Omar Giovannini, una vida entre bochas, amigos y su club de barrio: Tiro Federal
A los 75 años, el histórico jugador y dirigente fue homenajeado en el marco de un torneo individual que lleva su nombre y que se inicia hoy a las 14.
La noticia lo tomó desprevenido, fue una gran sorpresa. Mientras en su casa ultimaban detalles para recibir a la familia y su esposa preparaba milanesas, emprendimiento con el que ambos siguen trabajando juntos, Omar Giovannini recibía la noticia de que el Club Tiro Federal había decidido homenajearlo por su trayectoria como jugador y dirigente de bochas.
“En realidad no sé si es merecido, pero estoy muy agradecido. Gran parte de mi vida transcurrió en mi querido club”, dice con la sencillez que lo caracteriza.
Y, enseguida, agradece el gesto de la actual dirigencia, encabezada por Sergio Botta.
“Ellos tomaron la posta después de tantos años en lo que se luchó, junto con otros amigos, para sacar adelante las bochas del club. Me dijeron que la decisión fue por unanimidad de la comisión directiva”, agrega emocionado.
A su lado está Marta, su compañera de toda la vida. Hace apenas unos meses celebraron 50 años de matrimonio, otra historia de fidelidad que acompaña, casi en paralelo, su recorrido por Tiro Federal.
Hablar del apellido Giovannini es hablar del club, ya que su historia comenzó cuando tenía 12 años.
“Tiro estaba acá a la vuelta y un vecino quiso formar un semillero. Éramos un montón de chicos”, expresa señalando que desde su casa, en calle Rivadavia, hasta el club, ha que caminar pocas cuadras.
Aquellas primeras partidas se jugaban en una vieja cancha techada de chapa, muy distinta a las actuales. Cuando llegaban los mayores, los chicos debían dejarles el lugar.
Con el paso de los años fue creciendo como jugador. Integró selecciones bahienses en encuentros amistosos por la región, pasó por distintas categorías y terminó debutando en Primera en una época en la que las bochas movilizaban multitudes.
“Los clubes se llenaban. Jugaba Tiro Federal y venía toda la familia. Estaba la cantina, los amigos; era una reunión social además de un partido que se extendía por largas horas porque se jugaba a 18 tantos”, resalta.
Recuerda con nostalgia las numerosas canchas que existían en Bahía, como las de Liniers, Pacífico, Huracán de Ingeniero White, Bochín Club, Sixto Laspiur y tantas otras que hoy forman parte de la memoria.
Giovannini compartió equipos con figuras que dejaron huella. Uno de sus compañeros más recordados fue Luis Pettiti.
“Tuve la suerte de jugar con él durante varios años. También lo hice con Alfredo Coste y ‘Cacho’ Torres, con quienes protagonicé algunas de las campañas más importantes de Tiro Federal”, sostiene.
Entre los recuerdos aparece una final inolvidable disputada en la cancha de La Armonía, considerada por entonces la mejor de Bahía Blanca.
Del otro lado estaba un verdadero seleccionado de la época, encabezado por César Colantonio y Hugo Lastes.
“Era un equipazo. Perdimos esa final, pero fueron partidos que uno nunca olvida. Hablar de Colantonio era palabra mayor. Además, también estuvo en Tiro Federal, en la época donde el aurivioleta peleaba los certámenes de Primera”, señala.
Sin embargo, los momentos más importantes de su vida no siempre estuvieron dentro de la cancha, ya que hubo una época en la que la actividad atravesó una crisis económica.
“La cancha estaba cerrada, no había gente para trabajar y descendimos administrativamente por no poder pagar. Ahí me transformé en dirigente. Junto a ‘Cacho’ Torres, Aníbal Berger y otros colaboradores nos hicimos cargo de una situación que parecía irreversible”, contó.
“Nos dijimos: ‘¿Cómo nos vamos a ir así?’. Había que salir adelante. La comisión directiva autorizó un plan de pago, hicimos ocho cheques y empezamos de nuevo desde abajo”, repasa.
Fue el inicio de una nueva etapa para las bochas de Tiro Federal. Y en plena reconstrucción llegó otro personaje clave: Gumersindo Rodríguez.
“Cacho era amigo de él y lo convenció para venir. Lo que nadie sabía era que durante todo ese tiempo existía un detalle increíble. Un día Gumersindo me dice: ‘Omar, te tengo que contar una cosa. Nunca pedí el pase’, es un riesgo”, explica.
Gumersindo seguía figurando oficialmente como jugador de Bella Vista.
“Jugó todo ese tiempo con nosotros y nadie se dio cuenta. Nunca le pedían mostrar el carnet, porque todos lo conocían. Jugaba con la camiseta de Tiro Federal y el carnet decía Bella Vista”, dice sonriente.
Jugador y dirigente
La vida de Giovannini fue cambiando con los años. Cuando ya no alcanzaba con jugar, comenzó a ocupar distintos cargos dirigenciales.
“Nadie quería agarrar las bochas, así que hubo que hacerse cargo”, afirma.
Desde ese lugar trabajó para mantener viva la disciplina, acompañó la construcción de la cancha sintética y siguió vinculado al club incluso después de dejar la competencia.
“Cuando el club me llama, siempre trato de estar”, señala.
La última bocha
Entre tantos triunfos, ascensos y campeonatos, hay una jugada que permanece intacta en su memoria.
