Bahía Blanca | Viernes, 03 de abril

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Se acallaron la voz y el bombo del Chango Nieto

El folklorista salteño, bombisto, cantor y compositor Chango Nieto, murió ayer en un sanatorio porteño cuando le estaba peleando duro a una penosa enfermedad desde hace algunos meses, según informó un familiar cercano. Carlos Alberto "el Chango" Nieto fue un cantor que con el paso del tiempo y de su carrera, se convirtió en un clásico de nuestro folklore.




 El folklorista salteño, bombisto, cantor y compositor Chango Nieto, murió ayer en un sanatorio porteño cuando le estaba peleando duro a una penosa enfermedad desde hace algunos meses, según informó un familiar cercano.


 Carlos Alberto "el Chango" Nieto fue un cantor que con el paso del tiempo y de su carrera, se convirtió en un clásico de nuestro folklore.


 De aquel lejano Cosquín 65 --el primero para él y de donde surgió como Revelación--, logró mantener una carrera coherente, exitosa y popular.


 Nació en la provincia de Salta, tierra de músicos y poetas. En 1960 llegó a La Plata para completar sus estudios. Por esos años la música folklórica argentina estaba en su gran apogeo y en una de las peñas tradicionales de esa ciudad se encontró con Hernán Figueroa Reyes, quien después de escucharlo le propuso grabar su primer disco.


 Desde su espaldarazo --cinco años más tarde--, en adelante grabó más de 600 canciones, y recibió innumerables premios.


 Además su canto trascendió las fronteras de nuestro país, ya que en numerosas ocasiones visitó otros países de América, Europa, Estados Unidos y Canadá.


 Tuvo en su haber discos de oro, plata, Camín Cosquín de Oro a la trayectoria, premio Festival Oti de la canción 1980, Prensario, Diploma al Mérito Fundación Konex 1985 y 1995, Premio Estrella de Mar por la peña La Vizcachera en Mar del Plata 2000 y 2001.


 En la última edición de Cosquín, iba a protagonizar el espectáculo Salta es una fiesta junto a Las Voces de Orán, Canto 4, Melania Pérez y el Ballet Camín, pero su enfermedad no se lo permitió y su lugar fue tomado por el "chalchalero", Juan Carlos Saravia.


 El mismo Saravia desde el escenario "Atahualpa Yupanqui", manifestó que el Chango --gestor de ese espectáculo--, estaba pasando por un difícil momento e hizo que las 8 mil personas que poblaban la plaza, le gritaran "Te queremos Chango, te queremos".


 Con su canto quedarán grabadas en la memoria de su público, emblemáticas composiciones como Salta de mi niñez, En pampa de los guanacos, Amor de los manzanares, Pero esta noche no voy y Luna cautiva, entre muchas otras.


 El querido Chango Nieto, viajó a la Peña Mayor del Cielo, donde ya se habrá juntado con Romero y Bulacio de Los Tucu Tucu, Tamara Castro, Jacinto Piedra, Hernán Figueroa Reyes, Jorge Cafrune y Cacho Iriarte de Los del Suquía.


 Manuel Castilla y el Cuchi Leguizamón, le seguirán pasando canciones, al igual que Jaime Dávalos y Armando Tejada Gómez, mientras que por esas cosas raras del destino, falleció el mismo día que Don Atahualpa Yupanqui, hubiese cumplido 100 años. (Télam)



ENFOQUE

CON LOS OJOS CERRADOS










 "¿Porqué cuando usted canta lo hace con los ojos cerrados?", le preguntó Nicolás Mancera al Chango Nieto en una entrevista de sus históricos Sábados Circulares. La respuesta descolocó al legendario conductor: "Permítame responderle con otro interrogante dijo Nieto: "¿Porqué usted cuando besa lo hace cerrando sus ojos?"


 Años después, en una nota con "La Nueva Provincia" volvió sobre el tema y el Chango respondió: "es como cantar para adentro, para uno mismo. Porque es necesario amasar la sensación de emitir y escucharse..."


 Protagonista de un tiempo de bohemia, Carlos Alberto Nieto integró aquella legión de hombres entregados en cuerpo y alma a la franqueza vocacional que los inspiraba para disfrutar juntos de una zamba o una chacarera. Gente con sinceridad en la sangre.


 En cierta oportunidad, el Chango, Cacho Valles, Pedro Favini y otros trasnochados golpearon la puerta de Miguel Simón ("El duende del bandoneón"). Al abrir, el anfitrión mostró su sonrisa ancha y franca y dijo "Hola muchachos, adelante... La guitarra, el bombo y el vino nos esperan".


 En Punta Alta hubo un reencuentro con este diario, y entonces relacionó la geografía con el folklore: "absolutamente ligadas --las describió-- pues de esa ciencia tomamos los factores que habrán de nutrir nuestra inspiración". Todo un razonador.


 La última vez que se lo escuchó por aquí estaba a un costado de un escenario, observando atentamente la actuación de su hija Carla. "Lo hace bien ¿no?" Susurraba feliz, mientras un brillo en las retinas denunciaba su emoción.


 Minutos después él mismo estaba en las tablas cantando a placer, ahora con las pausas de su estilo, con los "ayayayay" de sus adornos en lo rítmico, o a su turno, con las palabras que iniciaban el tema.


 "Esta noche necesito conocerme a mí mismo. Esta noche debo cantar con los ojos cerrados".






  ROBERTO OÑA