Una historia que se niega a morir
* El edificio donde se fabricaba la "cerveza bahiense" aún conserva algunos elementos de aquellos años. Si bien la mayor cantidad de herramientas fueron subastadas, otras permanecen allí.
* A comienzos de los '60 comenzó la producción y la planta mantuvo actividad hasta 2006, aunque en los últimos tiempos el espacio se dedicó al acopio y la expedición de cebada. Hoy, el lugar espera un destino.
Sergio Prieta
Especial para "La Nueva Provincia"
La cervecería Austral (luego conocida como Santa Fe) motivó la construcción de barrios a su alrededor, empleó a muchos de sus vecinos y fue un símbolo de la industria local. Sin embargo, desde hace 6 años sus instalaciones permanecen desiertas, aunque en algunos pasadizos y salones se conserva parte de su historia.
Los restos de la empresa están ubicados frente a la rotonda que une las calles Indiada y Rincón. Desde allí asoman dos grandes edificios que se caracterizan por tener la totalidad de sus vidrios rotos. Ambos están comunicados por un pasadizo subterráneo.
Recorrer las instalaciones de la fábrica es como introducirse en un laberinto. Pequeñas escaleras de hierro ubicadas a unos 20 metros de altura, túneles angostos y oscuros por donde se llega al subsuelo y hasta piletones de azulejos de casi 50 metros de extensión y unos 3 de profundidad forman parte de un lugar que resulta desconocido para muchos.
Son cientos de metros los que ocupan las cañerías que descienden desde los pisos superiores hacia diferentes depósitos instalados en la planta baja, aunque también se destaca la presencia de un gran orificio en el suelo donde se colocaban ollas de bronce con líquido en su interior.
Mención aparte merece el edificio de oficinas administrativas, donde también se alojó el laboratorio de la planta. Tarros con diferentes tipos de maltas, recipientes químicos y otros utensilios se conservan en algunos de los estantes de la habitación.
El resto de las herramientas fueron subastadas tiempo atrás a diferentes interesados, entre los que se mezclaron varios vecinos con la intención de guardar alguna de las "reliquias" de la histórica planta.
La misma suerte corrieron los 5 silos para acopio de granos con los que contaba la firma, que fueron desarmados y vendidos en los años posteriores al cierre definitivo de la fábrica en 2006.
Precisamente ese final puso en peligro la existencia de todos esos elementos. Poco a poco, algunos desconocidos rompieron la totalidad de los vidrios, forzaron varias puertas y se registraron algunos hechos delictivos. "Un adolescente se robó un panel eléctrico en aquel entonces", comentó Juan González, vecino del sector.
Los hechos se repitieron hasta que en el acceso a la fábrica comenzó a funcionar una compraventa de autos, tras lo cual se colocaron candados en casi la totalidad de las puertas y el lugar quedó a resguardo del vandalismo.
Quizás por eso aún subsisten 14 máquinas de enfriamiento y varios bloques con rodillos que sirvieron para procesar el grano de malta dentro del predio de 45 mil metros cuadrados.
Cincuenta años de un símbolo de la ciudad
La historia de este ícono de la industria local data de principios de la década del 60, cuando, a través de este diario, se realizó la primera convocatoria a inversores a participar del innovador emprendimiento.
"A Bahía Blanca le sobran los calificativos de admiración: 'La Capital del Sur', 'El portal de la Patagonia' y muchos otros; pero le falta algo: una fábrica de cerveza. Ahora, merced a la iniciativa de un núcleo de hombres del sur, una completa y moderna fábrica de cerveza comienza a ser realidad: Cervecería Austral SA. ¡Usted y el sur merecen esta oportunidad!", señalaba uno de los avisos publicados por este diario en 1961.
Con dirección en calle Rincón 3285, la sociedad quedó formada "por un conglomerado de accionistas de 1.600 suscriptores de todo el sur", según la crónica de aquel entonces.
La fábrica se emplazó en un terreno de más de 4 manzanas en una zona por entonces mencionada como "al borde del ejido local", sin la presencia de viviendas familiares. Sin embargo, a los pocos años de instalación, diferentes viviendas comenzaron a constituir las barriadas actuales.
Poco a poco se materializaron los 18 mil metros cuadrados cubiertos construidos para alojar la fábrica y sus dependencias administrativas. Incluso se emplazaron dos casas destinadas a los capataces de la planta. "Son de lujo, con piso de parquet y varias habitaciones", contó uno de los vecinos del barrio, testigo del auge y la decadencia del lugar".
A mediados de 1965 se lanzó el primero de una serie de productos líquidos: "Australinda", agua mineral de mesa elaborada y envasada en la planta, por entonces con capacidad para desarrollar 6 mil botellas por hora.
En 1967 llegó el momento más significativo al inaugurar la cervecería, presentando la cerveza "Austral", en sus calidades Común, Pilsen, Munich y Malta. Las producción fue de 10 millones de litros de cerveza al año. Tiempo después se lanzó al mercado la cerveza "Austral de Oro" y la gaseosa "Australinda Limón", una de las más exitosas de la historia local.
Sin embargo a principios de los 70 comenzaron los problemas que derivaron en la quiebra de la compañía, que se concretó en 1973, aunque dos años después el complejo se puso en venta, con tres interesados de peso: las firmas Bieckert, Quilmes y Santa Fe. Esta última fue la que se quedó con el paquete accionario.
En 1995 la empresa fue adquirida por la Compañía Cervecera CCU (Cervecerías Unidas), de capitales chilenos. A pesar de contar con una importante infraestructura, el nuevo propietario jamás utilizó la maltería, limitándose a operar el complejo industrial para el acopio y la expedición de cebada cervecera, hasta su cierre definitivo en 2006.
Parece una ironía, pero mientras el consumo de alcohol se incrementó de manera considerable en las últimas décadas, los cambios en la forma de producción privaron a la ciudad de poder continuar con la actividad.
Desde aquel entonces, un cartel ubicado a la vera de calle Indiada anuncia la venta de la propiedad. "En el barrio se comentó que hubo grandes empresas interesadas en comprar el terreno, como Coca Cola, Arcor y hasta la cadena de supermercados Carrefour pensaron en instalar allí algunas de sus sucursales. Sin embargo nunca se concretó ningún emprendimiento", afirmó Carlos Albinarrati, vecino que presenció el auge y la decadencia de la cervecería.
Otros rumores indicaban que la empresa de colectivos Plaza también tenía intención de fijar allí sus instalaciones, pero en definitiva optaron por otro terreno cercano a Bordeu.
Agentes inmobiliarios involucrados en la venta del predio sostuvieron que algunos inversionistas los consultaron con la intención de lotear el espacio para luego realizar negocios con viviendas familiares, aunque el tema quedó postergado.
Quizás resulte una cuestión de tiempo. Posiblemente el crecimiento poblacional del sector --en este momento se construyen varias viviendas de los planes federales-- sea el incentivo para que esa importante porción de tierra e historia bahiense pueda ser puesta en valor.
Mientras tanto, algunas páginas de la historia industrial bahiense permanece resistiendo el olvido.
Los motivos de una cervecería en Bahía
Consultado en 1965 el director general de la Cervecería Austral, José Antonio Gómez Castaño, sobre las razones de la elección de Bahía Blanca para instalar esa industria, contestó: "Esta ciudad posee singulares características y grandes virtudes. Es eminentemente comercial, con elementos vitales e indispensables para instalar una industria. Ha solucionado el problema de la provisión de agua y posee una mano de obra altamente especializada, constituida por el personal egresado de sus universidades y de los talleres de la Base Naval Puerto Belgrano".