“¿Algo lindo que me pasó en la vida?, ser hincha y poder defender los colores de Bella Vista”
Lucas Martínez es el capitán de la “guardería” gallega, un plantel con una edad promedio que no supera los 22 años y que en todos los puestos cuenta con chicos del club que, según el “7” que lleva doce temporadas en Primera división, “no tienen freno ni techo”. Una nota con el ADN albiverde a flor de piel.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
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(Nota ampliada de la edición impresa)
No solo es el capitán de un barco con tripulantes jóvenes y talentosos, proyectados hacia destinos futbolísticos que ni ellos mismos imaginan, también es el jugador del plantel con más partidos en la Primera de Bella Vista, un club donde la formación es sagrada y el arraigo es tan significativo como ese sentido de pertenencia que, el que es de la Loma, lleva impregnado en su piel.
Lucas Adrián Martínez debutó en la mayor del “Gallego” en 2012, acumula 263 presencias y es el guía de un equipo que, por ejemplo, el domingo pasado frente a Liniers (triunfo 1-0), salió a la cancha con 10 de los 11 titulares formados en la entidad.
“Estamos recuperando la identidad de épocas pasadas, Bella Vista es lo que vieron ante Liniers, chicos que traen buena técnica desde las inferiores, que van creciendo con rodaje futbolístico y que, a mi parecer, no tienen freno ni techo”, señaló el 7, que le convirtió al “Chivo” y arribó a tres tantos en la actual temporada liguista (los otros dos se los marcó a Huracán, en el 4-1 de la quinta fecha del Apertura, 27 de abril, también en el estadio de Charcas y D' Orbigny).
“Sabíamos que a medida que los chicos se vayan acoplando a un nivel exigente como el de Primera, íbamos a empezar a conseguir resultados. Por momentos jugamos bien y a veces la pateamos mal, pero cuando ganamos lo hacemos con autoridad y, por lo general, anulando al rival”, indicó, con palabras selladas a fuego, el que lleva el brazalete de “mandamás” en la plantilla albiverde.
--¿Cómo es liderar a un grupo cuyo promedio de edad no supera los 22 años?
--Es una responsabilidad linda y enorme a la vez. Trato de aportar mi experiencia, que nunca sé si es mucha o poca, pero lo que más les transmito a los que recién arrancan en Primera es que jueguen tranquilos y que no tengan miedo a equivocarse, porque de los errores depende el aprendizaje. A veces sienten esa presión de tener que hacer todo lo que se les pide, pero es necesario que estén liberados para comprometerse con el juego y no que estén siempre pensando en ganar como sea.
“Muchas veces, los más grandes nos emocionamos al ver a los chicos felices. Hacen un gran esfuerzo para estar donde están y cuando les toca ponerse la camiseta verde y blanca rinden igual o mejor que nosotros”.
--Los que sucede hoy con estos pibes que piden pista, ¿es parecido a lo que te pasó a vos cuando debutaste?
--No, fue al revés, porque yo me encontré con un vestuario de gente grande y jugadores consagrados, que me aconsejaron de la mejor manera y me dijeron que el respeto hacia el escudo de Bella Vista estaba por encima de cualquier persona o situación futbolística.
--Ni te pregunto que significa Bella Vista en tu vida.
--(Respiró hondo y tardó un segundo en soltar el aire). Es mi segunda casa, el lugar donde me crié y donde crecí. Hoy, a los 29 años, puedo decir que tuve una infancia bien de barrio, rodeado de amigos y contenido por una entidad que le da mucho valor e importancia al semillero.
Controló, “amasó” y respondió
Lucas se levanta todos los días a las 7, una hora más tarde entra a la fabrica de pastas artesanales Fiorella y solo los domingos, día de partido, pide salir a las 12 para almorzar en su casa, descansar un rato, armar el bolso y salir para la cancha.
“En la semana se labura fuerte y cuando tengo que jugar no pido el día, solo salir unas horas antes. Hago el mismo esfuerzo que cualquier jugador de la Liga del Sur que tiene que trabajar porque no puede vivir del fútbol”.
--Tal cual, ni más ni menos que eso.
--Quizás todavía tenga tiempo para picar a otro nivel, pero el hecho de trabajar, entrenar y llegar a tu casa fusilado te va dando a entender que la vida del futbolista, al menos en mi caso, no puede dejar de ser paralela a lo laboral. Por necesidad, no puedo dejar de trabajar.
“Cuando fui a Villa Mitre (2022) tuve la chance de mostrarme en un Federal A, pero en mi cabeza no estaba instalado que la prioridad era el fútbol y no me fue de la manera que yo hubiese pretendido. No sé si desperdicié la oportunidad, hubiese preferido que esa posibilidad llegue un tiempo antes, cuando pude tener un nivel acorde a la competencia y mejor que el que tenía el año que me sumé a las filas del tricolor. Ese es el motivo de que no me haya ido bien”.
--El domingo la hinchada no dejó de alentar, aunque en la tribuna vi más gente que en otros partidos. ¿Puede ser?
--El apoyo de los que aman y siguen a Bella Vista siempre es hermoso y emocionante. En este club soy feliz, sigo y festejo el progreso de cada disciplina, quiero ver crecer a la institución, que tenga más socios, que el hincha sea hincha de los colores y no solo del fútbol. Es lindo ser de Bella Vista.
--Del 1 al 10, ¿en qué nivel estás?
--De a poco me voy sintiendo a pleno, aunque estoy en un 8, no te puedo mentir. El gol ante Liniers, por la definición (la empaló sobre el cuerpo del arquero), me fortalece el alma y me llena de confianza, pero todavía me falta para llegar a ser el jugador que pretendo.
“Antes de fin de año hacemos otra nota y te voy a decir que llegué al 10”, se despidió el nacido en Villa Harding Green pero con sangre Gallega.
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Cotejos. De Lucas en la Liga del Sur: 263 en Bella Vista (55 goles, 4 de ellos de penal), 24 en Villa Mitre (una conquista) y 4 en al Sub 17 (4 tantos).