Bahía Blanca | Viernes, 09 de diciembre

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¿Qué piensa Patricia Gorza, la más disruptiva de las dirigentes gremiales del campo?

“La dirigencia tiene una agenda y los productores otra. La verdad es que sobra escritorio y falta territorio”, dice la ganadera de 9 de Julio. Y sueña: “MRA debería ser parte de la MdE”.

Patricia Gorza, presidenta la Mujeres Rurales Argentinas (MRA), pasó por Bahía Blanca. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

   Cada una de sus palabras tiene eco. Retumban. Y no sólo porque hace ganadería en un campo agrícola; porque lidere una agrupación feminista que pretende visibilizar al género más allá de las actividades que hacen todos los días en los campos argentinos o porque adhiera a la doctrina justicialista, como textualmente dice.

   Hoy recorre el país con la propuesta de Mujeres Rurales Argentinas, una entidad que comenzó con sólo cuatro miembros en octubre de 2019, en Saladillo, pero que ya tiene identidad propia como otra entidad gremial dentro del sector agropecuario.

   Se trata de Patricia (Pato) Gorza, la gremialista ganadera agricultora peronista bonaerense que preside MRA. Veamos.

—¿Cuál ha sido el papel de la mujer rural a lo largo de la historia?

—Siempre cumplió un rol fundamental para el país, pero poco se ha apreciado. Eso va cambiando y tiene que ver con el arribo de las agendas urbanas a la ruralidad. Así como la electricidad llegó primero a la ciudad y luego al campo, con la visibilización y la adquisición de derechos sucedió lo mismo.

   “Hoy existe un cambio, particularmente en los jóvenes, quienes miran a la mujer con más respeto y como un factor integral de un sistema, ya sea familiar, económico o empresarial”.

—¿En el gremialismo agropecuario se da un proceso más lento?

—Hay movimiento. Tiene que ver con esta agenda que llevamos adelante para la búsqueda de lugares. Pero lo cierto es que en todas las instituciones del sector a nivel país, y no sólo en la Mesa de Enlace, la participación de mujeres en los consejos directivos es del 5 %. Nada. Y de ese porcentaje, en la mayoría de los casos se trata de la secretaria, o de quien lleva la tesorería. Es decir, son pocas las presidentas de instituciones.

—¿Alguna mujer puede llegar a la presidencia de alguna de las entidades de la MdE?

—No lo veo, pero por ahí me sorprendo alguna vez. ¿Si depende mucho de las mujeres? Acaso, pero verlo así sería achacarles una responsabilidad sobre algo en lo que no han tenido oportunidad de decidir. Todos los ámbitos están armados para que no participen, desde el mismo momento en que las reuniones de las rurales se programan para los martes a las 9 de la noche. A esa hora generalmente estamos haciendo la comida para nuestros hijos.

—¿La idea es una postulación?

—No. Sí entiendo que Mujeres Rurales debe ser parte de la Mesa de Enlace en algún momento. Seguramente no estaré yo, pero esa es la perspectiva. Somos una institución federal que representa a las mujeres en todo el territorio.

“En todas las instituciones del sector a nivel país, la participación de mujeres en los consejos directivos es del 5 %. Nada”.

   “¿Qué tenemos de diferente respecto de CRA, Coninagro u otras? Tiempo de edad, porque somos nuevas, pero eso sucederá. De todos modos, apoyamos a las mujeres que integran comisiones directivas de las rurales; una postura no excluye la otra”.

—¿Cómo fue el paso por la política?

—Fui precandidata a concejal por el Frente Renovador en 2015 y perdí la interna. La experiencia fue muy interesante. Aprendí cómo funciona la política, que es en modo vertiginoso. En algún momento Emilio Monzó dijo que reinvindicaba la rosca. Bueno, eso hay que hacer en el gremialismo agropecuario; es algo que nunca quisieron aprender.

   “Desde un lado de cuestiones más técnicas, en 2019 me convocaron para coordinar una comisión de política agropecuaria dentro del PJ nacional. Estuve allí hasta 2021; me alejé porque era incompatible con los tiempos que me insumía el campo”.

—Entonces es natural que exista una militante justicialista ganadera…

—Sí, claro. Sé que dicen que si soy ganadera no puedo ser peronista. La ideología que me contempla es el justicialismo, porque coincido con sus cuestiones ideológicas. Yo hablo de la doctrina, claro. Porque soy un ser social, además de producir carne. No es tan difícil de entender.

Escritorio y territorio

   “Siempre tuve una relación compleja con las entidades tradicionales del campo. Es amor-odio”, dice.

   Gorza viene de una familia que, alguna vez, participó en Federación Agraria. Fue en los 80, de la época del recordado Humberto Volando.

   “Fui muy activa en la (resolución) 125, aunque años después me arrepentí. Entendí que el conflicto no debería haber llegado a semejantes extremos. Aún hoy estamos pagando las consecuencias de esa virulencia”, admite.

