Un encuentro que todavía conmueve
El arquitecto Andrés Duprat recibe el llamado de este diario apenas pasado el mediodía, en su oficina de calle Alsina 1.169, de Buenos Aires. Actual director nacional de Artes Visuales, fue, de alguna manera, el autor intelectual de aquel simposio, desde su cargo de titular del Museo de Bellas Artes de nuestra ciudad.
"Habíamos detectado unas montañas de hierros increíbles en los terrenos del ferrocarril Noroeste, a un costado del puente Colón, sobre calle Brickman. Al ver ese material, nació la idea de convertir la basura en arte, a través de un encuentro de artistas", recuerda Duprat.
La idea encontró inmediata respuesta en el intendente Jaime Linares, quien sugirió que, además de contratar artistas de Buenos Aires, se propiciara la participación de los locales.
"Recuerdo que Duprat tomó la idea de encuentros similares que se realizaban en Resistencia, Chaco. Se contactó, entonces, con Raúl 'Pájaro' Gómez, destacado artista, quien se encargó de reunir al que después se denominaría Grupo de los 8: Patricia Landen, Eduardo Madanes, Mariana Schapiro, Bastón Díaz, Claudia Aranovich, Rodolfo Nardi y Danilo Danziger, quienes aceptaron la invitación para participar durante diez días de tan singular propuesta. A ellos se sumaron los bahienses Fortunato Jorge y Hugo Pisani.
"Primero, los invitamos para que hicieran un relevamiento de lo existente. Vinieron y se sorprendieron al ver la cantidad de material ferroviario. Sacaron fotos, marcaron algunas formas y hasta hicieron bocetos. Regresaron a Buenos Aires y, después, ya vinieron para el simposio", detalla Duprat.
Los artistas, a la cancha.
Ni viento ni lluvia ni calor pudieron empalidecer el entusiasmo que generó aquel simposio.
A los 10 escultores, que se ubicaron cada cual en un sector, se sumaron unos 50 estudiantes, la mayoría de ellos pertenecientes al instituto técnico La Piedad, quienes colaboraban con las tareas propias del tipo de trabajo, desde acarrear los hierros, hasta cortarlos o ayudar en las soldaduras. A eso se agregaban los camiones municipales, aparejos, soldadoras eléctricas y amoladoras.
El propio intendente Linares se acercó en más de una ocasión al lugar, no sólo para seguir la marcha del encuentro, sino, también, para participar en algunos trabajos. En particular, el ex jefe comunal no tuvo empacho en subirse a una escalera tipo tijera y, junto con Ricardo Margo, por entonces secretario de Cultura, pintar parte de la obra Formas de seducción, de Rodolfo Nardi.
"Involucramos a los chicos de las escuelas técnicas e, incluso, se arrimaban muchos vecinos. Fue un hecho comunitario por demás interesante", señala el hoy diputado provincial.
La idea de generar un espacio abierto de trabajo fue otra de las consignas planteadas por los organizadores.
"Decidimos hacerlo a la vista del público, que la gente viera el proceso creativo. La verdad es que, en ese aspecto, los artistas estuvieron macanudos, porque a veces es incordioso trabajar con tanta gente alrededor", memora Duprat.
Claudia Aranovich, autora de la obra Huellas, no duda en afirmar que aquel encuentro fue "un punto de inflexión" en su vida artística y evoca aquel clima de trabajo.
"La mejor situación fue la relación que se armó entre todos los que participaban: organizadores, vecinos y trabajadores. Fueron días de mucho trabajo y mucho disfrute. Todos lo tomamos muy seriamente. Se trabajaba hasta con lluvia, los soldadores arreglaban las máquinas con unas ramitas. Eramos todos bastante jóvenes y nuestra mayor pretensión era lograr un resultado que mereciera estar en el espacio público", reflexiona desde su taller en Buenos Aires.
Respecto de la metodología, el simposio evitó la idea de competencia. Simplemente, la Municipalidad pactó con los autores el pago de una suma simbólica por sus obras, las cuales pasaban así al patrimonio público.
"Decidimos que fuera un simposio porque no queríamos que los artistas pensaran en tener un trabajo ganador. Más justo era pagarles honorarios y dar a las diez obras el mismo estatus. Porque, además, fue por invitación y todos eran consagrados", destaca Duprat.
Otro testigo de aquel encuentro es Diana Naifleisch, quien, incluso, llamó a esta redacción para evocar los 15 años del encuentro. Profesora de danzas y radicada durante varios años en Europa, esta bahiense había regresado unos meses antes a nuestra ciudad y, por su relación con gente del Museo de Bellas Artes, pudo participar del encuentro, ayudando a los artistas.
"Siempre tuve inclinación por el arte y esa oportunidad fue fabulosa. Pude soldar algunas cosas, hacerles un apoyo logístico a los escultores", explica. Evocar aquellos días, asegura, todavía le pone "la piel de gallina".
"Fue un encuentro fabuloso. Emocionaba ver, por ejemplo, a Bastón Díaz haciendo una barca o al "Pájaro" Gómez con su Flecha y arco. Todos estaban alucinados, a pesar de ser gente con mucha trayectoria, cautivados en la búsqueda del material o cuando llegaban los hierros pelados sin saber qué iban a hacer. La gente trabajaba sin horario, sin importar el clima...", recuerda.
Además, fue llamativo cómo un hecho artístico tan particular logró conciliar gentes de diferentes formaciones.
"Era un clima festivo, parecía una ciudad dentro de otra ciudad, porque, aparte, planteó la relación entre varias disciplinas. Fue como recuperar la mística de distintas ramas del arte reunidas", agrega Naifleish.
