A orillas del Paraná
Aquellas aldeas alemanas
Una historia apasionante todavía guardan los alemanes que llegaron décadas atrás desde las tierras situadas junto al Volga. Están concentradas en las aldeas que, en diversos lugares del país, aún cobijan muchas costumbres de los antepasados. Las de Entre Ríos son algunas de ellas. ¿Las recorremos?
Para comprender por qué el nuevo circuito turístico de Entre Ríos se llama "Aldeas Alemanas del Volga" --río que discurre por Rusia pero no por tierras germanas--, hay que remontarse a la historia de amor del Zar ruso Pedro II con una mujer alemana, convertida por boda en la emperatriz Catalina La Grande, quién gobernó muchísimos años luego de la temprana muerte de su esposo.
La zarina, que vislumbró que la comarca cercana al río Volga podía ser una importante cuenca cerealera, dispuso por manifiesto traer de su país natal a un grupo de agricultores, a quienes prometió muchas más cosas de las que cumplió.
Los primeros campesinos llegaron a Rusia en 1763, escapando de la tiranía de sus príncipes, de ocupaciones extranjeras y de dos guerras: las napoleónicas y la de los siete años.
Durante los primeros cien años mantuvieron su nacionalidad y funcionaron como una provincia alemana dentro de Rusia, hasta que el país que los había acogido les exigió, entre otras cosas, que los hombres cumplieran con los siete años del servicio militar, cinco en el mar y dos en tierra.
En suma, que se rusificaran.
"En 1876 mis antepasados comenzaron a mirar hacia América", relató José Gareis, joven agente de viajes y periodista, quién agregó los entusiasmó que en la Argentina el entonces presidente Nicolás Avellaneda había promulgado ese año la Ley de Inmigración.
Los primeros inmigrantes. Fue así que un año después el primer contingente de alemanes del Volga llegó a Buenos Aires y fundó cerca de la ciudad bonaerense de Coronel Suárez las Colonias 1, 2 y 3 --actualmente Santa María, San José y Santa Trinidad-- y también la colonia Hinojo.
A fines de ese año vino otro grupo de 104 personas que se alojaron unos días en el Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires y luego en la Colonia General Alvear de Diamante.
Aquellos inmigrantes no imaginaron que las primeras cinco aldeas que fundaron, Villa María --la aldea madre-- y Protestante, Spatzenkuter, Salto y San Francisco, se iban a convertir, en los albores del siglo XXI, en un circuito turístico cultural a orillas del río Paraná.
La historia cuenta que el 21 de julio de 1878 las familias dejaron el campamento y se instalaron en aldeas en las que construyeron casas, talaron montes y sembraron tanto trigo que a los dos años ya lo exportaban a Europa, a la vez que levantaban iglesias de estilo gótico alemán, arenadas y con altas torres cónicas.
Gareis aportó un dato, del que admitió que lo encontramos casualmente durante una investigación histórica, hace pocos años. Se refiere al premio que ganó en Europa el trigo de la colonia entrerriana de Alvear.
"Nuestros abuelos nunca se enteraron", reflexionó.
Es interesante saber que en la organización familiar imperaba el patriarcado, ejercido casi siempre por el abuelo, y en la comunidad el "forther", anciano elegido por la gente.
Una marca en las viviendas. En aldea Protestante, cuyo nombre deriva del origen evangélico de sus habitantes, se evidencia el contraste edilicio entre las casas antiguas y recicladas con los modernos chalets.
Algunas casas viejas tienen pequeñas ventanas en el techo a dos aguas, similares a las que tenían sus hogares del Volga.
En cambio, hay otras de diseño alemán, con techos planos y fachadas coronadas por columnas, que resurgieron en el paisaje entrerriano, tan alejado de las intensas nevadas que azotaban la comarca rusa del Volga.
Las primeras casas, en las lomadas de Entre Ríos, eran de paredes blancas y puertas y ventanas de color verde oscuro.
"Las viejas casas están asentadas en barro, tienen paredes de 70 centímetros de ancho y se construyeron con ladrillos mucho más grandes que los comunes", informó Patricia Taborda.
Para la guía, el circuito turístico Aldeas Alemanas del Volga es un recorrido donde el atractivo principal es la gente y su rica historia.
A su entender, lo importante es que este nuevo producto turístico está llegando para su comercialización a las agencias de viajes y que ya se cuenta con los primeros folletos del circuito.
Y rescata, de las viejas costumbres, los minuciosos bordados en manteles y cortinados y la repostería artesanal.
En "La Alemanita", de aldea Protestante, la familia Schulz elabora mermeladas con frutas frescas, dulce de leche y mamón y zapallo en almíbar.
En Valle María --Marienthal en las comarcas del Volga-- la iglesia de la Inmaculada Concepción tiene un friso de colores tenues que cubre totalmente el altar abovedado.
El padre Juan Frank cuenta que lo pintó la artista de Paraná Amanda Mayor.
Tiempo atrás, Valle María se destacó por la cunicultura, especialmente la crianza de conejos de angora, el origen de una industria textil con pequeñas pymes que fabrican puloveres.
Después de emigrar hacia el nuevo mundo, dejando a orillas del Volga la historia de sus antepasados, los alemanes que recalaron en Entre Ríos encontraron en las lomadas entrerrianas la tierra que buscaban para vivir y trabajar en paz.
