Encuentro de Videojuegos: jugando entre las fronteras de la felicidad
“Insert Coin” y “Game Over”. Lo que ocurría entre esas dos frases, una vez que metías la ficha en la ranura, era pura felicidad. Participamos de las dos jornadas en el Puerto de Bahía Blanca en las que hubo de todo.
Periodista. Gestor cultural. Creador del festival "Por una vez que nos juntamos". Co-director de Espacio Cultural Juanita Primera. Parte de la Secretaría de Cultura de la Universidad Nacional del Sur. Premiado en un concurso literario a nivel nacional por su originalidad, conoció Nueva York y buena parte de su cultura.
“¡Qué tarde hermosa! ¡Vayan a jugar afuera!”.
Cuantas veces habré escuchado la frase de mi mamá mientras pasába al siguiente nivel de ese juego de Sega que habíamos alquilado con mi hermano en el “Mundo del Videojuego”. Y era cierto, la tarde estaba buenísima, como la de ayer en el Puerto de Bahía Blanca. Pero la emoción que nos generaba comandar el destino de la lombriz “Earthworm Jim” era más fuerte.
A principios de la década del ’70 comenzó a cambiar la ecuación del entretenimiento a nivel mundial. Muchos coinciden en que el inicio de la popularidad de un game electrónico fue a partir del “Pong” (Atari). Seguro que lo conocés: un tenis de mesa en 2D, en el que hay dos rayitas separadas por una red y juegan a devolverse la pelota. Hoy es básico. Pero fue el primer ladrillo de una industria imparable.
Medio siglo después nos encontramos en uno de los galpones del Puerto de Bahía Blanca con una muestra alucinante: el tercer Encuentro Provincial de Videojuegos, en el marco de Finde (Feria de Industrias Creativas), organizado entre el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y el Consorcio de la terminal marítima.
A lo largo de dos jornadas consecutivas, de seis horas cada una, habrían desfilado unas 30 mil personas que pudieron disfrutar de un sinnúmero de propuestas y actividades que intentaremos enumerar de acuerdo a la emoción que nos fueron despertando.
Las referencias a la década del ’80 y ’90 estaban de la mano de los clásicos arcades. Sí, los fichines dentro de muebles lookeados que en nuestra época había que agregarle cospeles para sumar una vida y ver la acción. “Insert Coin” y “Game Over” eran las fronteras de nuestra felicidad. Jugamos al “Mortal Kombat”, “Wonder Boy” y “Snow Bross”.
Más adelante cronológicamente pasamos por videoconsolas como Nintendo, en donde “Mario Bross” fue la estrella. Pero también pudimos ver torneos de E-Sports, en donde el fútbol y el básquetbol tenían su lugar preferencial. La disputa fue intensa y cobró picor de acuerdo a los jugosos premios en juego.
Más allá estaba el sector de realidad virtual. Sorprendió ver a tantos jóvenes flasheando realidad con las gafas que le envolvían el campo visual y los llevaba a hacer movimientos certeros para la VR y cómicos para los desprevenidos.
Pero no todo era jugar. El encuentro le dio un lugar destacadísimo a la industria creativa. Porque para lograr un producto final de este tipo es necesario un equipo multidisciplinario. No es cosa de chicos: programadores, diseñadores, artistas visuales, músicos, locutores y una gran variedad de profesiones específicas de acuerdo al objetivo final.
Ellos, por ejemplo, estuvieron representados por la Comunidad de Desarrolladores de Videojuegos de Bahía Blanca, un grupo de inquietos que, tomando la expresión jazzera de hacer una jam (tradición en la que los músicos, sin previo ensayo, suben a un escenario a improvisar), organizan juntadas presenciales y virtuales para improvisar la construcción de videojuegos.
“La mayoría de las veces salen muy buenos prototipos”, asegura Joaquín Agesta, uno de los integrantes, quien se da mucha maña con la composición musical.
Hubo mucho más: stands de las universidades locales con su propuesta en carreras de programación, una muestra de robots analógicos construidos con desechos tecnológicos a cargo de Jorge Mux y la presencia estelar de YouTubers como Magnus Mefisto, infuencers y especialista en redes como Twitch.
Lo del fin de semana fue un gran resumen de lo que ocurre con el mundo de la industria del entretenimiento a nivel local, provincial y nacional. Y a su vez se le sumó la primera fecha de la cuarta temporada del torneo Puerto Freestyle, consagrándose el rapero Poli.