“Era una final. Venía jugando uno de los mejores partidos de mi vida. Le pegaba a todas, estaba iluminado. Pero en la última mano, después de un gran bochazo, me queda una sola bocha para definir el campeonato, siendo que la bocha del rival había quedado ganando como a tres metros del chico”, subraya.
“Conocía la cancha como nadie; incluso había participado en su construcción. El arrime era seguro, pero elegí mal la posición, choque una bocha nuestra y les regalé el partido a mis rivales. Me enojé muchísimo conmigo mismo. Les pedí disculpas a mis compañeros. ¿La consecuencia? No jugué más”, revela.
Lo dice sin dramatismo, aunque queda claro que aquella jugada marcó el cierre de una etapa.
"Fue mi retiro voluntario. Después llegaron la pandemia, una internación por COVID y los problemas de salud que me alejaron definitivamente de la competencia. Sin embargo, nunca se alejé del club. Voy a las comidas y, cuando puedo, entro a saludar a la comisión directiva, a mis amigos. Soy un socio vitalicio más, pero siempre me hacen sentir parte", revela.
Por eso el homenaje que recibió este fin de semana tiene un significado especial.
"La gratitud más grande se la voy a tener siempre a Sergio y su hijo Martín Botta. Se puso el club al hombro cuando había muchas dificultades administrativas y también se hizo cargo de las bochas cuando nadie quería hacerlo. Le dio una tranquilidad enorme a la disciplina y hoy todo marcha sobre ruedas."
Destaca que el presente deportivo no es casualidad.
"Clasificaron las cuatro categorías. Eso demuestra el trabajo que se viene haciendo. Sergio nació prácticamente dentro del club, lo quiere de verdad y eso se nota", afirma.
El fúbol, la otra pasión
Aunque las bochas ocuparon gran parte de su vida, no fueron el único deporte que lo apasionó. También tuvo una destacada etapa como futbolista.
Debutó como marcador central en la Primera de Tiro Federal y, más tarde, jugó durante tres temporadas en Unión de General Campos, en La Pampa.
"Me probaron, les gustó cómo jugué y me fui. En esa época me dieron unos pesos para firmar y para los viajes. Gracias a eso pude comprar mi primer auto", cuenta.
Cada fin de semana recorría la Ruta 35 en un viejo DKW, hasta que el club le permitió cambiarlo por una cupé Fiat 1500 roja que todavía recuerda con una sonrisa.
Pero una lesión de rodilla terminó poniendo punto final a esa etapa.
"Tenía que trabajar y ya tenía un hijo. Las operaciones no eran como ahora y preferí dejar el fútbol", puntualiza.
Con el tiempo, toda esa energía quedó concentrada en las bochas. Y también fue testigo de la transformación del juego de las lisas y rayadas.
"Cuando empecé jugábamos con bochas de más de un kilo trescientos; eran pesadísimas. Después cambiaron los materiales, llegaron las canchas sintéticas y hubo que modificar los reglamentos. Si hoy se siguiera jugando a 18 tantos en una cancha sintética, un partido duraría seis o siete horas. Había que adaptar el juego a los tiempos actuales", aclara.
"Las bochas de ahora pesan alrededor de 850 gramos. Antes era como agarrar una sandía", grafica entre risas.
Para él, reducir la cantidad de tantos fue un acierto.
También recuerda las dificultades de los primeros tiempos de las canchas sintéticas, cuando muchos jugadores todavía llegaban con alpargatas y había que cuidar una superficie que tanto esfuerzo había costado construir.
"Tuve la suerte de participar en la construcción de la cancha actual de Tiro Federal junto con 'Cacho' Torres y otros compañeros. Conseguíamos fondos como podíamos, porque todo se hacía a pulmón", expresa.
En esa época, además de jugar y dirigir, trabajaba de mozo, atendía su taller y salía a buscar publicidad para financiar los torneos.
"Mi señora también conseguía colaboraciones. Había que trabajar mucho para mantener viva la actividad", resalta.
Como jugador, asegura haber enfrentado a una generación irrepetible.
"Nunca vi una cosa semejante a Néstor Arce, César Colantonio y Roberto Domenino. Eran extraordinarios. También aprendí muchísimo de Alberto Pirra, que siempre me aconsejaba dónde pararme y cómo jugar en los torneos individuales. Domenino tenía la virtud de no fallar, era perfecto", sintetiza.
A su entender, el nivel de aquellos años fue difícil de igualar.
"Cada club tenía una figura que marcaba diferencias y cuando Tiro organizaba un torneo aniversario venían los mejores jugadores del país. Eso se hacía muy seguido y los premios eran suculentos, con medallas de oro, trofeos y copas", redondea.
El torneo de Tiro, hoy desde las 14
Un homenaje que vale más que un campeonato. A los 75 años, con hijos y nietos que hoy ocupan buena parte de su tiempo, Giovannini sigue disfrutando de Tiro Federal.
Este tarde de sábadol, desde las 14, se pone en marcha el torneo individual con 50 jugadores. Se utilizarán las canchas afiliadas a la ABB.
Además de los jugadores locales habrá presencia de Coronel Dorrego, Tornquist, Pedro Luro, Mayor Buratovich, Santa Rosa y Jacinto Arauz. Habrá 2.600.000 pesos en premios y está reservado a jugadores del grupo 2 y 3.
"Será un lujo estar presente. La emoción me invadirá, sin dudas, por tantos recuerdos transcurridos en el Oscar Guerrieri y en muchas canchas de Bahía", señala Omar.