Endeudarse a fondo

4/10/2015 | 00:18 |

Por
Pablo Wende

En la recta final de la campaña, los candidatos no terminan de ponerse de acuerdo sobre lo que harán con algunas cuestiones claves, como cuál será la mejor manera para salir del cepo, qué pasará con el tipo de cambio o a qué ritmo se irá adecuando el precio de las tarifas de servicios públicos. Pero en lo que todos coinciden es que será inevitable recurrir a una importante dosis de deuda para financiar el enorme agujero fiscal que entrega el Gobierno y, al mismo tiempo, hacer frente a las necesidades de inversión.

La política de desendeudamiento que con tanto orgullo enarboló el gobierno kirchnerista hace rato que entró en crisis. El rojo de las cuentas públicas que ya se dejó entrever con la crisis de 2008 fue aumentando con el paso de los años. Ese déficit, por definición, es contrario a la idea de bajar la deuda.

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Sostener la fantasía del desendeudamiento tuvo muchas consecuencias. La más visible fue la caída en el nivel de reservas, a tal punto que el Gobierno entregará al Central virtualmente “pelado”, tal como denunció Mauricio Macri. Luego del pago del Boden 2015 y con el nuevo tramo del swap que se terminaría de negociar con China, prácticamente la mitad de las reservas estarán conformadas por yuanes. El problema es que hasta el momento no se ha utilizado esta moneda, que no sirve para hacer frente a las deudas, pero que eventualmente se podría utilizar para pagar importaciones de Oriente.

En el segundo mandato de Cristina se perdieron más de 20.000 millones de reservas de acuerdo a lo informado por el BCRA, pero en la práctica fueron más de 35.000 millones. Esta merma provocó una fuerte vulnerabilidad, lo que llevó a la otra gran consecuencia de la política mal aplicada de desendeudamiento, es decir el cepo. Las restricciones fueron las principales responsables de la falta de crecimiento que arrastra la economía.

Pero hay más. La contracara del desendeudamiento, o mejor dicho de la falta de acceso al financiamiento es el atraso en infraestructura. En buena medida, la Argentina se arregla con lo hecho en la década de 1990. El atraso se siente en prácticamente todos los sectores y es consecuencia de la falta de recursos para realizar obras que sólo se pueden realizar con créditos de largo plazo. No sólo no se buscó ni se consiguió fondeo en los mercados bursátiles, sino que además los organismos multilaterales apenas le prestaron al país al ritmo de las cancelaciones de deuda.

En la etapa que se aproxima no sólo no será posible continuar con el desendeudamiento, sino que habrá que apurar la búsqueda de deuda como sea. Ésa es la fórmula que quieren aplicar todos los candidatos para que la salida del cepo y el sinceramiento cambiario resulte lo menos doloroso posible.

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