El Rossini Paradiso dará nuevo espacio a la diversión
Tras la noche del último viernes, con la inauguración de Rossini Paradiso, la extensa y diversa historia de la sala de Mitre 225 --uno de los edificios más apreciables de la ciudad que cumplió funciones de teatro, cine, boliche y matiné--, dará un nuevo giro.
En los últimos años, el espacio inaugurado en 1929 por miembros de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos había vuelto a sus fuentes para recibir espectáculos teatrales y musicales. No obstante, a raíz de las demandas municipales sobre seguridad posteriores a la tragedia de Cromañón obligaron a los anteriores concesionarios a cerrar sus puertas.
El sitio que registra en su pasado momentos de esplendor, cuando fue anfitrión de las más destacadas figuras y compañías del ámbito nacional, y de decadencia por igual, fue convertido ahora en un restó-bar, por acción del empresario Osvaldo Cattini.
Tras la misma reconocible fachada, en el interior del local la oferta será un paquete de espectáculos teatrales y musicales, con servicio de restaurante y disco.
"Por el momento abriremos los viernes y sábados, pero estamos proyectando traer, en breve, espectáculos para las noches de los jueves", señaló Cattini.
La apertura al público será el viernes y sábado venideros, con la presentación de la comedia Mi mujer se llama Mauricio, de Raffy Shart, con Emilio Disi, Diego Pérez, Fernando Lupiz, Sandra Smith, Carna, Ivana Brodowsky y Vanesa Carbone, bajo la dirección de Carlos Moreno, protagonista en la temporada veraniega en Villa Carlos Paz, donde se ubicó segunda en recaudaciones y obtuvo seis premios Carlos 2007: mejor comedia, actor de comedia (Emilio Disi), escenografía, vestuario, director y mejor actor de reparto.
"El Rossini Paradiso va a ser algo distinto en el sentido de que quien quiera una salida completa, con show, cena y baile, lo tendrá en un solo lugar".
La adaptación del espacio a la nueva perspectiva implicó una inversión significativa en reposición de luces y equipamiento con sonido de última generación y un escenario que, al cabo del show, se convertirá en una barra.
"La gente se va a encontrar con un ambiente mucho más alegre, más positivo. En la planta baja, muy bien iluminada, habrán tres barras, en el sector de arriba habrá otra con mesas donde cenar o tomar algo. También se han dispuesto boxes a través de unos palcos que antiguamente formaban parte de la estructura, luego habían sido sacados y nosotros intentamos recuperar. La capacidad autorizada es de 550 personas".
Según Cattini, "Bahía Blanca necesitaba un espacio diferente. Merece propuestas nuevas y hay que estar pensando constantemente en qué hacer para una ciudad que crece".
El empresario adelantó que, tras la presentación de Mi mujer..., una serie de espectáculos ya fueron confirmados para los meses venideros.
"Para el viernes 22 y sábado 23 de junio vendrá `el Negro' Alvarez con Hirientes, y para el 13 y 14 de julio, El champagne las pone mimosas", confirmó.
"Aspiramos que la propuesta sea mucho más amplia y que incluya otro tipo de espectáculos, todos de la calidad que merecen los bahienses", concluyó.
Un patrimonio de todos.
Construido por la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, presidida entonces por Marzio Cantarelli, el teatro Rossini se inauguró el viernes 30 de agosto de 1929.
El complejo, que tenía como centro la sede de las calles Mitre y Rodríguez, fue proyectado por el ingeniero Adalberto Pagano.
El nombre del teatro surgió tras un plebiscito y el nombre de Giocchino Rossini (1792-1868) se impuso con 148 votos, contra 27 de Bellini y 12 de Puccini.
La sala teatral contó, en su comienzos, con una platea de 197 butacas, 20 palcos de cuatro asientos cada uno, una tertulia (paraíso) de 60 asientos y un pullman con 129 butacas.
Su estructura edilicia responde a una concepción neoclásica, con una fuerte influencia italiana, y su robusto volumen cilíndrico nace desde la vereda, envolviendo el hall central de doble altura, con dos escalinatas interiores y balaustrada perimetral, con una fuerte definición circular.
