Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

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Darwinismo, ciencia y diseño inteligente

¿Es correcto enseñar que de la materia inanimada apareció la vida, las especies y el hombre? Si nos atenemos a lo que se dice en textos escolares o de divulgación, como Cosmos, de Carl Sagan, la respuesta es sí. Si miramos a la ciencia y la epistemología actuales, la respuesta es no. Aunque Darwin se ocupó del origen de las especies, la expresión darwinismo posee hoy un sentido más amplio, pues también designa conocidas especulaciones sobre el origen de la vida que no se encuentran en su obra.

 ¿Es correcto enseñar que de la materia inanimada apareció la vida, las especies y el hombre? Si nos atenemos a lo que se dice en textos escolares o de divulgación, como Cosmos, de Carl Sagan, la respuesta es sí. Si miramos a la ciencia y la epistemología actuales, la respuesta es no.




 Aunque Darwin se ocupó del origen de las especies, la expresión darwinismo posee hoy un sentido más amplio, pues también designa conocidas especulaciones sobre el origen de la vida que no se encuentran en su obra.




 La noción de teoría juega aquí un papel crucial. En el lenguaje ordinario, teoría significa una especulación sobre la que no hay elementos de decisión. Así concebida, una teoría no necesariamente es falsa, sino que no hay datos para pronunciarse sobre ella. Otro sentido (anacrónico) es el de teoría como conjunto de verdades, con especial referencia a principios explicativos de fenómenos. Recordemos los años de colegio y lo aprendido sobre las leyes científicas, como las de la mecánica o la herencia. Alguna vez se consideró que, una vez confirmados (con elementos a favor y ninguno en contra), tales principios eran verdades.




 Fue mérito de filósofos de la ciencia mostrar que confirmación y verdad no coinciden. Podría suceder que datos confirmatorios de una teoría perdieran su valor o fenómenos aún no observados vinieran en un futuro a contradecirla y obligaran a su abandono. Una renovada mirada a la historia de la ciencia, liderada por T. Kuhn e I. Lakatos en los años 60, documentó situaciones de "verdades científicas" que dejaron de ser tales. Se optó, pues, por cambiar "verdadera" por "confirmada", para bautizar las teorías, cuando los fenómenos son coincidentes con lo que ellas dicen.




 ¿Cuál es el estatus del darwinismo? ¿Mera especulación, verdad probada o teoría confirmada? Con relación al origen de la vida, es mera especulación. Darwin habló del tema ocasionalmente, pero otros (como S. Spiegelman, D. Dennet o R. Dawkins) lo trataron expresamente. Advirtamos que explicar el origen de la vida equivale a explicar el de la célula, común denominador de los vivientes. En esta hay dos componentes esenciales: el ADN, que codifica las instrucciones para su funcionamiento y la construcción de sus componentes (el software, por hablar así), y las proteínas, que realizan funciones o son sus partes estructurales (el hardware).




 ¿Cómo se llegó a esta complejísima estructura que el lector puede apreciar en www.signatureinthecell.com? He aquí el relato darwinista: habría existido una "sopa" donde estaban los componentes del ADN o del ARN, similar al ADN y también capaz de almacenar información. Aquellas se habrían unido para formar una cadena que se habría multiplicado, para lo cual habría contado con un catalizador (quizá ella misma) para acelerar el proceso. Posteriormente, habría ganado en complejidad hasta codificar proteínas. Después (o quizás previamente), todo se habría encapsulado, el ARN habría dejado lugar al ADN, que habría seguido multiplicándose con variaciones favorables, las que le habrían posibilitado codificar las proteínas que hacen a la célula.




 Tres cosas a destacar: (I) Lo dicho no es todo, pero es la esencia del relato; (II) que el proceso descripto es darwiniano es algo evidente, por la presencia de la tríada: replicación+variación azarosa favorable+adaptación; (III) la superabundancia de "habría", indicadora de posibilidades no confirmadas.




 ¿Qué se puede decir de este relato? Que explica la vida mediante una caja negra. Por un lado, estaban los componentes del ADN y, por el otro, apareció la célula. Los "habría" llenan la caja y en ciencia no se procede así. Cuando se explica un acontecimiento, se deben conocer (además de las regularidades, en este caso físicas y químicas) las circunstancias. Caso contrario ¿a qué y cómo aplicamos las regularidades? Magistralmente enseñaron K. Popper y K. Hempel que en la explicación de acontecimientos debemos tener muy precisas las circunstancias. Más aun cuando las circunstancias no son contingentes a la aparición del fenómeno, sino condición necesaria y concausa de este en su peculiar naturaleza. ¿Es, entonces, el relato falso? No necesariamente, sólo especulación. ¿Qué se sigue de esto? Que no puede ser enseñado como una teoría científica. Si así lo hiciéramos, estaríamos engañando, pues esta no debe ser confundida con una historia de circunstancias imaginadas.




