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Expectativas, sin caer en desmesuras

Una primera mirada de superficie que campeaba al cierre de la semana entre no pocos integrantes de la cúpula del macrismo podría sostener la idea de que los planetas han comenzado a alinearse para el gobierno. Y que lo que vendrá será claramente mejor que lo que pasó en un primer semestre para el olvido.

Entregaban esos confidentes pruebas a la mano, como la confirmación de la baja de la inflación a valores que habían sido prometidos pero que generaban un fuerte pesimismo en la oposición. Ese 0,2% que clavó el INDEC para agosto -que para la mayoría de los analistas es ficticio porque desagrega el aumento en las tarifas del gas suspendidos por la Justicia- lo envalentonó a Alfonso Prat Gay: "Me tomaron para la joda", dijo el ministro de Hacienda en el CCK.

Ese edificio justamente albergó en estos días al Foro de Inversiones, llamado tal vez con una exagerada pretensión el "Mini Davos" argentino, que provocó otro de los motivos de festejo en los funcionarios. Frases como "el mundo se ha vuelto a enamorar de la Argentina" se dejaron escuchar generosamente.

La verdad es que todo está por verse. Por caso si la inflación mencionada es un espejismo o un dato de la realidad sustentable en el tiempo. Primero, mal que le pese a Macri, debieran ponerse de acuerdo sus ministros y funcionarios del área monetaria sobre el futuro del aumento de los precios y la fiabilidad de esos números. En medio de aquel entusiasmo por la presencia de casi dos mil empresarios hicieron demasiado ruido los sablazos que se cruzaron Prat Gay, Federico Sturzenegger y Francisco Cabrera sobre los resultados finales del tan promocionado blanqueo.

Los dos ministros y el presidente del Central buen favor le hubiesen hecho a Macri, si hubieran dirimido sus internas antes de subirse al escenario y no delante de semejante audiencia que lo que promete es inversión, pero que dejó claro que primero quiere ver y palpar que las reglas de juego claras antes de decidirse a soltar sus dólares para nuevos proyectos de inversión.

Igual el gobierno rebosaba optimismo, en algún caso sin ahorrar cierta desmesura, como el propio Marcos Peña o los responsables de la comunicación oficial. Se destacaba que fue un gesto esperado por todos la decisión de Juan José Aranguren de desprenderse de las acciones de la empresa en la que fue CEO hasta antes de subirse al ministerio de Energía. O la buena onda con la que la oposición parlamentaria recibió el primer proyecto de Presupuesto de la era macrista y sus promisorias cifras para 2017. Todo muy bien abrochado pero, vale insistir, habrá que ver si esos datos se conjugan con la realidad cuando haya que ponerlos en marcha.

No pareciera, por ejemplo, que vaya a ocurrir con el tema salarial, que no genera ningún motivo para descorchar en la dirigencia sindical, que está cada vez más en pie de guerra. Igual ponderaban que un escéptico habitual sobre el programa económico como Roberto Lavagna, reconociera que el año que viene "será mejor" y que considera "sustentables" los términos del crecimiento proyectado por Prat Gay. No es poco, aunque el economista del Frente Renovador dejó más dudas que certezas al analizar todo el paquete, en especial por el lado del gasto público en un año electoral. O de las proyecciones de la inflación. "Hoy es del 43 % anual. no me hablen del 0,2 %", chicaneó.

Aquel optimismo oficial se trasladó al campo de la política, para completar "una semana casi perfecta" como la que describían los voceros gubernamentales. Cabría concederles algo de razón. Se refieren al hundimiento sin prisa pero sin pausa de Cristina Fernández y de quienes la rodearon durante ocho años en los que si algo quedó en pie fue la comprobación de que no hubo gobierno más corrupto que el suyo en la historia democrática argentina.

El procesamiento e inhibición que le dicto el juez Ercolini a la expresidenta, la prisión de su sindicalista más alabado, el "Caballo" Suárez, el llamado a juicio oral a Boudou, las nuevas indagatorias a De Vido y José López, el pedido de juicio oral para Aníbal Fernández por el Plan Qunita, la indagatoria a Agustín Rossi por sobreprecios en la campaña antártica, todo en una semana, está ahí. La frutilla del postre fue la aparición del dragón con una caja fuerte escondida, propiedad del tesorero de Daniel Scioli. Todo sazonado con el sobrio pero renovado apoyo a la gobernabilidad del PJ que apuesta a construirse un futuro menos escandaloso que le permita soñar con ganar en 2017 para volver al poder en 2019.

No son todas rosas. Como la marcha atrás en el proyecto sobre Ganancias y su gradualidad ahora planteada en años y no en semanas o días como se les había prometido a los trabajadores en spots de campaña. Hay luces y sombras en el gobierno por esa decisión de Macri que piloteó Prat Gay.

Dicen en el gabinete que habrá que esperar porque justamente las modificaciones que se le hagan al texto en el Congreso pueden ser la prenda de negociación con los sindicatos que permitan sepultar al menos mientras dure esa discusión, la amenaza de un paro general. Suena a excusa para tapar otro evidente mal paso teñido de improvisación.