En Argentina se harán las primeras heladeras sin gases contaminantes
BUENOS AIRES (DyN) -- Una fábrica argentina de electrodomésticos será la primera en toda América en producir en serie dos líneas de heladeras que utilizan gases ambientalmente amigables, que no tienen consecuencias sobre la capa de ozono ni el efecto invernadero.
Las heladeras --producidas por la firma Autosal para sus marcas Kohinoor y Columbia-- utilizarán la tecnología denominada "Greenfreeze", desarrollada por Greenpeace, que, desde entonces, pugna para que las empresas fabricantes de electrodomésticos se reconviertan y dejen de utilizar en sus sistemas de refrigeración los gases nocivos para el medio ambiente.
Así, mientras la década pasada vio como muchas de las grandes marcas europeas se reconvertían y comenzaban a utilizar las llamadas tecnologías limpias, en la Argentina, la industria nacional de heladeras se debatía entre la supervivencia y la desaparición, en una lucha desigual de consecuencias trágicas: sólo se mantuvo en pie una de las cuatro empresas que habían iniciado los trámites para obtener créditos internacionales destinados a financiar la reconversión ambiental.
"Nuestro desafío es ser los primeros en utilizar esta tecnología, para lo que tuvimos que hacernos cargo de la reconversión, pero no queremos ser los únicos e invitamos a nuestros competidores a seguir este camino", sostuvo Ricardo Canevaro, director de Autosal.
Durante una recorrida ofrecida a la prensa por las instalaciones que la empresa posee en la localidad puntana de Villa Mercedes, el directivo anticipó también que, la línea "verde" de las dos marcas de la firma, comenzará a venderse en los primeros días de diciembre.
Desde el punto de vista técnico, los nuevos modelos utilizarán dos gases ambientalmente amigables: el ciclopentano en el aislante y el isobutano como gas refrigerante inyectado al motor.
Gases "sucios". Ambos gases reemplazan a los más utilizados por la industria, el HFC-134 usado como refrigerante en reemplazo de los ya prohibidos CFCs y el HCDF-141b como expansor de la espuma aislante.
Según Greenpeace, el HFC-134a es un gas "promovido por la industria química que, si bien no daña directamente la capa de ozono, tiene una alta incidencia en el calentamiento global", mientras que, el HCFC-141b "daña la capa de ozono y, además, tiene un potencial de calentamiento global 1.800 veces superior al dióxido de carbono".
En cambio, los gases alternativos (el ciclopentano y el isobutano) además de tener un efecto neutro en su relación con el medio ambiente, poseen la ventaja de que pueden producirse en forma local, ya que son derivados de hidrocarburos que sólo requieren de una demanda razonable para ser fabricados en el país.
El isobutano, además, tiene un beneficio extra: aumenta un 8 por ciento el rendimiento de los motores y reduce, en consecuencia, el consumo de energía eléctrica.
En el mundo, la gran mayoría de los fabricantes ya había producido el reemplazo de los CFCs de la espuma aislante por los HFCs o por el ciclopentano, pero no todos adoptaron el isobutano como sustituto del gas refrigerante, en un proceso que los ambientalistas denunciaron como "maquilla verde".
Además, en general, las empresas multinacionales eligieron reconvertir sus productos dirigidos al mercado europeo, donde los consumidores comenzaron a exigir tecnologías limpias, mientras mantuvieron los gases contaminantes en las líneas instaladas en los países subdesarrollados.
Emiliano Ezcurra, de Greenpeace, consideró que la apuesta de Autosal "es un ejemplo a imitar por el resto de la industria, porque si una empresa mediana de nuestro país pudo hacer este cambio, con más razón pueden hacerlo grandes empresas como Bosch, Electrolux y Whirlpool, que utilizan esta tecnología en sus fábricas en Europa y continúan resistiéndose a aplicarla en América Latina".