Bochas

El “Juanchi” Scarfi tiene varios sellos dorados en su pasaporte bochófilo

23/5/2020 | 07:05 |

Surgió en Bella Vista, obtuvo 11 ascensos a Primera división y varios campeonatos jugando en la región. Un gran formador de chicos y muy querido en el ambiente.

La estampa del bochador, instantes previos al lanzamiento. Foto: Pablo Presti-La Nueva.

Por Javier Oscar Schwab / jschwab@lanueva.com

(Nota publicada de en la edición impresa)

   En la calle Sargento Cabral del barrio de Bella Vista todavía hay gente que recuerda al “Juanchi” Scarfi, un tipo derecho, honesto y querido.

   El hijo de Juan Esteban, de ahí el apodo adquirido, era admirador de su padre, un puntero que lució los colores albiverdes en la década del ’60.

    “Tenía 6 años y papá me llevaba de la mano al club, donde pasaba gran parte del día. A los 15 (1972) debuté en Primera con Antonio y Norberto Tamame, y le ganamos 18 a 17 a Sixto Laspiur. Todavía siento emoción al recordarlo”, dijo Juan, quien desde ese momento forjó una trayectoria de 48 años sin descanso.

   Pasó por Barrio Hospital, a los 18 años, y varios clubes más (Noroeste, Tiro Federal, La Falda, Independencia e Independiente), aunque su gran logro fue ascender 11 veces, un hecho pocas veces visto.

   En el cuadro gallego lo hizo en 1985, 1992 y 1996, el último junto a Cristian Zapata, Hugo Vitozzi y Julio Ciccola.

   -¿Qué tenía de particular jugar con la albiverde?

   -Uff… En el club había dos canchas: la de abajo (oficial) y la de arriba, que usábamos para practicar. El techo es de ladrillo hueco, pero está lleno de agujeros por todos los bochazos que han pegado ahí. Más de una de esas marcas debe ser mía (risas).

 
Juan Scarfi (izq.), Hugo Vitozzi, Sergio Dematía y el "Polo" Borrego.

   -¿Jugando para Dublin ascendiste dos veces?

   -Si. El primer año con Jonathan Nardi y Miguel Genchi, y en el segundo se sumó Ariel Lares. En Bella Vista y en Dublin tuve la suerte de ser campeón en los tres torneos de la B: individual, parejas y tercetos.

 
Campeones. Junto a Jonathan Nardi, en Dublin.

   -Tu trayectoria acarrea varios títulos en la región.

   -Mi primer equipo fue Sociedad Italiana de Tornquist, donde salimos segundos con el “Negro” Medina. Luego pasé a Unión y fui campeón dos años seguidos con Mario Bartollini y José Chavarría.

   “También ganamos el de parejas y tuve la suerte de representar al distrito en torneos provinciales”.

 
En Unión de Tornquist y otro título junto a Mario Bartollini.

   -¿Ahí sacaste el pasaporte regional?

   -Jajaja. Pasé a Estrella del Sur de Pigüé, donde también fui campeón de parejas y tercetos. La cancha era sintética y me quedé tres años. Jugué torneos provinciales para Saavedra, junto a Darío Ruiz.

   “La etapa de Bordenave y Villa Iris llegó después y los éxitos siguieron porque fuimos campeones con Carlos ‘Lito’ Castro, Rodrigo Renda y Ariel Lares”.

 
La etapa en Unión de Villa Iris, donde obtuvo dos campeonatos.

   -¿Otra gran virtud es ser técnico de chicos?

   -Me encanta. Recuerdo los torneos Juveniles Bonaerenses, donde nos premiaron con un par de viajes a Europa por ganar en Mar del Plata. El primero a Italia, con Franco Del Moro, David Tello y Diego Zamponi, y el segundo a España (Del Moro, Zamponi y Juan Pablo Urra).

   “Me incorporé a la ABB como técnico y luego nacieron los ‘Maxi Chicos’ que organicé hasta 2017, mientras se pudo en lo económico. Juntábamos a chicos de Bahía y la zona, y repartía premios para todos”, contó.

 
Con los chicos, en su etapa como director técnico.

   -Te homenajearon muchas veces.

   -Si. El último fue un torneo Argentino Juvenil en Bahía Blanca. Conservo la foto y la plaqueta que me dio la ABB. Anteriormente le habían puesto mi nombre a un torneo local. Siempre fue un gran honor.

 
El "Maxi Chicos", un torneo que funcionó hasta 2017.

   -¿Te dice algo si te nombro Olavarría?

   -(Risas). Fui a jugar un torneo y me toca un domingo a la mañana en el club Alvaro Barros. Entro a la cancha y al rato cae un señor petisito, que me saluda y me dice: “Vengo a jugar contra usted. El año pasado gané el torneo acá…”.

   “Entramos a practicar, arrima dos bochas al chico y las deja penadas; tira dos bochazos y los clava. Para el otro lado lo mismo. Gano el sorteo y como pegaba tanto decidí jugar al toro. Tira el primer bochazo y erra, al rato otra vez y le hago 4 tantos de movida. Para el otro lado lo mismo. Y en 15 minutos le gané 15 a 0.

    -¿Imagino la calentura del tipo?

    -No, todo lo contrario. Nos quedamos charlando, me cayó bien y lo invité a tomar un café. Y cuando llego a la cantina pido uno para mí y otro para él. Pero salta el cantinero, lo mira fijo y le dice: “A usted le sirvo el café, pero este señor se tiene que retirar, no lo quiero ni ver”. Y agrega: “¿Sabe que pasa? El año pasado vino a jugar acá, ganó el torneo, consumió del bar y se quedó con los amigos durante la entrega de premios. Al final se retiró sin pagar…”. Lo miré de reojo, el tipo estaba rojo y yo me quería morir…

    -¿En Roma lo perdiste al “Cabezón” (Diego) Zamponi?

    -Ahhh… Nos alojamos en el Sheraton, nos dan la llave de la habitación, subimos y nos faltaba el Diego. Empecé a volverme loco, porque yo los tenía que cuidar. Resulta que media hora después aparece y me dice: “Quedate tranquilo, ya averigüé todo, me di un par de vueltas por la cuadra y anoté los precios”. Se había rajado del hotel, lo quería matar.

    -¿Y alguna anécdota de la zona?

    -En Pigüé. Se hace un torneo abierto por plata. Me toca jugar ante un hombre de Laprida, medio paisano, en Círculo Católico Obrero. Había unas 40 personas mirando y en el medio de la cancha otro paisano, con bombacha de campo, alpargatas y boina.

    “Lo miro y me pareció que estaba un poco pasado de copas. Eso sí, no molestaba a nadie, miraba el partido y aplaudía. En una mano arrimo una bocha y la dejé a 5 centímetros del chico, mi rival tira y erra el bochazo como un metro corto. Entonces en lugar de decir le tiro otra vez, le sale bien fuerte: ‘Insisto…’”

     “Ahí nomás saltó el borrachín y le grita: ‘Espero que insistas mejor, porque recién insististe mal, le erraste como 8 metros a la bocha’. La gente se empezó a reír y no podían parar, jajaja”.

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