El Simulcop
Hace 55 años, en marzo de 1958, una publicidad en este diario dio a conocer el Simulcop, "una de las ayudas más valiosas que puede ofrecer un padre a la tarea escolar de su hijo".
Los cuadernos Simulcop estaba formados por una colección de mapas, ilustraciones y dibujos --de acuerdo a las programas escolares-- impresos en papel transparente y que permitían su "reproducción-instantánea" sobre hojas de cuadernos y carpetas, "con una simple fricción sobre el mismo".
La idea había sido desarrollada por Jacobo Varsky y fueron varios los slogans que alentaron su uso, desde "el dibujo que dibuja", pasando por "el entretenimiento que educa", hasta "enseñando a reproducir, crea el deseo de crear".
La promoción del Simulcop aseguraba que su uso "le ahorra al niño las dos terceras partes del tiempo que emplearía en calcar", lo cual le permitiría disponer de "más horas para el estudio".
Pero no solo eso. Su uso permitía ejercitar la observación, crear el hábito del orden, educar el sentido de la proporción y evita la fatiga y el desgaste visual. También evitaba deteriorar material bibliográfico "ante la necesidad angustiosa" de obtener figuras para ilustrar. Por último, el método permitía completar "la trilogía perfecta de la enseñanza": el alumno oye, lee y ve.
Convertido hoy en objeto de culto, este "cuadernillo con imágenes transferibles", que, por su costo, no era en su época una alternativa accesible a todos, se las ingenió para ganarse un lugar en la memoria colectiva.