Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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Un encuentro político que derivó en expresión de arte

El martes venidero se cumplirán 50 años de la primera edición del acontecimiento cinematográfico más importante de nuestro país. Tita Merello, Mirtha Legrand, Hugo Del Carril y, entre muchos otros, Luis Sandrini, participaron de aquella histórica cita donde Errol Flynn le quedó debiendo 50 mil pesos al Casino.




El martes venidero se cumplirán 50 años de la primera edición del acontecimiento cinematográfico más importante de nuestro país. Tita Merello, Mirtha Legrand, Hugo Del Carril y, entre muchos otros, Luis Sandrini, participaron de aquella histórica cita donde Errol Flynn le quedó debiendo 50 mil pesos al Casino.

Agustín Neifert
Especial para "La Nueva Provincia"












 Al cumplirse una década desde la primera edición del Festival de Cine de Mar del Plata, la revista "Primera Plana" definió así los objetivos de aquel encuentro: "entretener al pueblo, promocionar la obra del gobierno y difundir la imagen del país en el exterior".


 Cuarenta años pasaron desde que se imprimieron esas palabras y 50 desde el acontecimiento que, con altibajos, lograría dejar estela hasta nuestros días.


 El primer Festival de Cine de Mar del Plata, reconocido por la Federación Internacional de Asociación de Productores de Filmes (FIAPF) como competitivo, se realizó en marzo de 1959 y fue impulsado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina. Con posterioridad se sucedieron otros diez, desde 1960 a 1966 y durante los años 1968 y 1970.


 Cuando se reanudó el festival en 1996, se lo identificó con el número "12", porque el entonces director del Instituto de Cine Julio Maharbiz sumó el de 1954, que no fue competitivo, aunque tuvo claros fines políticos.


 La cita contó con la presencia del entonces presidente Juan D. Perón, quien no permaneció hasta el final, pero se convirtió en la figura estelar y utilizó el marco para lanzar, el 10 de marzo, la campaña proselitista con vistas a las elecciones de abril de ese año.


Un cuadro de situación.





 En 1954 Argentina atravesaba diversas contradicciones económicas. El festival de cine, con su cuota de glamour debía servir para conjurar esa imagen.


 En la década anterior, el cine argentino había soportado --con consecuencias funestas para sus mercados en América Latina-- la restricción en el envío de película virgen, impuesta por los Estados Unidos como castigo, debido a la posición adoptada por nuestro país durante la Segunda Guerra Mundial. Como respuesta, el gobierno dispuso en 1949 limitar la exhibición de películas norteamericanas.


 Los primeros pasos para revertir esa situación se dieron en 1950, con la firma de un tratado entre la Argentina y la Asociación Norteamericana de Productoras de Filmes (MPEA, en inglés). La entidad, creada en 1945 y presidida por Eric Johnston, perseguía un "mercado libre", pero rechazaba cualquier política de reciprocidad.


 Los resultados "positivos" de ese acuerdo comenzaron a apreciarse en 1952: sobre un total de 321 estrenos, 210 fueron norteamericanos.


 En 1953, el subsecretario de Informaciones y Prensa Raúl A. Apold fue invitado a Hollywood, donde se entrevistó con Eric Johnston y le comentó el proyecto de realizar un festival de cine en Mar del Plata, pero a condición de que "los norteamericanos se comprometieran a enviar una delegación importante en número y calidad".

El gran día.




 El festival se inauguró el 8 de marzo.


 Perón llegó a Mar del Plata dos días antes, después de diez años sin pisar la ciudad, que consideraba un balneario de "los contreras".


 La "perla" del Atlántico era para entonces un escenario sustancialmente diferente: de ciudad turística de la clase alta, había devenido en playa popular, merced al turismo social.


 Las delegaciones viajaron en el "tren de las estrellas"; fueron conducidas hasta el Hotel Provincial --sede del festival-- en 25 automóviles Mercedes Benz cedidos por Jorge Antonio (personaje de la época), recibidos por Perón y agasajados con una cena por Apold.