 Darwin se ocupó de las formas de vida, pero el darwinismo actual o teoría sintética es diferente de su pensamiento, aunque conserva el mecanismo por él propuesto: las especies se formaron a partir de cambios azarosos en el material hereditario, con leves efectos sobre los organismos y que han llevado a su adaptación. ¿Mera especulación? A veces se olvida que nuevas especies involucran nuevas proteínas y, por tanto, las nuevas secuencias de ADN que las codifican. ¿Cuán probable es la aparición de estas? En los años 60, los matemáticos querían calcularlo, pero no tenían elementos.




 Desde hace poco, sí podemos hacerlo, gracias a precisas técnicas de secuenciación de ADN. Para una proteína pequeña, su probabilidad de aparición por azar es 1 en 10.195, algo absolutamente improbable. La situación empeora si advertimos que las especies involucran cientos de tales secuencias. Se replicará: ¡no se trata sólo del azar sino de este más la selección natural! Volvemos a lo dicho más arriba: ¿cuáles fueron esas circunstancias selectivas tan especiales que hicieron y moldearon las formas de vida? Si no podemos describirlas, entonces es un relato hecho con imaginación, pero no una explicación científica.




 Las escuelas de L. Margulis y de S. Kaufmann (distintas alternativas que dividen a los biólogos en la explicación de la formación de especies) hacen gravísimas críticas al darwinismo. A ellas se suma hoy la Doctrina del Diseño Inteligente (DDI). Es innecesario decir que las primeras se oponen a la DDI, pues son evolucionistas, mientras la DDI no lo es. Pero varias de las críticas de las tres son convergentes y arrinconan al darwinismo. Es este un secreto bien guardado por quienes se aferran a un programa en agonía.




 La sociología explica bien el comportamiento de los investigadores cuando su teoría cae en el descrédito. El lector puede preguntarse: ¿no ocurre que bacterias y virus mutan, razón por la que son necesarias nuevas vacunas todos los años? ¿Cómo negar la evolución? Se ignora, a veces, que una cosa es la formación de especies (macroevolución) y otra la aparición de variaciones en los individuos de una misma especie o microevolución. No se trata de negar tales variaciones, sino de mirar lo que la biología del siglo XXI y la matemática combinatoria nos indican sobre los misterios del origen de las especies y la vida. También es un secreto bien guardado que el premio Nobel Francis Crick (descubridor de la estructura del ADN y quien postuló el dogma central de la biología molecular) desistiera de encontrar las causas de la vida en las fuerzas actuantes en la tierra y afirmara que la misma sería producto de una inteligencia superior.




 La DDI se presenta como una alternativa razonable para explicar la vida y sus formas. Por ignorancia o conveniencia, algunos la acusan de creacionismo religioso. En cualquier caso, ambos deberían estudiar las obras fundacionales de la DDI (1) o el libro del profesor Bradley Morton (2).




 Notemos que al Diseño Inteligente la llamamos "doctrina" y no "teoría". "Doctrina" es un conjunto de ideas filosóficas, pero no de afirmaciones confirmadas en la experiencia. Una cuestión crucial para la DDI es si se puede distinguir la obra de una inteligencia de la que no lo es. La respuesta es sí y viene dada, entre otras fuentes, del programa SETI de la NASA (Search for Extraterrestrial Intelligence). Estamos frente a un diseño inteligente cuando detectamos secuencias de información absolutamente improbables de ser producidas por azar y que, además, tienen un sentido, como son las del ADN.




 ¿De dónde o de quién procede este diseño? ¿Una inteligencia superior? Es la discusión del momento, como vemos en los medios masivos y académicos internacionales. Reconocidos pensadores, como Leibniz, Newton o Gödel, afirmaron a Dios desde la filosofía y la ciencia, pero no desde la religión. Esta descansa en textos considerados sagrados, mientras que la filosofía lo hace en razonamientos que aquí apuntan a un Diseñador. Alguien puede adherir a una filosofía naturalista y negar que Dios exista. Pero es una posición filosófica, no una teoría científica.




 Para la filosofía, se ha abierto una inmensa avenida de pensamiento a partir de lo que las ciencias nos revelan. Se trata, al menos para quien escribe, de un punto de partida y no de llegada: no se puede decir sin más "Dios es el diseñador inteligente". Para quienes profesan una religión, la DDI da un apoyo a aquellas palabras de San Pablo: "las perfecciones de Dios (...) se han hecho visibles por el conocimiento que de ellas nos dan sus creaturas" (Romanos 1: 20).




 Es significativo que el filósofo líder del ateísmo, Anthony Flew (3), fuera llevado por los argumentos de la DDI a retractarse de sus tesis. Para los cristianos también lo es que Benedicto XVI (por aquel entonces cardenal Ratzinger (4) ya pensaba, en 1987, que la vida no podía ser producto de chance y error, oponiéndose de esta manera a lo que otros pontífices parecieron alguna vez admitir.

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(1). Stephen Meyer, William Dembski y Michael Behe.
(2). Seeking God in Science: an atheist defends intelligent design.
(3). Atheist becomes theist (entrevista por Gary Habermas).
(4). In the beginning: A catholic understanding of the story of creation and fall.

Juan Manuel Torres es profesor de epistemología en el Instituto de Ciencias Básicas de la UN de Cuyo,
y en la Maestría en Filosofía de la Ciencia de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa.