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Santiago Bergé Vila: Ganador sin suerte

Pocos vecinos de Bahía Blanca mantienen en la memoria colectiva un recuerdo tan claro y respetuoso como Santiago Bergé Vila, aunque cimentado más en su accionar docente que por su participación política, que, si bien fue importante, diferentes circunstancias le impidieron realizarse en plenitud.


 Pocos vecinos de Bahía Blanca mantienen en la memoria colectiva un recuerdo tan claro y respetuoso como Santiago Bergé Vila, aunque cimentado más en su accionar docente que por su participación política, que, si bien fue importante, diferentes circunstancias le impidieron realizarse en plenitud.


 Nacido en 1903 en la localidad bonaerense de Pilar, Bergé Vila sintió, desde muy joven, su vocación por la docencia.


 Egresado del colegio nacional Mariano Moreno, de Buenos Aires, ingresó al Instituto Nacional de Profesorado Secundario, egresando como profesor de matemática y cosmografía.


 Fue ejerciendo esa profesión que, a sus 23 años de edad, llegó a Bahía Blanca, para dar clases en la Escuela Nacional de Comercio, tomando más tarde también horas en el desaparecido Colegio Nacional.


 Bergé Vila se sintió a gusto en estas tierras y se involucró rápidamente en su vida social, haciendo también sus primeras armas dentro del panorama político. En las líneas del radicalismo, primero, auspiciado por la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), para volcarse, a partir de 1945, de manera definitiva, al peronismo.


 A mediados de la década del 30, comenzó a estudiar abogacía, en calidad de alumno libre, en la Universidad Nacional de La Plata, obteniendo el título en 1939.

Uno de los impulsores de la UNS






 La condición de docente de Bergé Vila lo convirtió en uno de los principales promotores de la creación de la Universidad Nacional del Sur, un hito en la historia de nuestra ciudad y la región.


 Fue uno de los creadores del instituto privado de educación superior fundado, en 1939, en Bahía Blanca, bautizado "Universidad del Sur", trabajando ad honorem con otros profesionales locales y estableciendo un contacto directo con la Universidad Nacional de La Plata.


 Junto con Gualterio Monacelli, Orlando Erquiaga, Arnaldo Lejarraga, Prudencio Cornejo y Segundo Fernández Long, entre otros, fue protagonista de aquel emprendimiento que, pese a lo efímero de su existencia (se disolvió en 1944), sirvió como uno de los argumentos más sólidos para la creación del Instituto Tecnológico del Sur (ITS), base de la Universidad Nacional del Sur.


 Creado en 1948 el ITS, Bergé Vila fue su vicerrector y director de su escuela de Ciencias Económicas, iniciando una carrera que se extendería en el tiempo, hasta ser nombrado, en 1974, profesor emérito de la UNS, en virtud de "los honrosos antecedentes acrisolados en su ciudad adoptiva, donde lleva 50 años dedicados a la enseñanza, con la probidad y autoridad que lo señalan como permanente ejemplo de las generaciones que lo tuvieron por maestro".


 En 1996, esa casa bautizó con su nombre una de las salas del rectorado, avenida Colón 80, reconociendo en Bergé Vila a quien "generó un ambiente de trabajo fecundo y positivo, posibilitando el crecimiento de la universidad".

Comisionado e intendente






 Santiago Bergé Vila ganó, holgadamente, dos elecciones para ocupar el sillón de Bordeu. Ambas como candidato del Partido Peronista; ambas frustradas en su materialización.


 Sin embargo, su primera incursión política fue bajo la forma de una "comisionatura"; esto es, personas que ocupaban el cargo de intendente designadas por decreto provincial.


 Por eso se los denominaba "comisionados municipales".


 En este caso, nuestra ciudad vivió una situación de este tipo luego de la caída de Jorge Aguilar, jefe comunal electo en 1942 y depuesto en 1943, cuando el presidente Farrel intervino la Provincia, designando a Atilio Bramuglia como interventor.


