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Mucho más que la unión de dos familias

Han pasado las de Caín en la ferretería_ Luis y su socio Antonio han tenido numerosas oportunidades de comprobar la legendaria paciencia y amabilidad que se debe tener en el negocio. Y han sabido sortear momentos difíciles en los inicios y aprender detalladamente las descripciones de cada una de las herramientas que los clientes buscaban.








 Han pasado las de Caín en la ferretería_ Luis y su socio Antonio han tenido numerosas oportunidades de comprobar la legendaria paciencia y amabilidad que se debe tener en el negocio. Y han sabido sortear momentos difíciles en los inicios y aprender detalladamente las descripciones de cada una de las herramientas que los clientes buscaban.


 Así, en una simple ferretería de barrio, se vieron inmersos en una situación de aprendizaje, en lo que con propiedad puede llamarse una experiencia hermosa. Y fueron creciendo hasta cambiar de vereda el local original estaba cruzando la calle-- y aprestarse a cumplir hoy los 30 años.


 Ferretería Industrial FIAS S.A. (Ferretaría Industrial Asesoramiento y Servicios), situada en Donado 874, alude a esta fecha tan especial para agradecer a múltiples clientes y amigos, como también a los proveedores, que son el verdadero respaldo del crecimiento evidenciado durante tantos años.


 "Lamentablemente Antonio Rutinelli, mi socio fundador, ya no está con nosotros físicamente, pero su presencia sigue vigente en cada logro. Hemos compartido momentos inolvidables y seguimos manteniendo un lazo de unión entre las familias, porque yo siempre lo consideré como un hermano", afirma Luis Polidoro, quien con sus 71 años a cuestas todavía ejerce en el negocio con las mismas ganas de aquel primer día.


 -¿Cómo surgió la iniciativa de abrir una ferretería?


 --A partir de mi anterior trabajo, donde hacía montaje en una obra de Techint para la planta de PBB Polisur. El empuje se produjo por mi señora Norma, quien insistió con la iniciativa de empezar el negocio y hasta se encargó de conseguir el local. A Antonio, en tanto, lo conocía de vista, porque él era empleado en otro negocio. Bastaron diez minutos de charla para ponernos de acuerdo y arrancar. Siempre nos entendimos con mucha facilidad.


 --¿El haber trabajado en una obra donde se utilizaban todas las herramientas facilitó el conocimiento del rubro?


 --Sí. Por ejemplo a la planta de etano de PBB Polisur la hicimos de cero. Tenía un amplio conocimiento de herramientas por el uso diario de las mismas. Y luego siguieron las plantas de Indupa, Indoclor, etc. Iba a las obras, miraba los niveles y sabía lo que íban a necesitar. Hasta el día de hoy son excelentes clientes.


 --¿Qué rol cumplía cada uno de ustedes en la ferretería?


 --Antonio manejaba la contabilidad, la facturación, los bancos. Yo me dedicaba a la atención, a comprar y a proveer a las empresas. Entre dos, a las corridas, nos arreglábamos para satisfacer todas las necesidades. Hoy abastecemos, con proveedores, a todo el Polo Petroquímico.


 "Se ha generado una confianza mutua y somos agradecidos por habernos elegido. La base de poder acercarnos a estas empresas es por el conocimiento del rubro. Antonio sabía muchísimo de soldadura y yo, cada tanto, despunto el vicio para no olvidarme del oficio".


 --¿Qué lugar ocupan las respectivas familias en este negocio?


 --El primer lugar. Tuvimos una gran ayuda, porque siempre se vivió de manera modesta. El ferretero, según señala el dicho: "Vive bien y muere pobre". Cada pesito que entra se invierte en nuevas herramientas y así uno está provisto de todo. Por suerte los descendientes de ambas partes están comprometidos con el negocio y éste se puede mantener bien.


 --¿En qué año se hizo el traspaso de un local a otro?


 --En el octavo año. Teníamos necesidad de agrandarnos y había crecido el programa de trabajo. En ese momento se construyó el gasoducto Loma de la Lata de Bahía a Neuquén, por lo que la necesidad de comprar electrodos resultó imperiosa; hablo de 20 toneladas como un hecho común.


 --¿En qué momento se fueron incorporando los empleados?


 --Hemos tenido mucha suerte. Por caso el aporte de dos señoras durante mucho tiempo; ambas tenían amplio conocimiento del negocio. Cuando falleció Antonio, hace un año y medio, ingresaron los actuales empleados que acompañan a mi hijo Diego, quien arrancó desde muy chico y hoy hace todos los trabajos de calle. Ahora, en total, somos seis personas.


 "Soy una agradecida de la familia de Antonio porque me dejaron a cargo de la ferretería y jamás me hicieron una pregunta. Me dieron una confianza total. Existe una gran amistad entre las mujeres (Norma, esposa de Luis, y Nora) y nuestros hijos; se compartieron y comparten fiestas como comuniones, casamientos, nacimientos... La relación familiar es excelente".