Bahía Blanca | Sabado, 02 de julio

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Una flor de hielo para un teatro a orillas del Volga

   La arquitectura y su entorno en este edificio en forma de una flor del hielo.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   Desde mediados del siglo XX no han sido pocos los museos y teatros que se han encargado de marcar el rumbo de la arquitectura. O al menos imponerse como ejemplos de nuevos lenguajes y estilos, avanzando sobre el concepto de que los edificios que lo conforman son tan importantes como su contenido. Las sedes del Guggenheim de Nueva York y Bilbao, el Pompidou de Paris o la Galería de Arte británico son ejemplos de esas propuestas arquitectónicas.

   Ahora se ha conocido el proyecto para el teatro Kamal, en Kasán, capital de la república rusa de Tartaristán, a orillas del río Volga. El mismo fue elaborado por el estudio de arquitectura japonés Kengo Kuma, a quien acompañan los arquitectos locales Wowhause y German Bakulin y los ingenieros alemanes de Werner Sobek.

   El proyecto tiene dos fuertes influencias. Por un lado, reinterpreta la forma triangular del antiguo teatro Galiasgar Kamal. Por otro, su diseño se inspira en las flores de hielo que el frio genera en el cercano lago Kabán. Esas «Flores» son el resultado de un raro fenómeno natural que ocurre en la superficie del agua cuando la temperatura ambiente es muy baja. En realidad son cristales que se extienden sobre las placas de hielo con esa particular forma.

Parte de la naturaleza

   El edificio se funde con ese entorno en invierno, convirtiéndose en parte del aspecto del lago. En verano, con múltiples reflejos de sus fachadas transparentes, se unifica con la naturaleza.

   La obra está proyectada como parte de la topografía, un parque con rutas peatonales y áreas recreativas.  La silueta triangular cambiante, una referencia al clásico Teatro Kamal, expone un personaje diferente visto desde cada lado

   La iluminación aporta calidez al vestíbulo y lo disuelve en los paneles triangulares de la fachada. Brillantes paneles decorativos en el interior recuerdan la artesanía tradicional tártara.

   El vestíbulo sirve como la «sala familiar», conectando la ciudad y el lago. Las varias entradas del edificio continúan las rutas peatonales con luz y ventilación natural. También dispone de espacios generosos para artistas, administración y talleres. Se minimizó la planta del sótano para facilitar el mantenimiento y reducir los costes de construcción.