El caso Gadafi y las "barbaridades" de la civilización
Quizá lo correcto hubiera sido que Muamar Gadafi fuera juzgado por sus presuntos crímenes de lesa humanidad en vez de morir en una orgía de sangre a manos de jóvenes combatientes.
Aquéllos que justifican su muerte, luego de un bombardeo de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) contra la caravana en la que huía de la ciudad de Sirte, señalaron que su desaparición evita un largo juicio que hubiera dividido a Libia y puesto en aprietos a las potencias internacionales que antes apoyaban su régimen.
Su presunta ejecución recuerda lo ocurrido con el líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, quien fue ultimado por un comando especial estadounidense tras ser descubierto en una casa cercana a Islamabad, la capital de Pakistán, el 1 de mayo pasado.
Tanto Gadafi como Bin Laden no fueron juzgados por sus presuntos crímenes. Ninguno de los dos casos sirve ahora como precedente para la justicia internacional.
Sin embargo, Estados Unidos y la OTAN saludaron su muerte, aunque ahora la Corte Penal Internacional (CPI) iniciará una investigación para confirmar si fue asesinado por sus captores.
A la hora de juzgar a un presunto criminal, hay muchos ejemplos que podrían mencionarse, entre ellos el proceso contra el nazi Adolf Eichmann, arquitecto de la "solución final" contra los judíos en la II Guerra Mundial, quien fue capturado en Argentina en 1960, juzgado y ahorcado un año después en Israel.
El proceso a Saddam.
También puede citarse el polémico proceso contra el dictador iraquí Saddam Hussein, quien fue ahorcado en diciembre de 2006 por su responsabilidad en la muerte de 148 chiítas en 1982.
La CPI pidió a mediados de mayo la captura del dictador libio, de su hijo Saif al Islam y del jefe de espionaje de ese país, Abdulah al Sanussi, por presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos contra los rebeldes que luchaban contra su gobierno.
Dicho tribunal acusó al régimen gadafista de la violación masiva de mujeres mediante el uso del sildenafil (Viagra). Asimismo, la organización Amnistía Internacional (AI), con sede en Londres, responsabilizó a Gadafi por crímenes de guerra y la desaparición forzada de disidentes.
Sin embargo, AI y la organización estadounidense Human Right Watch pidieron una investigación "completa, independiente e imparcial sobre las causas que llevaron a su muerte". La misma actitud tomó la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Si bien Gadafi se llevó a la tumba una valiosa información sobre la violación de los derechos humanos, muchos ex jerarcas podrían ser juzgados ahora por la CPI, aunque Libia nunca reconoció a ese tribunal de justicia internacional encabezado por el fiscal argentino Luis Moreno Ocampo.
El analista Norberto Consani, director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Plata, afirmó que "no hay duda de que Gadafi era un dictador, pero ésta es sólo una foto, no la película: lo que viene no es democracia, sino una caja de Pandora (males que acechan)".
Echado al mar.
"Por supuesto, me hubiera gustado ver a Gadafi sentado ante la CPI. Cualquier criminal tiene derecho a ser juzgado. Lo mismo pasó con Bin Laden; lo mataron y lo tiraron al mar", señaló.
Consani dijo que durante la muerte del líder de Al Qaeda "los norteamericanos actuaron en forma contradictoria" y afirmó que a veces "la civilización es la que comete las barbaridades más grandes".
La muerte de Gadafi se suma a la huida del dictador tunecino, Ben Alí, en enero pasado, y al derrocamiento y proceso judicial contra el dictador egipcio Hosni Mubarak, un mes después, en el marco de la llamada "Primavera Arabe".
"La muerte del coronel Gadafi es la última victoria para un nuevo enfoque estadounidense de la guerra; con pocas tropas sobre el terreno, el pesado uso del poder aéreo, incluyendo `drones' (aviones sin piloto) y, al menos en el caso de Libia, una de dependencia con los aliados", dicen Mark Landler y David Leonhardt.
En un artículo del diario "The Nueva York Times", ambos analistas sostuvieron que "los últimos seis meses han traído una cadena de éxitos para EE.UU.: en mayo, comandos estadounidenses mataron a Bin Laden en Pakistán. En agosto cayó Trípoli y el coronel Gadafi huyó", entre otros hechos.
Lo más trascendente.
Pero la muerte de este último es, sin duda, el hecho más trascendente de la llamada "Primavera árabe", ya que su régimen de 42 años tuvo una importancia vital en las últimas décadas en Medio Oriente.
En diferentes oportunidades, Gadafi fue acusado de apoyar a organizaciones como el Ejército Republicano Irlandés (IRA) y a grupos guerrilleros africanos.
También se lo vinculó con el atentado contra un avión de Pan Am sobre la localidad escocesa de Lockerbie, en 1988, que causó la muerte de 270 personas.
Gadafi "quizás habría estado en grado de esclarecer algunos aspectos. Ahora que está muerto, tal vez perdimos una oportunidad de saber la verdad", dijo Jim Swire, padre de Flora, una de las víctimas del atentado en Lockerbie, en declaraciones a la emisora británica Sky News.
Gadafi admiraba al líder egipcio Gamal Abdel Nasser, pero luego se distanció de sus ideas y buscó liderar el Tercer Mundo con un llamado "socialismo nacional", una mezcla de capitalismo y socialismo marxista.
Nadie espera que su muerte traiga la democracia automática para Libia, un país donde no existen los partidos políticos y el petróleo es el verdadero "rey de reyes", como solía autoproclamarse Gadafi a raíz de su otrora popularidad.
La decisión del Consejo Nacional de Transición (CNT) de convocar a elecciones en un plazo de ocho meses en Libia, para redactar una nueva Constitución y organizar un gobierno provisional, es un buen paso dado en esa dirección.
La muerte de Gadafi inicia una nueva era en la región. Sin embargo, su desaparición no debe justificar ninguna aventura colonialista en ese país, sostienen analistas.
Otros dictadores árabes, como el presidente de Siria, Bachar al Asaad, no quieren seguir los pasos del tunecino Alí o de Mubarak, pero sobre todo no quieren mirarse en el espejo deslucido del abatido mandatario libio.