Bahía Blanca | Jueves, 05 de marzo

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“Rosario es un club con una infraestructura enorme y tiene que ascender cuanto antes”

Marcelo Katz asumió en el tricolor puntaltense y armó un plantel acorde a las pretensiones que le exige una institución con una acaudalada historia futbolística y 8 títulos oficiales en la mayor de la Liga del Sur. Sí, subir a la A, casi una obsesión.

De Profe a entrenador y siempre, pero siempre más allá de seguir y ser admirador de otros deportes, ligado a la misma pasión: el fútbol.

Tras su exitoso paso por Unión Deportiva Bernasconi en la temporada 2025 de la Liga Cultural, Marcelo Katz retornó a nuestro medio y aceptó el complejo desafío de conducir a Rosario Puerto Belgrano hacia un destino que le es esquivo desde hace cuatro años: el ascenso a la A liguista.

“En el club hubo cambio de dirigencia y se armó un plantel prácticamente nuevo, pero el objetivo sigue siendo el mismo: pelear arriba, ser protagonista y tratar de subir de categoría”, manifestó el orientador bahiense criado en Villalonga que estuvo de invitado en el programa El Diario Deportivo, que se emite, de lunes a viernes, de 14 a 15, por La Nueva Play.

“A diferencia de otras entidades, Rosario cuenta con una infraestructura enorme y acorde para que el jugador menor y juvenil se pueda desarrollar sin tener que salir de las instalaciones del club. Eso es muy importante, y es lo que le hago saber a los directivos todos los días”, sentenció en una mesa donde los temas iban y venían sin perturbar la paciencia de nadie.

Un dato para tener en cuenta: Katz es el único orientador de los que hoy están a cargo de equipos liguistas de Primera división que cumple un cuarto ciclo en la misma institución, en este caso el tricolor puntaltense: fue el PF del cuerpo técnico liderado por Luis Díaz en 2006 y ya como entrenador fue finalista en el Oficial 2015 y arribó a la semi en el 2019.

Después la charla derivó a sus inicios como futbolista en Deportivo Villalonga y no le molestó tener que referirse a la realidad que sus hijos, Natalia y Nicolás, viven en Israel, país que desde hace seis días se encuentra en guerra.

“No estoy preocupado, pero si ocupado, ellos saben lo que está pasando, van al bunker cuando tienen que ir y tratan de hacer vida normal más allá de están encerrados en sus casas. Cada vez que hablamos, ellos me transmiten tranquilidad; sé lo responsable que son”.

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