Marzo de 2008, la manifestación del campo en las rutas.

   “Por un lado hay respeto, porque son instituciones que tienen historia, pero por otro siempre sentí que atrasan 100 años y que sus agendas son muy sesgadas. Y ni hablar desde la 125 a esta parte, que son agendas políticas o partidarias; o en off the record”.

—¿No cambió nada desde marzo de 2008?

—Nada. La dirigencia no ha estado a la altura de las circunstancias.

—¿Hoy tampoco?

—Menos. Estamos en el mismo lugar. Han pasado varios años; deberíamos haber aprendido algo.

   “Por ejemplo: en este momento, quien está representando a los productores argentinos en la cumbre del cambio climático (COP27), donde acuden organizaciones de todo el mundo, es el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA). Pero nadie de las cuatro entidades del campo”.

—Es poner su duda su representatividad…

—Porque es muy poca. Son sellos de goma. Lo digo con respeto, pero con dolor.

   “Se ha perdido la conexión con las bases y, para tener una base fuerte, hay que poder representarlas. Y para eso hay que saber quiénes son esos representados, si no se trata de reuniones de café de comisiones directivas”.

—La dirigencia plantea que son parte de la solución, no del problema.

—Pero es que son parte del problema. No las instituciones, que deben existir para canalizar las demandas, sino las personas. Desde 2008 no hubo autocrítica. ¿Siempre la culpa es del otro? Es como el Gobierno, quien gobierne; la culpa siempre es del otro.

“¿Sabés la cantidad de veces que escuché en reuniones que los productores agropecuarios somos la reserva moral?”

   “El sector no tiene autocrítica; somos todos buenos”.

—Esto tiene conexión con el distanciamiento de la política respecto de las necesidades de la gente, tal como ellos mismos dicen. En tal caso, es lógico que suceda algo semejante con la dirigencia del campo…

—Claro que sí; somos eso como sociedad. Pero nadie se hace cargo para decir: “Somos parte del problema”.

—Desde las entidades admiten, como autocrítica, una falla en la comunicación.

—Es más de lo mismo. A ver: si hacemos una convocatoria desde Mujeres Rurales Argentinas y al final vienen tres personas podría decir: ‘Falló la comunicación. Lo hicimos mal y no vino nadie’. Si fracasó es porque, probablemente, nadie tenía interés en lo que uno estaba proponiendo.

   “Ya no falla la comunicación; hoy estamos todos conectados. No es como antes. El agro es muy tuitero también. ¿En qué no te comunicaste? Acaso haya que reconocer que a tus bases no les interesa lo que estás comunicando.

   “El sector agropecuario tiene muchos problemas y, sin embargo, las gremiales comunican que son la rentabilidad, las retenciones, algo de caminos rurales, y luego se vuelve a las retenciones y demás. Y no digo que no sea un problema, porque lo es, pero pasan muchas otras cosas que hacen a la calidad de vida de la gente que habita y trabaja en el campo que no se considera. Hay una agenda de la dirigencia y hay otra de la gente. Y la verdad es que sobra escritorio y falta territorio”.

—¿Una visión optimista?

—Humm… No es sencillo. Me preocupa escuchar a jóvenes de los ateneos rurales que hablan exactamente igual que sus padres. Es decir, no son disruptivos, cuando debería ser la característica de quienes integran un ateneo: que vayan a plantear lo que los grandes hacemos mal. De ahí mi pesimismo respecto del gremialismo agropecuario.

“La ganadería está complicada; la agricultura se defiende”

   Pero, por otro lado, también está el campo interior: “Venimos con un atraso importante en cuanto al precio de la hacienda”, asegura la productora ganadera.

   “En coyuntural estamos en un proceso inflacionario, que se sabe, y cobrando lo mismo que en marzo, cuando nuestros costos aumentaron a la par de los demás porque están actualizados”, añade.

   “Sobre todo el que engorda, no tanto para quien cría. Y a eso debemos sumar la cuestión climática de administrar la seca, que es algo complicado y costoso a la hora de reemplazar el alimento”, cuenta.

   Gorza administra el campo familiar. Sus bisabuelos eran productores en el norte de Italia y al llegar al país se afincaron directamente en el partido de 9 de Julio.

   “La quinta generación de productores agropecuarios ya está en mi hijo Iván. Hacemos maíz, soja, trigo y demás, pero yo me considero ganadera, porque es lo que más me gusta”, asegura.

   “La ganadería, a pesar de que renegamos mucho, es una forma de vida. Genera arraigo y empleo. E implica tener que ir todos los días al campo, o vivir allá. La agricultura es más fácil y más rentable”, dice.

   La titular de MRA vivió en el campo, situado a 25 kilómetros de la ciudad, hasta que nació su hija Malena (22). Luego vinieron Iván (20) y Augusto (17).

   “Hoy estoy en la ciudad, pero tengo proyectos para mudarme cuando termine una obra”, cuenta.

