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Un drama histórico pretencioso, aburrido y vacío de contenidos

Pretencioso y aburrido drama histórico, que centra su atención sobre María Antonieta (1755-1793), quien primero fue archiduquesa de Austria, luego princesa --al contraer matrimonio con el delfín Luis Augusto-- y, finalmente, reina, cuando su esposo fue coronado en 1774 rey de Francia como Luis XVI.


 Pretencioso y aburrido drama histórico, que centra su atención sobre María Antonieta (1755-1793), quien primero fue archiduquesa de Austria, luego princesa --al contraer matrimonio con el delfín Luis Augusto-- y, finalmente, reina, cuando su esposo fue coronado en 1774 rey de Francia como Luis XVI.


 El punto de partida del filme fue la monumental biografía revisionista (700 páginas) de la escritora británica Antonia Fraser (esposa del dramaturgo Hadold Pinter), titulada María Antonieta, la última reina.


 Aunque basada en datos históricos, la autora hizo prevalecer su subjetividad y una cierta voluntad reivindicativa del personaje biografiado, que la directora de Perdidos en Tokio respetó y asumió como propia, aunque a su manera.


 Sin embargo, la versión de Sofía Coppola no es estrictamente una biografía, sino una "historia de sentimientos" --como ella misma la calificó--, sin un análisis crítico del contexto histórico ni moralejas políticas, ni siquiera un punto de vista muy explícito, pero con fastuosos vestuarios y decorados (se rodó en Versalles, en los mismos sitios donde ocurrieron los hechos reales) y música de los años '70 y '80. En otros términos, un "paquete" lujoso, pero extrañamente vacío de significados.


 El relato comienza en 1768, cuando la reina de Austria le comunica a su hija María Antonieta su matrimonio --arreglado por cuestiones políticas-- con el delfín de Francia. Con 14 años recién cumplidos, María Antonieta es llevada a Versalles y nunca más volvió a pisar suelo natal.


 En Versalles o en su refugio de campo denominado Petit Trianon, María Antonieta vivió en una "jaula de oro", rodeada de cortesanas adulonas y zánganos inútiles, al margen de la realidad social y política de Francia, dedicada a comprar vestidos y pelucas, beber champagne, atragantarse con dulces, a los juegos de azar o atender a sus amantes. Por caso, el conde sueco Axel Fersen.


 Y todo eso, mientras espera satisfacer las exigencias de su madre y del propio rey Luis XV, de proporcionar un heredero que permitiese sellar la unión de los reinos de Francia y Austria. La espera duró ocho años y en ese tiempo su mamarrachesco y desdichado marido se preocupó más de las cacerías que de su esposa.


 Salvo esporádicas "fugas" a París para bailes de disfraces o asistir a la Opera, en Versalles la protagonista --aceptablemente interpretada por Kirsten Dunst-- también debió soportar lo que se conoce como el "teatro de la monarquía": los tediosos y ridículos rituales, usos y costumbres de palacio.


 Costumbres que se fueron degradando y degenerando hasta extremos inconcebibles, como los retrató sin eufemismos, en 1974, el director Bertrand Tavernier en su filme Que la fiesta comience.


 La historia narrada por Sofía Coppola concluye en 1789, con el advenimiento de la Revolución en Francia. María Antonieta murió en la guillotina --al igual que Luis XVI y sus hijos-- por orden de los jacobinos comandados por Robespierre, cuyo acceso al poder desató una ola de terror que se extendió hasta 1794, cuando él mismo fue ejecutado. Pero esta es otra historia.


 La versión del filme se parece más a una revista de modas que a una cinta histórica. La sensibilidad de los personajes revela una mirada desde otro contexto, confirmada por una música contemporánea (bandas inglesas como The Cure, Bow Wow Wow, New Order y Adam Ant, además de compositores actuales), que acompaña y sostiene a numerosas escenas.


 Lo cierto es que el filme desató una verdadera "maría-antonieta-manía". Y cabe preguntarse sobre qué hay o qué se busca con esta "movida": ¿Reinstalar el derecho de alta burguesía al hedonismo más corrupto, con total desprecio hacia millones de personas que viven en la indigencia? ¿o se trata simplemente de otra operación comercial a nivel global?


 Hay autores que quieren relacionar el caso de María Antonieta con la trayectoria y el morboso final de Lady D, mientras la ensayista estadounidense Camille Paglia sostiene que "el regreso de María Antonieta sugiere que hay fuerzas políticas funcionando en el mundo que el humanismo occidental no entiende por completo, y que posiblemente no podrá controlar".


 El tiempo dirá qué hay de cierto en todo este afanoso trajín.

Calificación: 6