Cow-boys y gauchos en cancha de los chivos
Dos actores de Hollywood y gauchos de Pringles y Patagones en un espectáculo único.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Hace 100 años, en mayo de 1925, se presentó en la cancha del club Liniers –por entonces en la esquina de Chile y Donado—un espectáculo de doma y rodeo con la presencia de Art Acord y Louise Lorraine, dos estrellas de Hollywood.
Protagonistas de varias películas del cine mudo, Acord había encontrado en estos shows donde mostraba las habilidades de los cow boys del Oeste norteamericano. La acompañaba la actriz Louise Lorraine, quien un par de años después se convertiría en su tercera mujer.
“El cow boy es el equivalente de nuestro gaucho y se caracteriza por el dominio de los instrumentos –entre los cuales figura el lazo—de que se vale para las actividades que le son propias. Destreza y arrojo son sus cualidades”, detalló este diario.
Una concurrencia extraordinaria ocupó las instalaciones del club, a la que se sumaban decenas de curiosos trepados a los árboles vecinos. Más allá de la expectativa generada, la crítica no fue muy favorable al espectáculo. En primer lugar, porque una huelga había privado contar con tropillas de potros chúcaros y novillos para la doma.
Los criollos que eran parte del espectáculo tampoco pudieron lucirse al no contar con potros adecuados para mostrar su destreza.
El espectáculo incluyó doma de potros, ejercicios de equitación, enlazadas y maneo de novillos, domas de potros en pelo, juego de polo estilo cow boy y volteo de novillos. Además de las dos estrellas de Hollywood se sumaron 7 cow-boys llegados de Buenos Aires, tres gauchos de Coronel Dorrego y otros tantos de Patagones.
Acord entraría años después en una notoria decadencia con la llegada del cine sonoro. Dado al alcohol y con problemas depresivos, tuvo una misteriosa muerte en 1931, a sus 41 años de edad. Lorraine tampoco tuvo demasiada suerte en la nueva época del cine, falleciendo en 1981.