 Eric Johnston, el director Frank Borzage y los actores Mary Picford, Errol Flynn, Jeanette MacDonald, Irene Dunne, Joan Fontaine, Edward G. Robinson, Fred MacMurray, Robert Cummings, Walter Pidgeon, Ann Miller, Jeffrey Hunter, Charles Rogers, June Haver, Claire Trevor, Gene Raymond, Lori Nelson, Corinne Calvet, Barbara Rush, Katherine Hughes, Susan Cabot y Rosita Moreno, integraban la delegación estadounidense.


 Tita Merello encabezaba el reparto local, que completaron Mirtha Legrand, Laura Hidalgo, Fanny Navarro, Olga Zubarry, Iris Marga, Analía Gadé, Christian Galvé, Amelia Bence, Nelly Panizza, Mecha Ortiz, Malvina Pastorino, entre las mujeres.


 Luis Sandrini, Enrique Muiño, Hugo del Carril, Narciso Ibáñez Menta, Santiago Gómez Cou, Juan J. Miguez, Juan Carlos Thorry, Carlos Cores, Pedro Maratea, Daniel Tinayre, Luis C. Amadori, Atilio Mentasti y Antonio Merayo, en la cuota masculina.


 Zully Moreno --también invitada-- permaneció en Buenos Aires, en trance de dar a luz a su único hijo.


 Los franceses aportaron a Vivianne Romance, Michel Simon, Nicole Maurey, Dany Robin, Christine Carrére, Danielle Godet, Frank Villard y el director André Cayatte. Los españoles, a Aurora Batista, Maruja Asquerino, Ana Mariscal, Jesús Tordecillas, Fernando Fernán Gómez, Marisa de Leza, Ana Esmeralda y José Luis Saenz de Heredia.


 De Italia arribaron Isa Miranda, Bianca María Fabbri y Lyla Rocco. De Gran Bretaña, Trevor Howard, Mai Zetterling, Emeric Pressburger y Michael Powell. Polonia envió a Lidia Korsac y al director Aleksander Ford; Rusia, a Serguei Bondarchuck y Natalia Mevedieva, mientras que Canadá estuvo representada por Norman Mac Laren.


 Sumaron 18 las delegaciones extranjeras y se exhibieron 52 filmes en pantallas normales, en Cinemascope y 3-D (Tercera Dimensión).

Cierre y balance.




 La clausura del festival se realizó el 14 de marzo con un banquete y la entrega de los premios Cóndor, otorgados por la Academia de Ciencias Cinematográficas, que en 1954 era presidida por Amadori. A su vez, Raúl A. Apold obsequió a cada delegación una "columna de ónix rematada por el escudo peronista".


 El costo del festival ascendió a 4.841.000 pesos. La cifra incluyó los gastos de traslado y estadía de las delegaciones, "barriles" de whisky y la deuda de 50 mil pesos que Errol Flynn dejó en el Casino.


 "No vamos a cobrarle su mala suerte en la ruleta nada menos que a Errol Flynn", fue la frase de Perón rescatada por la prensa.


 El titiritero del festival fue Raúl A. Apold. Según el historiador de cine César Maranghello, el éxito del encuentro le significó un ascenso político, pues su dependencia pasó a denominarse Secretaría de Prensa y Difusión.


Lo que se vio.







 Entre los títulos más destacados estuvieron El manto sagrado, de Henry Koster; Moulin Rouge, de John Houston; El desconocido, de George Stevens; Música y lágrimas, de Anthony Mann; Los inútiles, de Federico Fellini; Pan, amor y fantasía, de Luigi Comencini; Larga es la noche, de Carol Reed; El trigo joven, de Claude Autant-Lara; El regreso de Vassilli Bortnikov, de Pudovkin; y las nacionales El grito sagrado, de Luis C. Amadori, y La calle del pecado, de Ernesto Arancibia.


 También se instaló un enorme escenario al aire libre, donde se ofrecieron espectáculos musicales a cargo del violinista ruso David Oistraj, de Tito Schippa, Helena Atizmendi, Tatiana Nicolaeva y el ballet estable del Teatro Colón.