales con descompuestos orgánicos que se arrojaban a la calle.

Las guías de direcciones de principios del siglo XX no llegaban más allá de Zelarrayán al 1.200, con lo cual no es posible tener más precisiones de la existencia de la fábrica. Figura en una guía de 1966, lo cual permite verificar que por entonces todavía funcionaba.

Otro vecino señala. “Cuando yo la conocí ya no hacía jabón. Solo preparaban cebo que enviaban a la fábrica de jabón Cadum. Por entonces ya no estaba aislada sino que habían empezado los primeros lotes en los alrededores, a muy buenos precios y pagaderos en 144 cuotas. Cuando se fueron consolidando los barrios comenzaron las quejas por el mal olor”.

No deja de ser un detalle de color que justamente el ceso fuese para el jabón Cadum, el mismo que, en 1969, lanzó a la fama a una muy joven Susana Giménez que promocionaba su uso señalando que usarlo era “un shock de perfume”.

Un colchón de grasa

Cuando dejó de funcionar la fábrica, posiblemente a fines de los 70, el lugar quedó abandonado.

“Era chico cuando entré a mirar, estaba toda desmantelada, una mugre impresionante, con carcasas de ganado y el piso cubierto por un colchón de grasa y desechos que alimentaban a todas las ratas del barrio”, señalan.

Con el tiempo algunas partes del edificio fueron ocupadas con otros usos, desde una gomería, pasando por un gimnasio, la semillería Cultivares y el taller de calderas IFi Aráoz. También supo tener algunos usurpadores.

Hoy la manzana completa está abandonada. Un cartel en Zelarrayán y De Ángelis indica la venta de la mitad del predio. La otra parte tiene carteles que señalan su calidad de propiedad privada y de no estar en venta.

Lo cierto es que la chimenea sigue siendo una referencia del lugar, un hito. ¿Cuándo se construyó? No hay precisiones, salvo que en una de sus caras tiene colocado un mojón –señala un punto fijo-- del Instituto Geográfico Militar con una fecha: 1924. Es una pista.

 Mientras tanto, tenemos estos datos. Fábrica de Jabón Damita, de los Mazeris, cebo para Susana y el recuerdo de un olor que marcaba los días de viento. No es poco.