Murió William Boo, un malo muy querido
BUENOS AIRES (NA) -- William Boo, el polémico árbitro del popular ciclo de lucha libre Titanes en el ring, murió ayer a los 79 años, en una clínica privada de esta ciudad.
Héctor Oscar Brea, tal cual era su verdadero nombre, falleció en horas de la madrugada en la clínica Dupuytrén, del barrio de Balvanera, donde se encontraba internado desde hacía algunos días, según se informó en el centro asistencial.
En agosto pasado, en una nota publicada en la revista "Semanario" a poco del Día del Niño, Boo afirmó que estaba enfermo, abatido y que no tenía plata ni para comprar un juguete para sus cuatro nietos.
Según comentó en aquella oportunidad, tenía un fuerte dolor en la pierna que no le permitía caminar ni moverse por sus propios medios, por lo que médicos del Dupuytren le descubrieron una trombosis.
"Con este asunto de la pierna se me fue mucha plata, tanto del bolsillo de mi señora como del mío. Para hacerla corta, estamos secos", afirmó.
Según la revista, Brea debía ir tres veces a la semana al centro asistencial y estaba convencido de que sus actuales y progresivos problemas de salud se debían pura y exclusivamente a los golpes que recibió arriba del ring.
"¿Me quieren conseguir una silla de ruedas?, consíganme una. ¿A quien le sobran tres paquetes de gasa para limpiar las heridas de mi tobillo?, las acepto. No pido cosas raras. Eso sí, no quiero molestar a nadie. Pero no quiero dejar de agradecer al público argentino, que me ha odiado y querido al mismo tiempo", había dicho durante la entrevista.
Marcó una época.
Brea había conocido a Martín Karadagian, creador del exitoso ciclo que marcó una época, en momentos en que ni soñaba con ser árbitro y se desempeñaba como luchador.
El personaje ganó protagonismo con el correr de los años y su fama llegó a tener el mismo nivel de importancia que los ídolos del programa como el propio Martín Karadagian, La Momia, El Caballero Rojo o el Hombre de la Barra de Hielo, entre otros.
Con su enorme figura --pesaba más de 120 kilos--, William Boo se las arreglaba para enardecer al público favoreciendo con fallos a los "malos" de la pelea, aunque muchas veces sus intenciones no le salían bien.
Siempre a cargo de la pelea más importante de la noche --dirigía tres de las ocho luchas de cada progrma-- popularizó su apellido que servía de onomatopeya para el grito de reprobación de los chicos cuando subía al ring.
El "¡Buu..!" de los espectadores era ya un grito característico y uno de sus mejores momentos era cuando daba la espalda a la lucha, y desde el ring se ponía a discutir con los chicos, mientras los "malos" hacían de las suyas.
Fue árbitro de muchas peleas de cierre, con el "campeón del mundo" Karadagian como estrella, y en esos combates también ayudaba a la máxima figura del ciclo, que si bien no ocupaba el rol de "malo", usaba muchas picardías en la lucha.
Muchas veces también recibió el castigo de los buenos, cuando en los combates, especialmente los de la modalidad "a la australiana" --dos contra dos-- la pelea se descontrolaba y el ring era un desmadre.
El gordo y el flaco.
Boo siempre lamentó no haber dirigido la recordada final del ciclo de 1972 cuando en un colmado Luna Park, Karadagian retuvo el título en una pelea inolvidable ante La Momia Blanca.
"La pelea la ganó Martín, pero conmigo la ganaba antes y con trampa", dijo Boo alguna vez, sobre esa lucha que finalmente arbitró Alfredo Giardina.
Este juez, pequeño, ágil, era la antitesís de Boo, reglamentarista, justo y tenía la particularidad de "volar" por sobre los cuerpos de los luchadores en el ring para hacer el clásico conteo de tres en la "vuelta de espalda".
Boo fue protagonista excluyente de otros ciclos y en la última versión de Titanes en el Ring, en 2000, por América, ya sin Karadagian, "el maldito" no participó por problemas de salud y su figura se extrañó demasiado.