 Entre este hecho y el regreso de la democracia, con la elección de Rafael Laplaza (1948), se sucedieron 13 hombres en el cargo de Lord Mayor; entre ellos, Bergé Vila.


 La designación vino de la mano de Ramón del Río, un yrigoyenista muy amigo de Bergé Vila, ministro de Gobierno bonaerense.


 "A mi despacho podrá llegarse cualquier vecino, no importa su ideología, en la seguridad de que sus sugestiones o consejos serán especialmente escuchados, atendidos y agradecidos", manifestó entonces.


 Convencido de que su decisión podía favorecer el regreso de la institucionalidad, desempeñó el puesto por apenas dos meses, ya que advirtió que las ideas a nivel provincial estaban demasiado alejadas de esa posibilidad.


 "Solidario con los postulados iniciales de la revolución, expresados en su proclama del 4 de junio, resolví aceptar el cargo de comisionado, iniciando una etapa de recuperación democrática provincial. Pero, en las actuales circunstancias, no podía desempeñarlo en función de mis ideas y sentimientos, por lo cual presento mi renuncia indeclinable", señaló, en su dimisión.


 Ese desempeño de 1945 fue el último que Bergé Vila realizó dentro del radicalismo, ya que, a fines de 1946, renunció a ese partido para adherir al peronismo, al considerar que el primero se había convertido "en una antítesis del yrigoyenismo" y que Perón era quien ejecutaba en la realidad el programa radical.


 Su llegada al sillón de Bordeu fue de la mano del voto popular, como candidato del peronismo en las cuartas elecciones que hubo en la ciudad, durante la presidencia de Juan Domingo Perón.


 Las primeras tres también habían sido ganadas por los candidatos de ese partido (Rafael Laplaza y Norberto Arecco, en dos períodos consecutivos) y Bergé Vila no fue menos, ya que se impuso con el 62% de los votos. Asumió su cargo el 1 de mayo de 1955.


 "No me guían ambiciones personales y sé que voy a un puesto de sacrificio, pero, como soldado de Perón, estoy dispuesto a servir a mi pueblo", señaló. En el acto de asunción, Bergé Vila tuvo palabras elogiosas hacia Arecco, su antecesor.


 "Quiero expresar primeramente al señor intendente saliente, Norberto Arecco, en nombre de Bahía Blanca, el agradecimiento de la misma por todo lo que hizo en su favor y por sus preocupaciones en pro de su progreso y engrandecimiento, al par que desearle el mayor de los éxitos de sus futuras actividades".


 Luego, manifestó: "No pienso enriquecerme con esta posición y sé que saldré tan pobre como hoy lo soy. Acepté este puesto porque me considero deudor de esta gran ciudad, cuna de mis hijos, a la que llegué hace 29 años sin conocer a nadie y donde se me acogió con la austeridad y la criolla hospitalidad que es característica esencial de los bahienses".


 Por entonces, la situación política nacional ya era de mucha tensión, con hechos que derivarían en el derrocamiento de Perón, por el accionar de la Revolución Libertadora, el 19 de septiembre de 1955.


 Ese lapso de 4 meses fue el que dispuso Bergé Vila para ser jefe comunal.

Su tiempo de gestión






 Dos problemas acuciantes sufría Bahía Blanca, en la década del 50: la escasez de agua y la poca energía disponible.


 Además de perjudicar esto al común de la gente, limitaba de manera drástica la posibilidad de radicación de grandes industrias. Por eso, para Bergé Vila, estos temas formaban parte de su agenda como elementos primordiales.


 Sin embargo, el poco tiempo disponible en el cargo le impidió avanzar más allá del dictado de algunas ordenanzas.


 Una de las primeras fue la de construir algunas pasarelas y puentes para establecer una comunicación "rápida y segura" entre los vecinos de los "barrios obreros" más allá del Napostá (así se designaban las barriadas de Villa Mitre, Bella Vista y Tiro Federal) que debían trasladarse al centro.


