Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

En Loma Paraguaya todos se rompen el lomo para ayudar a los chicos del barrio

El Club Deportivo y Cultural Loma Paraguaya cumplirá la próxima semana el sueño de tener personería jurídica. Aún no tiene sede, aunque desarrolla actividades en Céspedes y Undiano.
Desparejo, luce el piso del predio que el Club Loma Paraguayo tiene en Céspedes y Undiano.

Pablo Andrés Alvarez

palvarez@lanueva.com

Habitualmente se escucha afirmar que la juventud actual carece de compromisos. Alcanza con dialogar un rato con Juan Garcés para rebatir esa opinión.

Juan tiene apenas 25 años y, desde su cargo de secretario, es el motor del Club Deportivo y Cultural Loma Paraguaya, que espera en un lapso muy corto la personería jurídica para contar con tal determinación.

Y en ello, y en el trabajo que desarrolla con los más de 40 chicos que hacen fútbol y básquet en sus modestas instalaciones, tuvo mucho que ver Juan, quien quedó desempleado de una empresa del polo petroquímico hace poco más de un mes.

“La actividad en el club me sirve para despejarme”, cuenta en una soleada tarde bahiense, mientras ordena la copa de leche que reciben los pequeños en el predio de Undiano y Céspedes y distribuye los trabajos que se desarrollarán en el salón de Coronel Vidal 754, donde funcionará la futura sede social.

El Club Deportivo y Cultural Loma Paraguaya resurgió en 2012, merced a la inquietud de varios vecinos para que sus hijos puedan realizar alguna actividad recreativa en unos terrenos estatales, hasta allí desocupados y depositarios de basura.

“En este sector, allá por 2003, el municipio construyó la base de una cancha de básquet y puso los arcos de la cancha grande, con la idea de un polideportivo, pero después no se hizo más nada. A partir de 2008, empezamos a trabajar aquí, sembramos algunos árboles y mejoramos el lugar”, rememora Juan, quien valora la articulación que se logró junto a la Escuela 70, el Centro de Jubilados del barrio y una iglesia evangélica para trabajar en conjunto con los chicos más carenciados.

“Después de mucho diálogo, pudimos trabajar todos codo a codo. Hoy las cuatro entidades se prestan servicios entre ellas para el bienestar de los chicos, que es lo más importante”.

Compromiso

Juan vive a apenas 30 metros del predio deportivo y un día decidió no seguir mirando por la ventana lo que pasaba puertas afuera. Tomó la determinación de involucrarse y hoy los cuarenta y tantos chicos entre 6 y 15 años que acuden martes y jueves a jugar al fútbol lo ven como “un hermano-profesor-asesor”.

“Cinco personas cumplimos los roles de profesores. Mi personalidad me lleva a ser amigo de los chicos y para poner los límites está Marcelo Cuevas, quien es árbitro profesional. También vienen a ayudarnos Sergio Chía, Fernando Torres y Nicolás Acosta”, señala este electromecánico y ex arquero de Libertad en las divisiones formativas.

La entidad tuvo un inicio conflictivo a mediados de 2008, ya que una división entre padres obligó a dejar de participar en la LIBAFI (Liga Barrial de Fútbol Infantil) y a replantear la organización interna.

“Allí nos dimos cuenta que las cosas tienen que ser muy claras y transparentes. Por eso decidimos encarar los aspectos administrativos y constituirnos como un club con personería jurídica. De esa manera, se tendrá una comisión formalmente establecida y nos veremos obligados a presentar balances. Creemos que es la mejor manera de trabajar, porque tenemos muchos desafíos por delante”, dice Juan.

Entre los objetivos inmediatos, figura el mejoramiento de un salón a pocas cuadras del predio, propiedad del Centro de Jubilados, en Coronel Vidal 754.

“Estaba muy abandonado y carece de servicios, pero de a poco lo vamos a ir acomodando. La idea es que allí funcione nuestra sede social, se practiquen algunos deportes, como boxeo, danzas y patín y aprovechar las instalaciones para dar apoyo escolar. Obviamente que también lo utilizarán los jubilados, porque es de ellos”, cuenta.

Los relámpagos

El Club forma parte de un foro barrial, que es integrado, además, por las integrantes de la sala médica, las directoras de jardín y de las escuelas primarias y secundarias del sector, el pastor de la iglesia evangélica y miembros del Centro de Jubilados.

“Nos reunimos habitualmente y tratamos de encarar proyectos en conjunto. De ese modo, pudimos recuperar este salón. Estuvimos dos semanas limpiándolo. Nos ayudaron hasta los chicos de la murga La Lomita, que también se acoplaron a esta idea de trabajar en forma mancomunada. Nos damos una mano entre todos”.

--¿Cómo hacen para subsistir?

--Es muy difícil. Hay que ingeniárselas para administrar lo poco que entra. Por ejemplo, de vez en cuando organizamos “relámpagos” (NdR: un certamen de fútbol que empieza y termina en el día), que nos deja algo de dinero por la inscripción y el ganador se lleva un premio, generalmente donado.

“Todos trabajamos ad honorem y a los chicos que vienen no se les cobra ni un peso. Y lo recaudado se destina a comprar pelotas, pecheras, conos y camisetas. También organizamos bingos y rifas. Con eso vamos tirando”.

Juan se ilusiona con que la personería jurídica le permita conseguir algún tipo de subsidio estatal.

“Nosotros nos conformamos con poco. Hoy por hoy, ni siquiera tenemos agua en el predio. Mucho menos luz. Y sabemos que son muy necesarios esos servicios, pero no tenemos dinero para pagarlos. Quizás con los papeles en regla nos tomen más en cuenta”.

Y narra una anécdota.

“Al municipio sólo le pedimos que nos mande una máquina para emparejar la cancha. La última vez que vino, a principios de año, se rompió acá adentro y no volvieron más. Nos quedó toda la canchita despareja, con montículos de tierra por todos lados. Somos conscientes que hay distintas prioridades, pero también es cuestión de buena voluntad”.

El tema de las drogas lo preocupa, pero argumenta que lo afrontan con mucha naturalidad.

“La realidad es que las drogas están en todas partes y que los chicos tienen que saber del tema para evitarlas. Hablamos muchísimo con ellos y también nos apoyamos en el gabinete psico pedagógico de la escuela para trabajar en distintas cuestiones sociales. Incluso, hablando sobre comportamientos, estas profesionales nos dicen que los chicos se portan mejor acá que en el propio colegio. Eso nos demuestra que el espacio de contención está funcionando”.