Estrenando vivencias

21/3/2021 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Tal vez el uso del barbijo impide que sintamos que el aire está más fresco y que los aromas se han modificado, sin embargo la vista nos permite advertir que los colores preponderantes son otros: amarillos, dorados, anaranjados, marrones, rojizos, son las tonalidades propias de esta época.

   ¡Empieza el otoño! 

   Luego de un año de pandemia, en el que inexorablemente “aprendimos obligatoriamente” que se puede vivir de otras formas, me pregunto si no será momento para realizar cambios que permanezcan en el tiempo, pues tal vez el 2020 fue un ensayo, y el 2021 sea el momento del gran estreno.

   En tiempos de Covid se habló y se debatió de qué era y es esencial; a veces alcanza con observar la naturaleza, que con su sabiduría y su reloj propio e indetenible, establece “naturalmente” lo que no es esencial y se desprende.

   En otoño las hojas caen sin aparente resistencias, pues esa metamorforsis da lugar a algo distinto, nuevo, sin embargo a nosotros nos cuesta imitar.

   Durante años se ha asociado a la tarea de soltar con acciones que implican un alto costo, un sacrificio, un dolor; a veces soltar es alivianar “la mochila”, esa que vamos cargando día a día sin darnos cuenta.

   Soltar, entregar, vaciar, permite hacer lugar físico y mental para lo nuevo; lo novedoso obviamente no es algo necesariamente material. 

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   Podemos soltar miedos, rutinas, relaciones, trabajos, angustia, ansiedad, el modo de relación que establecemos, será cuestión de revisar y ver qué es aquello que ejerce tal presión que en cualquier momento “la rama” se quiebra.

   No se trata de un “portazo mental”, de un “listo, di vuelta la página” de “ya lo solté”, sino de tener la capacidad de mirar, revisar, reformular.

   No solo es “podar” un lazo, sino que hay que hacer una pausa para analizar las conductas que siempre se repiten y las emociones que se desencadenan.

   El miedo detiene el proceso, la soledad impide y hasta sostiene situaciones “insostenibles” y a veces se logra soltar pero el rencor enquistado ocasiona que aquello de lo cual nos desprendimos permanezca de forma inalterable en nuestra mente.

   ¿Existe la fórmula para vaciar la mente y el corazón?

   Un árbol se prepara un año para dejar caer sus hojas, su estructura atraviesa una serie de cambios. Hasta en una limpieza o mudanza nos organizamos y preparamos cajas y bolsas para depositar aquello de lo cual nos vamos a desprender.

   El otoño es el mejor momento para organizar y soltar. Ejercitar “la gratitud” por lo aprendido, lo compartido, por la función que prestó, por lo que ocasionó o por lo que fuera, permite que soltemos con mayor facilidad.

   La calma posibilita visualizar, y cuando advertimos que eso a lo cual nos aferramos ya no se sostiene, aquello a lo cual queremos sujetarnos implica un esfuerzo desmesurado, aquello a lo que nos asimos genera más lágrimas que sonrisas, mas frustraciones que gozo, más estancamiento qué evolución, es momento de abrir la mente, el corazón y las manos y soltar.

   Soltar, entregar, agradeciendo y confiando, como las hojas nuestra vida también es parte de un ciclo que permite estrenar nuevas vivencias.

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