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Depresión y cuadros de ansiedad: lo que dejó la pandemia en Bahía Blanca

“Se aprecia un incremento sostenido no sólo en la cantidad de personas y familias que requieren ayuda, sino en la calidad de esa demanda”, dijo el psicólogo Hugo Kern, jefe del departamento de Salud Mental del municipio.

El relevamiento en la ciudad tiene coincidencia con un estudio de la UCA. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva y Archivo LN.

Se sabía y se esperaban; estaban al caer.

Las consecuencias de la pandemia por el COVID-19 iniciada en los primeros meses de 2020 comenzaron a manifestarse (y lo harán por un tiempo indeterminado) de diferentes maneras. En algunos casos con mayor virulencia, y en otros menos, aunque con una característica coincidente: la inevitable afectación en la salud mental de la población.

“En Bahía Blanca se advierte un incremento sostenido no sólo en la cantidad de personas y familias que requieren ayuda sino en la calidad de esa demanda. Incluso, por la situación de niños, niñas y adolescentes con graves problemas de interacción”, dijo el psicólogo Hugo Kern, jefe del departamento (por concurso) de Salud Mental del municipio de Bahía Blanca.

El profesional aseguró que varios estudios realizados en el área a su cargo destacan el aumento de la depresión y de los cuadros de ansiedad.

“La demanda de salud mental es tan grande que, en muchas ocasiones, no damos abasto a atenderla. Este incremento, incluso, está relacionado con el déficit de las coberturas sociales. Y por eso está claro que resulta imperiosa la incorporación de egresados de la residencia de Psicología Social a la planta profesional”, admitió.

También dijo que el incremento del malestar psíquico se hace evidente en todos los ámbitos y que los sectores vulnerables son los que más expuestos están a la problemática.

Entre los cambios que se pueden mencionar como consecuencia de la etapa que hemos vivido en la pandemia, Kern citó al trauma y al estrés postraumático.

Psic. Hugo Kern, jefe del departamento de Salud Mental del municipio.

“Aquellas personas que han experimentado directamente la enfermedad, la pérdida de seres queridos o situaciones de gran estrés durante la pandemia pueden enfrentar síntomas de trauma y estrés postraumático en el futuro. Estos podrían incluir flashbacks, pesadillas, ansiedad intensa o evitación de situaciones”, explicó.

Kern, quien es magister en Salud Colectiva y profesor del departamento de Ciencia de la Salud de la Universidad Nacional del Sur (UNS), también se refirió a otro aspecto colateral.

“Las personas que antes de la pandemia padecían trastornos de salud mental podrían experimentar un aumento en los síntomas, o una recaída debido al estrés prolongado y a las dificultades adicionales causadas por la crisis sanitaria”, aseguró.

Respecto de la nueva normalidad, señaló que hay una transición con cambios en las rutinas diarias, el trabajo, la educación y las interacciones sociales. Y que la adaptación genera estrés, ansiedad y dificultades para readaptarse a la vida cotidiana anterior.

Las consultas al departamento de Salud Mental de la municipalidad de Bahía Blanca se pueden hacer al 291 4 551159, de lunes a viernes, de 8 a 14.

También indicó que muchas personas han experimentado dificultades económicas durante la pandemia, como la pérdida de empleo o la reducción de ingresos.

“Las consecuencias económicas afectan la salud mental de las personas. Se genera preocupación por el futuro y aparecen dificultades para recuperarse en ese aspecto”, afirmó.

Kern también aludió a las modificaciones en los vínculos. “El distanciamiento social y las restricciones han llevado a la reducción de las interacciones sociales. Después de la pandemia, algunas personas pueden enfrentar dificultades para reconstruir y mantener conexiones sociales, así como para superar la ansiedad social y la incertidumbre relacionada con el contacto físico”, comentó.

“Asimismo, debemos señalar que la pandemia dejó a la vista los problemas y las virtudes del sistema. Especialmente, evidenció la importancia de la salud mental para la comunidad, hecho que tiende a olvidarse y nos pone en el riesgo de comenzar, otra vez, a postergar temas cruciales para el bienestar”, sostuvo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo en el año 2030. También que una de cada 4 personas tendrá un trastorno mental a lo largo de su vida.

“¿Cuál es el aporte de la pandemia en este sentido? Las consecuencias se han hecho sentir en todos los ámbitos de vida de las comunidades, desde la pérdida de vínculos sociales hasta el estado de desconfianza generalizado”, comentó.

“Cuando una familia se encuentra en una situación de supervivencia se afecta también su salud mental”, manifestó Kern.

“En un reciente estudio realizado por la Universidad Católica Argentina (UCA) se observan algunos indicadores de malestar psicológico en las personas y, bajo esta categoría, se evalúa la sintomatología ansiosa y depresiva sin indicar patología o trastorno”, sostuvo Kern.