CORINA CANALE
(desglose)
Entre pasodobles polcas y valses
Ahora que el tiempo ha pasado y que ya no se levanta al alba para ir a trabajar al campo, don Juan Pedro Krapp, 78 años, casado con Rosa, está mucho más cerca de su acordeón a piano de marca italiana, "Maestropiano", de fuelle de cartón.
En su casa de Valle María, en un patio poblado de helechos y tacos de reina, ejecuta polcas, pasodobles y valses.
Cuenta que, antes, los casamientos en las aldeas duraban, por lo menos, tres días y el acordeón era la alegría.
Ahora, cuando las fiestas ya no son tantas ni tan largas, se dedica a diseñar siluetas en hojalata, a las que pinta de negro y sujeta a la fachada clara de su casa.
Para aquellos casamientos se armaban carpas gigantes y la pista de baile era el patio de tierra, que se regaba y se cubría con sal gruesa, "para no levantar polvareda", recuerda.
Las niñas en edad de casarse tenían que bordar doce pañuelitos blancos, porque la tradición decía que al finalizar la tarea seguramente les propondrían matrimonio.
El día de la boda --cuando la novia ya estaba vestida--, los tíos y las mujeres mayores la escondían en una habitación y afuera comenzaba un remate entre ambas familias, y la novia no era liberada hasta que el tío mayor consideraba que la oferta era justa.
Ese dinero le servía al nuevo matrimonio para enfrentar los gastos de los primeros tiempos.
Saliendo de Valle María, en el kilómetro 26 de la ruta 11 que lleva a la aldea Spatzenkuter, se encuentra el puesto Parador 26, donde Gustavo Schoenfeld comenzó vendiendo solamente frutas, verduras y huevos.
Actualmente, Gustavo vende trabajos en cuero, mermerladas, escabeches, quesos con orégano y pimienta, salames caseros y la exquisita torta alemana "rifelckuchen".
"La apertura del puente Rosario-Victoria nos trajo muchos turistas para este lado", afirma el comerciante, mientras circula un mate forrado en cuero de carpincho --vale 22 pesos-- del que dice "me los trae una artesana de Gualeguay".
Junto a su puesto rutero Gustavo exhibe un vehículo largo, de madera, que perteneció a sus antepasados y que se popularizó como "carro ruso", porque así llamaron los nativos a estos inmigrantes --una denominación aún vigente-- con el que los fines de semana organiza paseos turísticos.
Pero también está empeñado en levantar un museo, en un edificio de 1895, para reunir testimonios del pasado como herramientas de labranza, libros, cuadros, fotos y trajes.
En aldea Spatzenkuter está el cementerio más viejo de las aldeas, al que suelen visitar los historiadores, donde las cruces de hierro trabajadas y los discos en los que se graba el nombre de los difuntos, aún se hacen con los moldes que trajeron los pioneros.
Pero es en aldea Salto donde el visitante encuentra huertas, jardines y corrales de animales domésticos, como gallinas coloradas y chanchos alimentados a granos.
Allí vive Rita, una aldeana que lleva un pañuelo anudado en la nuca, como lo usaban sus ancestros, y también don Luis Ruhl, que a pesar de tener en el garage un moderno auto de marca francesa, asegura que prefiere usar el carro ruso que tiran "Pocho" y "Chispa".
Y si se trata de gastronomía, sin duda la mejor está en el Comedor Munich, en aldea Brasilera, donde los fines de semana, Irene y Eduardo Heim preparan lechón con "filzer", un pastel dulce que pega bien con el cerdo.
El plato opcional son las milanesas de tararira.
Gareis cuenta que entre los primeros inmigrantes que llegaron a América un solo grupo se radicó en el sur de Brasil, donde al poco tiempo comprobaron que la tierra no era la que precisaban para sus cultivos y decidieron emigrar a la Argentina.
Como un homenaje al bello país que los había acogido con amor bautizaron a su aldea como Brasilera.
Dónde están
Las Aldeas Alemanas del Volga del departamento de Diamante se agrupan en un triángulo cuyos vértices son las ciudades de Paraná, Diamante y Crespo, a corta distancia una de otra.
La población
En total, en las cinco aldeas cercanas a Diamante viven 6 mil personas. La más poblada es Valle María, con 4.000 y la menos Salto, que tiene, apenas, 50 personas.
El tour
La agencia de viajes Corditur (0343) 485-3064 opera el "Tours a las aldeas alemanas", que incluye recorrido con guías, si es necesario bilingües.
Dónde comer
Un lugar para almorzar o cenar es el Comedor Munich, en Aldea Brasilera (0343) 485-3064 y 485-3015. Atienden personalmente Eduardo y señora.
Un plato típico
Existe repostería en aldea Protestante, "La Alemanita", de la familia Schulz, que además prepara el "pirok", la comida que los alemanes comenzaron a cocinar en las heladas tierras del Volga por las calorías que aporta. Una empanada con masa de pan casero rellena de carne, cebolla y repollo, que comen con cerveza negra.
Todos a los años
En Crespo se realiza anualmente la Fiesta Nacional de la Colectividad Alemana.
Dónde informarse
Más informes se pueden conseguir, en Diamante, al (0343) 498-1244; en Paraná, al 0800-555-9575 y en la Capital Federal, en Casa de Entre Ríos, situada en Suipacha 844, con teléfono (011) 4326-2573 o al e-mail: turismo@entrerios.gov.ar