21 DE DICIEMBRE DE 1802

Los padres de Sarmiento, toda una historia

31/12/2016 | 10:05 | Paula Albarracín y Clemente Sarmiento podrían haber sido dos sanjuaninos más. Sin embargo, dado el famoso Domingo, no será este un matrimonio más...

Los padres de Sarmiento, toda una historia. Sociedad. La Nueva. Bahía Blanca

Ricardo De Titto

Especial para La Nueva.

Eran gente humilde. Aunque algunos de sus antepasados habían tenido tierras, al momento de casarse, el matrimonio Sarmiento-Albarracín partió casi de cero.

Él era arriero, conocedor de los caminos de la precordillera y sus llanos y de las sierras de Córdoba y “la Punta” de San Luis; ella hilaba, tejía y atendía la economía doméstica, fabricando dulces y elaborando telas que vendía a los religiosos. Además, cuidaba una pequeña huerta y algunos escasos animales de granja.

Cuando se conocieron, Paula y Clemente comenzaron a construir una casa muy sencilla en el barrio El Carrascal de la ciudad de San Juan y sus miras no iban mucho más allá que las de una vida corriente.

Ella era muy “casera” mientras que a él se le adjudica una actitud más errante y algo bohemia: nada de raro había en ello. Constituyeron así un típico “hogar virreinal” de una provincia pobre y marginal, ya que, al no pasar por allí ninguno de los caminos reales, ni siquiera era lugar de tránsito del comercio, como Córdoba hacia el norte o Mendoza hacia Chile.

Paula Zoila Albarracín Irrazábal, la madre de Sarmiento, nació el 27 de junio de 1774 y falleció el 21 de noviembre de 1861. Sobre la fecha de nacimiento hay una controversia fomentada por el propio Sarmiento, quien en algunos escritos da el año 1774 y en otros a 1778 pero todo parece ser una maniobra de don Domingo para disimular que ella era mayor que él algo nada frecuente por entonces.

Paula pasó su infancia y juventud en la localidad de La Bebida, que a fines del siglo XVIII no era mucho más que un fértil llano con un par de ranchos, a mitad de camino entre el pueblo de San Juan y los Baños de Zonda. Allí, su padre Cornelio Albarracín poseyó grandes extensiones de tierra y ganado amasando una moderada fortuna que, tras larga y penosa enfermedad terminó casi dilapidada.

José Clemente Cecilio de Quiroga Sarmiento y Funes también nació en la ciudad de San Juan, entre el 21 y el 23 de noviembre de 1778. Curiosamente, también hay discrepancias respecto de su fecha y el lugar de fallecimiento que, según parece, fue en San Juan el 22 de diciembre de 1844.

Luego de un tiempo de trabajo y cuando la pequeña casa de adobe ya era habitable, el 21 de diciembre de 1802 se formalizó el matrimonio y poco después, en abril de 1803, nació la primera hija.

Todo indica que rápidamente se amoldaron a una rutina de trabajo cotidiano para Paula y de repetidas ausencias de Clemente, apasionado por pasear sus cabras y sus sueños de grandezas por los campos de la región. Como bien señala el historiador sanjuanino y apasionado biógrafo de su coterráneo, Mauricio Meglioli, “esa rutina de alquimista a la inversa siempre encontraba un consuelo en el rancho del Carrascal, donde en cada regreso el viajero embarazaba a la mecánica tejedora, que dio a luz, con la misma constancia, a por lo menos quince hijos en igual cantidad de años.

Muchos de ellos no sobrevivieron al parto –hecho nada ajeno a esa época– y los que sí lo hicieron fueron: Francisca Paula (1803), Vicenta Bienvenida de Jesús (1804), Manuel Fernando de Jesús de la Trinidad (1806), Honorio María (1808), Faustino Valentín (1811), María del Rosario (1812), Juan Crisóstomo (1814) y Procesa del Carmen (1818). De estos ocho, solo cinco sobrevivieron a la infancia, cuatro mujeres y un varón: el que será conocido como Domingo Faustino a pesar de que había sido bautizado como Faustino Valentín, por haber nacido en día de San Valentín.

Entre otros datos que sobresalen como curiosidades además de que el conocido “Domingo” usó toda la vida y pasó a la posteridad con un nombre con el que no fue bautizado −pero que su madre adoptó para él desde recién nacido−, es que la hija mayor, Francisca Paula, se caso exactamente en la misma fecha que sus padres, también un 21 de diciembre y que la muerte de Clemente, habría sucedido un 22 de diciembre.

La revolución golpea

A Sarmiento le gustaba decir que había sido “gestado” por la “revolución de la independencia”, que era la forma en que se refería a los sucesos iniciados el 25 de mayo de 1810. En efecto su nacimiento en febrero de 1811 testimonia –si es que fue nuevemesino algo casi imposible de determinar a esta altura− que fue engendrado “con la patria misma”.