Durante el período 2010-2022 se aprecia una tendencia, relativamente constante, de alrededor del 20 % en el malestar psicológico, con valores que fluctúan entre el 18,4 % (año 2010) y 25,4 % (2022). Sin embargo, en la última medición se refleja el valor más elevado en la serie, incluso, superando a lo reportado en 2020 (año de mayores condicionantes negativos por el impacto del COVID-19).

El malestar psicológico aumenta a mayor vulnerabilidad socio-ocupacional; es mayor en el bajo marginal y alcanza a alrededor de 4 de cada 10 adultos. Otras consecuencias se aprecian en:

—Ansiedad y estrés: La incertidumbre en torno a la pandemia, el miedo a contagiarse o a infectar a seres queridos, la pérdida de empleo y la disrupción de rutinas diarias y la ansiedad y el estrés que generó esa alteración.

—Depresión: El aislamiento social, la falta de contacto físico, la pérdida de seres queridos, las dificultades económicas y la sensación de desesperanza pueden llevar a la depresión.

—Soledad y aislamiento social: Las medidas de distanciamiento social y el confinamiento, sentimientos de soledad y aislamiento, especialmente en personas que viven solas o que tienen una red de apoyo limitada.

—Aumento de trastornos alimentarios: Las preocupaciones relacionadas con la imagen corporal, el estrés y los cambios en la rutina pueden desencadenar o exacerbar trastornos alimentarios como la anorexia o la bulimia.

—Abuso de sustancias: Algunas personas pueden recurrir al consumo excesivo de alcohol, drogas u otras sustancias como mecanismo de afrontamiento ante el estrés y la ansiedad.

Desde adentro

—Psic. Kern, ¿se puede considerar que en la Argentina este fenómeno depresivo y de trastornos de ansiedad es más acentuado?

—La situación no sólo ocurre en nuestro país. Se trata de un problema global agravado por la crisis socioeconómica y por la desesperanza que, en el estudio de la UCA, se plantea como indicadores de desconfianza institucional, aunque en este punto sí podemos considerar una característica generalizada en la Argentina.

“En el caso de Bahía Blanca, sólo en los dispositivos del departamento de Salud Mental de la secretaría de Salud, se atendieron 13.000 consultas en 2021 y 13.800 en 2022. Y en lo que transcurre del corriente año estimamos un crecimiento significativamente mayor”.

—¿Cuál es la incidencia en la vida cotidiana?

—La vida cotidiana es metáfora del pensamiento, el sentimiento y la acción, ya que es la esencia de las vivencias que se transforman en experiencias de vida desde la percepción, ya no sólo desde las sensaciones, sino de la transformación de los contenidos en conocimientos prácticos.

“Lo que no incide en nuestra vida cotidiana no existe. De allí que sea muy importante comprender cómo las personas organizan su vida cotidiana, cómo se informan, con quiénes intercambian, por qué lugares circulan, cuáles son los problemas que les preocupan y cuáles suponen que son las soluciones que valoran. La salud mental es lo que hacemos en nuestra vida cotidiana; no es una cuestión teórica, sino práctica. No se trata de lo que declamamos, sino de lo que realizamos”.

—¿Hay grupos etarios más afectados que otros?

—La clave está en el eje autonomía y dependencia. Los grupos más afectados son aquellos que transitan un período de dependencia del medio, por ejemplo, los niños y niñas; o por carencias socioeconómicas.

“Cuando una familia se encuentra en una situación de supervivencia se afecta también su salud mental. En otro sentido, la situación debe ser pensada en términos particulares, ya que la realidad nos afecta de forma diferente. Pero cuando hablamos de crisis sociales nos referimos a situaciones que inciden en la calidad de vida de grandes grupos y que no puede ser ignorada por nadie”.

—¿Estos cambios en la salud mental tienen un mayor impacto en los adolescentes?

—Tienen efecto en los grupos más vulnerables y vulnerados, aunque hay que tener en cuenta que los sectores más jóvenes de nuestra población son quienes poseen la potencialidad de introducir innovación, trasformación y cambio en la sociedad. Construir futuro es dar oportunidades y sostén a quienes están transitando el tiempo de crecer.

—¿La denominada grieta puede incidir en un mayor grado de conflictividad o estrés, especialmente en círculos más cercanos, como los familiares?

—El gran desafío consiste en crecer a partir de las diferencias y construir un acuerdo posible. Cuando consideramos al otro como un enemigo que debe ser exterminado estamos frente a un problema para toda la comunidad.

“Aprender a escucharnos y tratar de comprender otros puntos de vista es uno de los caminos para crecer incluyendo la diversidad de miradas. Cuando no hay alternativas debemos revisar las reglas del juego y, para la convivencia, es fundamental un adecuado funcionamiento de la institución de justicia. El estado de grieta en el ámbito familiar tiene un efecto negativo y pervierte el sentido de los lazos”.

—¿De qué manera afecta la salud mental a la salud física?

—El ser humano es una unidad biopsicosocial. Es importante tener en cuenta que, así como la salud del individuo afecta a la comunidad y la comunidad afecta a la salud del individuo, nadie es normal en una sociedad enloquecida.

