Historia de una hermosa jornada de pesca en Punta Tejada

1/11/2020 | 15:22 |

Corvinas, palometas, gatuzos, pez palo, bagres, alguna raya y un lenguadito.

Por @nestorpescador

   Una semana agitada termina, y viendo que el pronóstico del diario daba buen clima, decidimos afilar anzuelos y preparar todo para navegar a la mañana del sábado 31 de octubre.

   Nos levantamos ansiosos, sin despertadores de por medio a las 6.30, con todo preparado para una larga jornada de pesca. 

   Salimos del Club Náutico Bahía Blanca y con la ayuda invaluable de Narciso bajamos el semirrígido y prendimos motores rumbo a Punta Tejada, un punto deseado por todo pescador con capturas siempre sorprendentes.

   Emprendimos el viaje a las 9, nos esperaban unos 60 kilómetros para tan deseado lugar.

   Con un mate para cada uno (cosas del COVID-19) fuimos recorriendo el canal principal hacia Pehuen Co, observando el paisaje hermoso que regala nuestra ría (un lugar poco conocido por el bahiense pero realmente precioso).

   Tras 80 minutos de navegación ya estamos en Punta Tejada, analizando el lugar para buscar el mejor lugar para fondear, ya que nos quedan dos horas de baja mar. Buscamos unos cuatro metros de profundidad y tiramos todas las líneas al agua. 

   ¡Primer pique! Sí, una hermosa corvina rubia, la primera de la temporada.

   Segundo y tercer pique, dos hermosas palometas —merece un capítulo aparte por sus fabulosos piques llevándose la línea para todos lados a una velocidad realimente asombrosa—.

   Luego, analizando la marea, largamos dos equipos de tiburón de fondo.

   La carnada elegida fue la lisa (se usan anzuelos biodegradables para no dañarlos en caso de no poder sacárselos). Una la tiramos con punta de caña y la otra con un globo para darle más distancia de la embarcación.

   Lamentable no tuvimos ningún pique, pero el lugar tenía todo para que se de la pelea de semejantes escualos. Hay que seguir intentando. La verdad que fue una hermosa jornada de pesca en un ámbito realmente precioso.

   La pesca: gran cantidad de corvinas, palometas y gatuzos grandes. Los poderosos chuchos no se hicieron desear, pez palo, bagres, alguna raya y un lenguadito.

   Ya por cerrar la jornada de pesca —que fue superior a lo que pensábamos— un pique en las cañas de variada que no paraba de llevarse multifilalento, una linda pelea de más de media hora con equipo liviano y salió un hermoso pez violín, conocido también como melgacho o pez guitarra. 

   A las 17 emprendimos la vuelta al club, escoltados por delfines.

   Regresamos con las manos destruidas de la cantidad de pesca que realizamos y con la alegría de haber pasado un hermoso día de pesca con amigos.

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