 Dispuso, además, una partida de más de un millón de pesos para equipar con juegos infantiles varias plazas de la ciudad, construir desagües cloacales en Villa Harding Green, un osario en Cabildo y ampliar algunas de la salas de primeros auxilios.


 Pero, sin dudas, su proyecto más singular fue la propuesta de ampliación del Palacio Municipal. La idea de Bergé Vila era construir un nuevo cuerpo de dos pisos apoyado sobre la medianera del ex banco Provincia, en la parte inmediata de las oficinas que, por entonces, ocupaba el Concejo Deliberante.


 Ese nuevo inmueble sumaría al Legislativo dos salas de sesiones, además de nuevas oficinas para Arquitectura y Catastro, reparticiones que funcionaban en el subsuelo comunal.


 Eso permitiría, además, ampliar el Museo de Bellas Artes, el cual ocupaba parcialmente el mencionado espacio.


 También alcanzó Bergé Vila a realizar un llamado a licitación para aumentar el parque vehicular comunal, con la compra de 4 camionetas Justicialistas, otros tantos tractores y 3 remolques para riego.


 En estas cuestiones estaba el flamante intendente cuando, el 16 de septiembre de 1955, a las 16.20, el capitán de corbeta Guillermo Castellanos Solá, jefe militar de Bahía Blanca por el comando revolucionario, tomó posesión de la municipalidad, recibido por el propio Bergé Vila.


 Apenas diez minutos después, abandonó el edificio. Ese mismo día, en horas de la noche, estaba anunciado un gran acto de reafirmación partidaria en el teatro Municipal (por entonces rebautizado "17 de Octubre"), del cual Bergé Vila sería su último orador.

El regreso, 1962.
La Revolución Libertadora proscribió el peronismo, debilitada en parte su estructura por la ausencia del "tirano prófugo", según se mencionaba entonces a Juan Domingo Perón, quien había salido del país en 1955, a bordo de una cañonera paraguaya.





 Sin embargo, en 1962, este partido descubrió que, con el solo hecho de modificar su nombre, podría presentarse en las elecciones. Nació así la Unión Popular (UP), que llevó en nuestra ciudad a Bergé Vila como candidato, compitiendo con la UCR del Pueblo, que proponía a Haroldo Casanova (por la reelección) y Mario Lavalle (UCR Intransigente).


 Ni sumando sus votos (33,24% en total), los radicales lograron acercarse a Bergé Vila, quien obtuvo el 41,22% de los sufragios.


 "Conforme a los resultados extraoficiales registrados en el comicio de la víspera, ha quedado consagrado intendente municipal de Bahía Blanca, por el período 1962-66, el doctor Santiago Bergé Vila, candidato del partido triunfante, Unión Popular. Además, se adjudicaría ese partido cinco bancas del Concejo Deliberante", publicó este diario, en su edición del 10 de marzo de 1962.


 Pero el gobierno nacional, presionado por los militares, no soportó que la UP hubiese ganado en toda la Provincia, por lo cual la intervino y anuló los comicios, llamando a nuevas elecciones, sin la Unión Popular.


 En nuestra ciudad, ello significó el triunfo de Federico Baeza (UCR), quien fue intendente con el 25,11% de los votos.


 Una de las últimas participaciones políticas de Bergé Vila fue en 1973, apoyando entonces la candidatura de Eugenio Martínez, del Partido Justicialista.


 "Los peronistas queremos vivir en paz, sin odios ni rencores. Pero queremos vivir con justicia y para eso necesitamos que no haya violencia desde arriba", dijo, en uno de los mitines realizados por el Frejuli (así se llamaba el partido).


 En aquellas elecciones, el peronismo volvió a ganar con comodidad, obteniendo el 40% de los votos, contra el 22,5% del radicalismo.


 El golpe militar de 1976 terminó con esta etapa.

El adiós.
Santiago Bergé Vila alcanzó a ser testigo del regreso de la democracia, en 1983, con el triunfo del radicalismo, de la mano de Juan Carlos Cabirón. Ese año celebró sus 80 de vida. Murió tres años después, el 26 de octubre de 1986.