UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN

Becas y voluntariado: cuando la inclusión lo hace posible

5/9/2016 | 08:17 | Laura Huaranca es un ejemplo. Llegó de Bolivia a los 12 años, recibió el apoyo escolar de alumnos de la UNS y actualmente cursa la carrera de Licenciatura en Administración.

Laura, en la Comunidad “San Agustín”, donde continúa asistiendo cada sábado.

Laura Huaranca llegó de Bolivia a los 12 años. La esperaba una ciudad extraña. Desde entonces, los hornos de ladrillo sustentan a su familia, que vive en Harding Green.

En la secundaria del barrio Patagonia, Laura conoció la argentinidad. Y en la Comunidad “San Agustín”, de Aldea Romana, palpó la solidaridad de la mano de alumnos de la UNS.

Durante tres años, los integrantes del proyecto de Extensión Universitaria “Honrar” la apoyaron en sus materias de la secundaria. Y a su vez, ella se apoyó en Dios, gracias a las clases de catequesis a las que iba en el salón que lleva adelante “Ñata”, una vecina comprometida que --con apenas 84 años--no se olvida del futuro.

Entonces, Laura se recibió de bachiller en una patria cada vez menos ajena. Y comenzó a soñar con una carrera universitaria, como lade sus “profes de los sábados”.

Ahora tiene 18 años. Ya se adaptó a la ciudad, a las palabras desconocidas. Sigue caminando decenas de cuadras, pero ya es estudiante universitaria: Desde marzo, cursa la Licenciatura en Administración, en el Campus del Palihue. Allí también almuerza gracias a una “beca comedor” y estudia. Los sábados sigue recibiendo clases en “San Agustín”, ahora para apuntalar las materias del nivel superior.

“Aprobé los tres finales del primer cuatrimestre, incluso algunos fueron orales”, dice, satisfecha por haber superado las expectativas.

Cuenta que cuando empezó a cursar se sintió sola, pero que en poco tiempo logró dos amigas, Verónica y María, con quienes se junta a estudiar.

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“La verdad, estoy muy contenta. Tenía miedos, pero voy bien”, confió.

Cadena de favores

Laura cuenta que quiere sumarse a las clases de matemática a los más pequeños, replicando lo que hicieron con ella y que le permitió creer en la generosidad.

“Para nosotros, la historia de superación de Laura es un logro”, dice “Nata” --Dominga Torre de Iglesias--, quien fundó a principio de la década pasada la Comunidad “San Agustín”.

“Verla crecer, y ver su compromiso con el estudio, nos alienta. Mi aspiración es que todos estudien. Queremos acercar a los chicos a la Universidad y que sientan que es accesible”, agrega.

El coordinador del proyecto de extensión “Honrar”, es el doctor Andrés Ciolino, profesor del Departamento de Ingeniería Química e investigador del CONICET. Explicó que desde 2013, estudiantes se ofrecen para colaborar con las diferentes necesidades del lugar.

“Ahora somos 13 y hacemos una huerta orgánica, mantenimiento edilicio, reciclaje de residuos y clases de apoyo escolar, especialmente primaria y secundaria.

“A Laura le fascina la matemática; su avance académico es un poco de todos nosotros”, dice.

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