“La salud mental puede afectar la salud física y estas condiciones tienen un impacto significativo en el bienestar mental. Por lo tanto, es esencial abordar tanto la salud mental como la física de manera integral para lograr un óptimo bienestar integral.

“Una de las temáticas que hacen a la articulación entre la salud mental y los problemas de salud en general son —por ejemplo— la respuesta al estrés, ya que puede influir en la forma en que el cuerpo responde.

“El estrés crónico o no gestionado puede tener un impacto negativo en el sistema inmunológico, aumentando la susceptibilidad a enfermedades e infecciones. Además, el estrés puede afectar el sueño, el apetito y los niveles de energía, lo que conlleva repercusiones en la salud física”.

Kern también se refirió a otros comportamientos.

“La pandemia dejó a la vista los problemas y las virtudes del sistema, especialmente la importancia de la salud mental para la comunidad”, dijo Kern.

“La salud mental puede influir en los comportamientos relacionados con la salud física. Por ejemplo, las personas que experimentan depresión o ansiedad pueden ser más propensas a adoptar comportamientos poco saludables, como una mala alimentación, la falta de ejercicio, el consumo de alcohol o el uso de sustancias nocivas. Estos comportamientos pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como obesidad, diabetes y afecciones cardíacas, entre otras”, señaló.

Del mismo modo, el funcionario comentó que existe evidencia creciente de que la salud mental puede afectar la función del sistema inmunológico.

“El estrés crónico y los trastornos mentales pueden debilitar la respuesta inmunitaria del cuerpo, lo que aumenta la vulnerabilidad a enfermedades infecciosas y disminuye la capacidad del cuerpo para combatirlas”, describió.

En cuanto a la adherencia al tratamiento, sostuvo que la salud mental puede afectar la capacidad de una persona para seguir un tratamiento médico adecuado.

“Por ejemplo, las personas con trastornos mentales graves pueden tener dificultades para mantener los espacios de tratamiento”, dijo Kern.

Males, los 100 años y el cuento del crique 

—¿Qué se debe hacer si se supone que, desde lo mental, en el futuro vamos a estar peor?

—No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.

“Es fundamental no perder la esperanza y hay que tener cuidado con las profecías autocumplidas o el efecto Pigmalión. Es muy posible que si nos convencemos de que todo va ser peor, esa profecía se cumpla. En este sentido, el saber popular creó el cuento del hombre que necesita un crique (pabloferreiros.com/el-cuento-del-gato/).

“Para la salud mental es fundamental sostener una expectativa esperanzada sobre uno mismo, y sobre los otros, sin perder el criterio de realidad. En todo caso, la cuestión es saber qué deseamos, qué estamos dispuestos a hacer para lograrlo y cómo sostenemos los vínculos afectivos y colectivos que nos apoyen en el camino permanente que es, ni más ni menos, la búsqueda del bienestar”.

—¿Estamos en una situación compleja respecto del retorno a ese estado?

—Lo único que no tiene vuelta atrás es la muerte, ya que lo demás entra en el terreno de la incertidumbre. Pero lo cierto es que hay posibilidades de trasformación porque se trata de realidades construidas por nuestra sociedad.

El informe de la UCA

En el trabajo de investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), titulado Desigualdades y retrocesos en el desarrollo humano y social 2010-2022 y realizado por Rodríguez Espínola, Garófalo, Paternó Manavella, Bauso y Lafferriere, se evalúa —entre otros aspectos— la realidad emocional de la población.

Durante el período 2010-2022 se observa una tendencia relativamente constante de alrededor del 20 % en el malestar psicológico, con valores que fluctúan entre el 18,4 % (año 2010) y 25,4 % (2022). Sin embargo, en la última medición se refleja el valor más elevado en la serie, incluso superando a lo reportado en 2020, año de mayores condicionantes negativos por el impacto de la pandemia por COVID-19.

El malestar psicológico aumenta a mayor vulnerabilidad socio-ocupacional: es mayor en el bajo marginal, y alcanza a alrededor de 4 de cada 10 adultos.

El sentimiento de infelicidad implica el sentirse poco o nada feliz, y alcanza a aproximadamente a una de cada 10 personas que residen en zonas urbanas de Argentina, con liberas variaciones interanuales. Este es mayor en los estratos socio-ocupacionales bajo marginal (23,1 %) y bajo integrado (14,9 %), respecto al medio no profesional y profesional.

El déficit de apoyo social estructural expresa la carencia de red social de amigos y familiares con quienes contar. Desde el inicio hasta 2019 los valores se mantuvieron alrededor del 21 % y 24 %; es decir, 2 de cada 10 personas presentan una red social reducida o nula.

En el año 2021 el déficit en el apoyo social estructural muestra una tendencia al descenso, hasta alcanzar a un 18 % de la población argentina urbana en el último año de evaluación.

Su déficit difiere según el estrato socio-ocupacional del hogar, siendo las personas de estratos bajos aquellas que presentan una mayor carencia de red: bajo marginal, 35,1 % y bajo integrado, 20,9 %.