   La actividad ganadera de los Gorza actualmente se limita a la cría, cuando hasta hace dos años se hacía ciclo completo.

El campo de los Gorza. (Imagen de IG)

   “¿La agricultura? Hoy el problema es el clima, al menos donde estoy”, admite.

   “Los precios internacionales van acompañando este proceso de desfasaje y, más allá de las retenciones, que es la queja de las entidades gremiales agropecuarias, y de la alta carga impositiva, si el clima acompaña estás bien. Pero hoy eso no sucede y habrá situaciones complejas para 2023, especialmente en trigo por la seca y por las heladas tardías. Y afectará no sólo al sector agropecuario”, explica.

—Ganadería en campo agrícola. Desafiante.

—Sí. Ganadería en una de las mejores zonas del partido, ya que no se trata de una región marginal.

   “Si la ecuación es netamente económica, se trata de una locura, pero el campo no es sólo eso. Es una forma de vida. Es mi visión, no la de MRA, aclaro. Ser de campo no es tener campo. Podés tener campo y no ser campo; y podés ser de campo y no tenerlo.

   “Es la forma en la que uno elige generar recursos a través de la actividad. Podría hacer agricultura o alquilar el campo y estar tomando café en el bar de la esquina y viviría con menos problemas de los que tengo. Sería más rentable.

   “Es un error considerar que todo pasa por una ecuación económica. Es algo que ha distorsionado la producción en los últimos 30 años en el país”.

—Es como funciona para la mayoría…

—Sí. Ya no es el productor el que juega en la producción. El 70 % de los campos del país están alquilados y, quienes lo hacen, generalmente no son productores agropecuarios. Algunos sí, y les alquilan a los vecinos, pero otros son grupos económicos, que lo hacen muy bien, con tecnologías de punta y profesionalizando el trabajo, pero se trata de inversionistas. Eso explica el corrimiento de la frontera y por qué la rentabilidad le pone las condiciones al sistema.

   “¿Si está mal? No lo sé. Son decisiones de vida. El mercado ha llevado todo hasta ese punto. Para saber si está bien o mal debiera ver el diario del lunes, algo que no puedo. Son transiciones dentro del sistema productivo. El análisis es más profundo.

En la continuidad del lanzamiento de los premios Lía Encalada, Gorza estuvo este miércoles 9 en la Universidad Nacional del Noroeste de Buenos Aires, junto al ministro de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez. (Imagen IG)

   “Ahora, mi postura es que el campo sea trabajado, con arraigo y más aún con el aprendizaje de la pandemia. Si bien la Argentina es un país chico en población respecto de otros, la ciudad tiene limitaciones en cuanto a la calidad de vida.

   “No digo que tengas que irte al campo sí o sí, pero las ciudades y los pueblos del interior ofrecen una calidad de vida alta en muchas cuestiones, como seguridad, tranquilidad y entorno para formar una familia. La única posibilidad de que el interior resurja es generar las condiciones de empleo y eso, hoy, está dado en el sector agropecuario”.

—¿Falta una visión federal?

—Tiene que ver con una política de Estado.

“Para la producción hace más de 60 años que no existe una política agropecuaria. Acá cada uno va hacia donde más o menos le parece”.

   “Tener un rumbo en lo productivo es muy importante, porque seguimos siendo un país agroexportador, producimos alimentos y debiéramos hacerlo más allá de soja, trigo, carne y demás. Lo que se nos ocurra.

   “Ejemplo: En el sudoeste bonaerense se hizo una ley, hace varias décadas, para el desarrollo y fomento de olivos; sin embargo, nunca se llevó a cabo como una política activa que les permitiera a olivicultores de una zona desfavorable desde lo climático tener una alternativa viable para producir. Acá sólo hay políticas o programas de gobierno, que duran el mismo tiempo de permanencia del presidente”.

—¿Qué nos estamos perdiendo?

—La posibilidad de generar empleo genuino y, por ende, calidad de vida. Y así los jóvenes se van de los campos. Pero no porque sean desalmados con la familia o porque no quieran su lugar, sino porque no están dadas las condiciones. A veces se dice que la gente no quiere trabajar en el campo, pero ¿en qué condiciones? ¿Qué le podemos ofrecer? Estructuralmente nos falta todo. La electrificación es un tema, más allá de la educación rural, salud, caminos rurales y demás. Y estoy hablando de la provincia de Buenos Aires, que es la mejor posicionada”.

Los premios Lía Encalada

   Patricia Gorza estuvo —el último viernes, sólo por unas horas— en Bahía Blanca para la presentación de la segunda edición de los premios Lía Encalada, que anualmente reconoce a las mujeres rurales de todo el país.

   La reunión fue en la sede cultural de la UNS, en Rondeau 29, el último viernes 5. Del acto participaron la Ing. Agr. Laura De la Fuente, del departamento de Agronomía de la UNS y la Dra. Victoria Franzino, del Ministerio de Desarrollo Agrario.