El estilo del edificio fue de vanguardia para su época y acorde con los fines para los cuales fue concebido: albergar las manifestaciones teatrales.
En la jornada inaugural, actuó la Compañía Lírica Italiana, dirigida por el maestro Américo Rosa, que interpretó en primera instancia Gazza-ladra, creación musical de Rossini, y, seguidamente, Aída, la ópera de Verdi.
Tras afrontar problemas financieros, la Sociedad Italiana debió vender el edificio que, a partir de 1934, comenzó a funcionar como cine.
Desde 1940, el lugar pasó a denominarse Gran Cine Mitre, que abrió sus puertas el sábado 3 de agosto de ese año, con tres películas argentinas: Doce mujeres, con Olinda Bozán; Puerta cerrada, con Libertad Lamarque, y Huella, con Enrique Muiño.
El Gran Cine Mitre funcionó poco menos de un año, hasta que, en septiembre de 1941, el lugar reabrió como el tradicional teatro Rossini.
En 1967, la "nueva ley de alquileres" se sumó a la crisis económica y llevó al entonces propietario, Samuel Scheines, a cerrar la sala, después que el 6 de agosto de ese año se bajara el telón con la obra Novia para casarse, que contó con la participación de Raúl Rossi e Irma Córdoba.
Luego de barajarse la posibilidad de que el edificio fuera demolido y reciclado para cocheras, finalmente fue remozado y reabierto por Roberto Fernández y José Suárez, el 10 de mayo de 1968.
La reapertura se dio con la puesta en escena de la comedia Gatita querida, interpretada por Enrique Liporace, Marta González, Pedro Aleandro y Menchu Quesada.
Una semana después, se estrenó otra comedia, ¡Qué sofocón!, con Alberto Anchart y Santiago Bal, y paralelamente, el filme Persona, del afamado director sueco Ingmar Bergman.
Después de que se realizaran nuevas refacciones, la sala volvió a reabrir el 16 de febrero de 1979, con el estreno de la película Galáctica, astronave de combate.
El teatro Rossini funcionó hasta el 24 de febrero de 1991, cuando cerró "por vacaciones", para nunca más abrir.
En la última década, luego de que se desmantelara su platea, el lugar fue utilizado como lugar bailable, como resto-bar y sala teatral y musical.
El brillo de las estrellas.
Por el escenario del teatro Rossini (que, según su nuevo dueño, conservará su nombre, "para respetar la historia") desfilaron estrellas como los hermanos Podestá, Lola Membrives, Francisco Petrone, Luis Sandrini, Augusto Codecá, Tito Lusiardo, Luis Arata, Alfredo Alcón, Mirtha Legrand, Angel Magaña, Ubaldo Martínez, María Rosa Gallo, Amelia Bence, Mecha Ortiz y Osvaldo Miranda.
Los reyes del teatro de revistas, como Dringue Farías, José Marrone, Adolfo Stray, Pepe Arias, Alberto Olmedo, Jorge Porcel y Enrique Pinti, también engalanaron con su presencia el templo artístico bahiense.
No menos relevante fue el paso de Delia Garcés, Pedro López Lagar, Tincho Zabala, Sofía Bozán, Pepita Muñoz, Nélida Quiroga, Berta Singerman, Enrique Fava, Roberto Airaldi, Juan Carlos Thorry, Tito Alonso, Rodolfo Bebán, Bárbara Mujica, Osvaldo Pacheco, Jorge Salcedo, Amelita Vargas, Walter Vidarte, Enzo Viena, Gilda Lousek, Diana Maggi, Julia Sandoval, Virginia Lago, María Concepción César, Beatriz Bonnet, Beatriz Taibo y Atilio Marinelli, por sólo citar algunos nombres.
También se abordaron los más diversos géneros artísticos, que van desde los hermanos Pericé, hasta Tu Sam, pasando por Alberto Locatti, El Chúcaro, Ariel Ramírez, Jorge Cafrune o Los Chalchaleros.
Más recientemente, artistas convocados por el ciclo Bahía Open Music, Fernando Peña, Capusotto y Alberti, Humberto Tortonese, Gillespi, Silvina Garré, Adriana Varela, Javier Malosetti, pasaron por ese escenario.