Para don Clemente la instalación de la Primera Junta de gobierno significó un cambio sustancial. Se hizo fervoroso defensor del nuevo régimen y, como muchos, se sumó a la “militarización” de la sociedad. En su caso, puso sus conocimientos de caminos y pasos al servicio de la revolución: en 1812 colaboró con el Ejército del Norte de Manuel Belgrano y, aunque no tomara parte en las acciones, colaboró en los tiempos de la batalla de Tucumán, de septiembre de 1812. Luego se sumó al Ejército de los Andes dirigido por San Martín y tomó parte activa en la batalla de Chacabuco de febrero de 1817. Por levantar “suscripciones” –o sea, donaciones y sumas de dinero− a favor de los ejércitos independentistas se ganó el mote de “Madre Patria” con el que se hizo conocido en todo San Juan.

Su espíritu impregnó al jovencito Domingo Faustino que siempre reconoció como formativa de sus principios la participación revolucionaria de su padre “que enfrentaba a los godos”, aunque lo hiciera en formas no muy disciplinadas. En un encuentro que Sarmiento tuvo con San Martín ya anciano en Francia, dice que el Libertador recordaba a su padre como un hombre leal y trabajador por la causa americana... Sin embargo, también reconoce que tenía fama de embustero y mujeriego...

Pero Sarmiento, mucho más, reconocía en su madre, doña Paula, como ejemplo de temple, constancia, moralidad y sacrificio. Destina muchas páginas y diversos trabajos –en especial, en Recuerdos de Provincia− a enaltecer su figura como un ejemplo de alta moralidad, cúmulo de virtudes incomparables y honestidad en el que fue educado. “Paula fue una mujer inteligente –recalca el biógrafo citado−, que supo leer y escribir, aunque seguramente de manera muy rudimentaria, tal como se manifiesta en una casi indescifrable libreta con sus anotaciones más trascendentales (las fechas de nacimiento y los nombres de sus hijos). Dice el propio Sarmiento que perdió esos hábitos con el tiempo, tornando esa inteligencia en una más práctica e intuitiva.”

Así, a pesar de su fuerte impronta católica y conservadora, doña Paula Albarracín, dejó su huella, que la historiografía clásica recogería para “dibujarla” -en Billiken y Anteojito- como la madre laboriosa. Cierto es que ambos padres intercedieron varias veces ante las autoridades, tanto para intentar una formación académica mejor para su hijo -que no lograron- como para salvarle la vida cuando el joven Domingo comenzó a involucrarse en reyertas políticas, a finales de la década del veinte y, por lo menos en dos ocasiones, estuvo al borde del pelotón de fusilamiento por “unitario” o desacatado.

De pasados ilustres

Los Albarracín, como los Sarmiento, habían contado en años de la colonia con personajes destacados tanto en la cultura como en la política de la época, como el Deán Gregorio Funes, de Córdoba, miembro de la Junta Grande y figura de la política revolucionaria, y el fray Justo Santa María de Oro, obispo de San Juan y uno de los que juró la independencia el 9 de julio de 1816 en Tucumán. Pero es dable pensar que doña Paula y don Clemente ni cerca podían estar de sospechar allá por 1802 -cuando siquiera pronunciar la palabra revolución era causa suficiente de destierro o cárcel- que en su hogar se criaría uno de los personajes más notables y controversiales de la historia argentina. Porque Faustino Valentín, devenido en Domingo Faustino, será periodista, escritor -fundador de hecho de la literatura hispanoamericana-, educador de nota, militar audaz, enérgico político y estadista, amante apasionado de la vida (en todas sus facetas) y que coronará su paso por la vida, de 77 años, como embajador en los Estados Unidos, varias veces ministro y, claro, presidente de la nación argentina, segundo desde que la república se unificó en 1861 y uno de los muy pocos de la historia nacional nacido en hogar con grandes carencias, como Victorino de la Plaza y Juan Domingo Perón. Además de ello, un virtual autodidacta formado en la “universidad de la calle”.

Y sí... Sarmiento tuvo razón en considerarse “engendrado” por la Revolución de Mayo. Con esa marca de origen dejará su estela a lo largo de casi todo el siglo XIX y sembrará políticas de estado, entre las que sobresale la educativa pero deben incluirse aspectos de los más variados, como los parques públicos, el desarrollo científico y tecnológico, la protección de los animales y la defensa de los derechos de la mujer.

El polémico “maestro de América” es el único argentino cuya muerte es conmemorada en toda Hispanoamérica y es el único también cuyo apellido, desde 1920, designa un asteroide del cinturón que orbita en Marte y Júpiter, cuyos nombres homenajean, entre otros, a los grandes escritores de la historia de la humanidad. Allí, orbitando cerca de músicos, científicos, artistas plásticos, novelistas, filósofos, héroes mitológicos y físicos y matemáticos, vaga por el espacio el “asteroide 1971 VO”, nuestro Domingo Faustino Sarmiento, un desprendimiento de aquel muchachito pendenciero de El Carrascal, el self made man salido de un suburbio de la antigua ciudad de San Juan.

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