Bahía Blanca | Sabado, 29 de noviembre

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La violencia engendra más violencia

No nos damos cuenta, pero, poco a poco, los argentinos vamos entrando por el mismo callejón sin salida que conocimos en el pasado. Los actos de violencia en calles y rutas se suceden día a día. Desde el poder se avalan y hasta instigan las provocaciones de camioneros y piqueteros. Desde el llano, ante la provocación, algunos reaccionan también con violencia.




 No nos damos cuenta, pero, poco a poco, los argentinos vamos entrando por el mismo callejón sin salida que conocimos en el pasado. Los actos de violencia en calles y rutas se suceden día a día. Desde el poder se avalan y hasta instigan las provocaciones de camioneros y piqueteros. Desde el llano, ante la provocación, algunos reaccionan también con violencia.




 ¿Hasta dónde queremos llegar? ¿Es que no nos hemos curado de espanto con los recuerdos del pasado? ¿Seguiremos insistiendo en la teoría del único demonio? ¿No tomamos conciencia de que para que haya violencia hacen falta al menos dos en conflicto? ¿Es que vamos a matarnos nuevamente unos a otros por pensar distinto?




 Dejemos por un momento de lado las razones y pensemos en lo que puede llegar a ocurrir si no reflexionamos y tratamos de sentarnos a dialogar para encontrar una solución posible que no pase por doblegar al adversario. Imaginemos las calles otra vez con sangre, con gritos, sirenas, corridas, bombas y muertos. ¿Eso queremos? ¿Es necesario un vencedor y un vencido? ¿O por ventura soñamos en un país partido en mitades que se odien entre sí?




 Sé que no todos en este país somos cristianos, pero valdría la pena en este momento reflexionar (y me incluyo) sobre aquellas palabras que Cristo le dijo a Pedro en el huerto de los Olivos, cuando éste salió a defenderlo y le cortó la oreja a uno de los enviados del Sanedrín, llamado Malco. "Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada, a espada morirán". Palabras que, con el tiempo, la gente tradujo como: "Envaina tu espada, porque el que a hierro mata, a hierro muere". Y todos sabemos que esto es lo que sucede en la práctica cuando nos manejamos en ese terreno.




 Quienes protestan con justa razón deben saber que, llegado un punto, deben abrir paso a otras posibilidades para resolver el conflicto. Quienes ejercen el poder deben recordar que su poder reside en la autoridad y el mandato conferido por los ciudadanos y que, entre ellos, está el respeto de la Constitución y las leyes. Quiera Dios que los argentinos tomemos conciencia de lo que puede llegar a suceder si queremos imponernos unos sobre otros por la fuerza. La memoria completa del pasado debe servirnos para corregir los errores del presente en pos de un mejor porvenir que no excluya a ninguna parte del pueblo argentino.




 Muchos podrán pensar que esto es una utopía. Pero, ¿no son justamente las utopías las que mueven los sueños y hacen grandes a los pueblos?






 José María Silveyra es es consultor de empresas y escritor. Su último libro publicado es Un viaje a la esperanza (Lumen).