Pepe Soriano viene con una “Nona” tan lúcida como actualizada
Por María Inés Di Cicco / mdicicco@lanueva.com
El clásico del reconocido dramaturgo argentino Roberto Cossa, La Nona, estará en el Teatro Municipal, hoy, a las 19, en su segunda función, con el protagonismo de Pepe Soriano, Hugo Arana, Miguel Habud, Mónica Villa, Miguel Jordán, Sabrina Carballo y Patricia Durán.
"Tiene muchas implicancias personales para volverla hacer", cuenta Soriano convocado por "La Nueva..
"Primero porque La Nona nació por mi vínculo con los autores de la generación del '60, Talesnik con La fiaca, Somigliana con Amarillo, Rosenmascher con El caballero de Indias, y Tito Cossa; autores a los que había pedido para escribir los libros de una comedia televisiva que le propuse a Alejandro Romay. Entre las ideas, le sugerí a Tito el personaje de una viejita, y él se destapó con esta abuela que terminó siendo muy diferente de la que se había pensado".
-- Nació porque tenía que nacer... Con vida propia.
-- Sí. Creo que esa Nona se coló por otros lugares; que es un personaje que pertenece a otro nivel. Además, se terminó convirtiendo en un clásico que lleva representaciones en 50 países.
-- Una privilegiada...
-- ¡Lo hace porque se desenvuelve en la realidad y a la vez permite varias lecturas! Si para mí son los poderes que se desarrollan en la cotidianeidad, pero tienen un destino diferente de aquellos a quienes representan, para el autor es la muerte, como la última y definitiva realidad.Felizmente, La Nona tiene tantas posibles interpretaciones como personas en la platea, porque no contiene moraleja. Es abierta al pensamiento del espectador.
-- Ese anclaje en la realidad se produce en el seno de una familia característica argentina, como lo fue la de Mamá Cora en "Esperando la carroza", de Jacobo Langsner...
-- Mirá qué cosa... yo hice Esperando la carroza en televisión, en el ciclo Alta Comedia, en una versión muy anterior a la cinematográfica, con la Mamá Cora de Antonio Gasalla, y también de La Nona. El personaje de la abuela lo hacía Hedy Krilla, una maestra de teatro. Así que digamos que conozco ambas obras muy bien.
"Esas dos ancianas provienen de un tiempo histórico que se fue diluyendo con los cambios de una sociedad que evolucionó. Aquella familia numerosa y unita, al estilo de Los Campanelli, fue dejando de ser en función de los compromisos laborales y sociales y el consumismo.
"En aquella sociedad no existía el divorcio ni una enorme cantidad de reconocimientos de derechos e igualdades. Tampoco los geriátricos, y los abuelos convivían con una familia que se iba muriendo, en parte, con ellos".
-- ¿Cómo encaja esa realidad de la obra con la actual?
-- Perfectamente. Pero porque aun en las familias más modernas persisten los rasgos de esos abuelos o bisabuelos inmigrantes que tenían esa idea de presencia familiar conjunta. Por otra parte, la familia trabajadora de la obra, donde hay una nieta que se quiere escapar en busca de una situación más acomodada es, posiblemente, la insinuación de los bolsones de la clase media referencial que luego se afianzarían en nuestra sociedad.
"Así que La Nona proviene de otra época, pero sigue siendo propia y vigente".
-- A partir de ese final abierto, ¿se lo tentó con la realización de una segunda película?
- -No. Nunca. Además, yo hice la película en los años '70, un lapso de seis meses dentro del cual se me permitió trabajar. Hice La Nona en cine, y El loro calabrés en Canal 7, que fue un acto de absoluta inconsciencia de mi parte, negado a hacer cualquier otra cosa. Bueno, mi corazón quedó satisfecho con ambas.
-- ¿Por qué retomarla entonces?
--Porque en el tiempo apareció Carlos Rottemberg con idea de hacerla nuevamente y mi respuesta al pasar fue "sí... cuando yo cumpla 85 años". Un par de años atrás me llamó, me preguntó cuántos cumpliría próximamente y cuando le dije que 85, me recordó que era el momento de hacer La Nona. Y acá estamos, cumplí.
-- ¿Y está contento?
--Sí, claro; aunque ya va cumpliendo su término. Porque después de Bahía Blanca, vamos para Rosario a hacer la última función. Ya es tiempo de abocarme a proyectos nuevos.
Separado, de momento...
-- Entre esos nuevos proyectos, ¿aparece la televisión?
-- Tengo una relación muy estrecha porque me eligieron mis compañeros de SAGAI (Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes).
"Pero ya no participo de programas de televisión y, si lo hago, es por una cuestión de afecto con la persona que me convoca. A mí, la televisión actual no me representa. Y yo no la represento a ella tampoco. Estamos como en una separación, de momento".
-- ¿Por qué cuesta tanto encontrar en televisión a los actores que queremos ver, salvo honradísimas excepciones y por qué un productor decide apostar a riesgo del minuto a minuto?
-- Desde la sociedad trabajamos al límite para lograr programas de televisión con universidades y apoyo de empresas a manera de mecenazgo, para poder elevar el nivel de lo que se plantea en la TV. Es una lucha nada sencilla y a largo plazo.
-- ¿Pasa lo mismo con los autores nacionales? ¿Se los tiene abandonados en el teatro comercial?
-- Se están dando algunos cambios en la cartelera en Buenos Aires, que son síntomas. No sé cuáles son las enfermedades, ni puedo emitir juicios sobre algo que está sucediendo... El tiempo dirá.
"Pero es cierto que los teatros de la calle Corrientes, que en su tiempo recibieron a las grandes obras de autores nacionales e internacionales, hoy tienen una cartelera invadida por derivados de la televisión".
-- ¿Corre la misma suerte el cine?
-- Está avanzando a pasos agigantados, por suerte. Me consta que el Instituto Nacional de Cine y el Ministerio de Cultura de la Nación están haciendo grandes esfuerzos para difundir el cine argentino en cabotaje y en el exterior. Estamos teniendo muy buenos resultados en los festivales internacionales y debemos insistir en incluir nuestro cine en nuestras salas".