Luego de diez días de trabajo, cada escultor terminó su obra. Se podían recorrer los sectores asignados y ver las esculturas terminadas, con el nombre del autor y, para quienes tomaban fotografías, con las maravillosas viviendas del barrio Inglés como fondo. Sólo quedaba un paso: definir el destino.
Nace el Paseo.
Cuando terminó el simposio, la comuna se encontró con diez obras de arte para disponerlas en espacios públicos, de acuerdo con la consigna fundacional. Mientras los artistas trabajaban, ya el propio Duprat manifestó la idea de colocarlas en el paseo por entonces en gestación sobre el entubado del arroyo Napostá, entre calles Casanova y Sarmiento.
"Eso habíamos hablado con Jaime --Linares--: tratar de que las obras no se perdieran. Por eso nos pareció que no se debían desperdigar, sino que, al verlas todas juntas, también rememoraran este encuentro. Para eso era necesario generar algo que las articulase y las potenciase. Así salió la idea", explica Duprat.
Linares recuerda que el simposio coincidió con la voluntad comunal de potenciar ese espacio tan singular, que permitiría, además, enlazar Sarmiento con el Parque de Mayo.
"Lo conversamos con Duprat e, incluso, le pedí a Cecilia Miconi --actual directora del Museo de Arte Contemporáneo-- que realizara un trabajo artístico, plástico, en el piso del paseo. Eso se nos complicó un poco con algunos pigmentos y piedras, pero el piso es también una singular expresión artística", agrega.
Por entonces, la oficina de Planeamiento Urbano trabajaba en cómo dar valor al paseo, con una propuesta que combinaba actividades recreativas y deportivas.
"En ese lugar, entubado unos 15 años antes, no había nada. Teníamos algunas propuestas del Colegio de Arquitectos con actividades recreativas, de construir unas canchas de paddle y algunas pérgolas con agujeros en el piso que permitieran ver el agua del arroyo. Finalmente, surgió la posibilidad de llevar allí las esculturas y nos pusimos a trabajar en un nuevo diseño", recuerda el arquitecto Horacio Miglierina, quien todavía se desempeña en esa área comunal.
Duprat admite que cuando se habló de agruparlas allí, no pensó que el paseo se convertiría en el 'centro del universo bahiense'. Y, respecto del impacto que generaron las esculturas, dice ser consciente de que muchos las criticaron por su calidad de abstractas.
"Un vecino siempre me decía: "las veo y sigo viendo chatarra". Pero las obras se incorporaron en la gente, el paisaje y el conjunto se integró", agrega el funcionario nacional, señalando, además, su convencimiento de que el lenguaje abstracto es propio de estos tiempos.
"Las obras abstractas resisten el tiempo. No tienen una interpretación literal, admiten, incluso, cambios en alguien que las vio de una manera y ahora las ve de otra. La escultura contemporánea urbana es abstracta porque manifiesta un código más sutil para convivir cotidianamente", indica.
Las esculturas comenzaron a ubicarse sobre ese tramo del entubado en marzo de 1994 y el paseo fue inaugurado un mes después, en coincidencia con un encuentro de ciudades hermanas, del cual participaron representantes de Jacksonville (Estados Unidos), Reus (España), Fermo (Italia) y Talcahuano (Chile). Prueba de esa situación fue que el paseo fue bautizado con el nombre de Parque Escultórico Ciudades Hermanas.
El Paseo de las Esculturas es, hoy, uno de los espacios públicos más concurridos de la ciudad, desde las primeras hasta las últimas horas del día, ocupado por gente de todas las edades que realiza actividad física, se muestra y mira o, simplemente, sale a respirar aire puro.
Muchos teóricos pueden intentar explicar las razones de tanto éxito. Pero repetir la fórmula no necesariamente asegura generar otra situación similar. La gente se ha apropiado de un espacio donde se conjugan de manera natural ocio, recreación, naturaleza y arte.
Llega la fuente, comienza el éxito
Más allá de la calidad paisajística que tenía el paseo y la presencia de las esculturas, los protagonistas de esta historia coinciden en señalar un hecho como fundamental para el verdadero éxito del lugar.
"Hay un dato que quizá es más psicológico que paisajístico: el paseo funcionaba bastante bien, pero lo que le dio el gran impulso fue la construcción de la fuente. Cuando apareció el agua, la gente comenzó a ir de manera masiva", asegura Linares.
La misma impresión tiene Miglierina, autor del diseño de esa fuente, que es, en realidad, una gran área central transitable, en la cual se ubican siete chorros de agua que alcanzan gran elevación.
"En un principio, el paseo tenía otra característica, como más árboles, era más privativo. Pero, con el tiempo, algunas plantas se secaron y ahora el lugar tiene buena accesibilidad y transparencia. Si bien las esculturas se colocaron en 1994, sin dudas, el paseo empezó a tener renombre cuando se inauguró la fuente, en diciembre de 1996", señala Miglierina.
Respecto del diseño de ese componente, que toma el agua del propio arroyo, fue idea de Linares, inspirado en una obra similar que había visto en los Estados Unidos.
"En principio, íbamos a colocar algunos juegos en el lugar, hasta que le planteé a Miglierina hacer una fuente. El me comentó los problemas del viento y la tierra para su funcionamiento. Entonces, me acordé de una que había visto en Jacksonville, que era un vasto piso con inclinación hacia el centro, en el cual aparecía un chorro de agua central. Miglierina tomó la idea, le agregó más agua y así quedó armada", explica Linares.