Bahía Blanca | Viernes, 27 de febrero

Bahía Blanca | Viernes, 27 de febrero

Bahía Blanca | Viernes, 27 de febrero

“Le estoy devolviendo algo al club que me dio mucho”, dijo Héctor "Titi" Alejandro, presidente de Villa Mitre

Dirigente de vocación, de esos que escasean. A los 52 años, pasó a ser la cabeza de la institución que hoy poco tiene que ver con aquella donde creció.

"Titi" ocupaba el cargo de vicepresidente. Fotos: Emmanuel Briane y archivo-La Nueva.

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

Héctor Alejandro es Titi; ¿Titi? Sí, Titi, el mismo. Aquel pibe que se puso la camiseta siendo basquetbolista de Villa Mitre y se le pegó a la piel.

Lejos de destacarse como jugador, fue incorporando todo lo otro que genera un club desde los vínculos y que a la larga, por encima de la práctica del deporte, resulta lo más valorable y sentimental.

“Crecí en un Villa Mitre de amigos”, destaca.

Manteniendo su perfil bajo, este empleado de una empresa de servicios, con 52 años y padre de dos hijos, ahora defiende la camiseta desde otro lugar, movilizado por su esencia.

“Es un orgullo estar de presidente del club que quiero. Estoy devolviendo lo que Villa Mitre me dio cuando era chico”, reconoce.

Y a la vez aclara: “Mi vocación dirigencial no viene únicamente por el lado del club. En algún otro momento estuve en ayuda comunitaria, allá por 2001”.

Con el básquetbol como vehículo entró al mundo dirigencial allá por 2003 y en 2005 lo absorbió la comisión directiva.

De aquél vocal a este presidente, ocupó los cargos de secretario durante cuatro años, vicepresidente otros tanto, secretario de deporte y tesorero durante dos mandatos, primero con Daniel Rodríguez y después con Juan La Rocca.

En el recorrido, naturalmente, fue cosechando aprendizajes.

“No sé si hay vocación dirigencial como antes –compara Titi-, la gente no tiene tiempo, está cansada y se requiere un importante grado de responsabilidad, por eso, entiendo que debe haber diferentes factores, pero en un club grande como Villa Mitre, no es tan fácil encontrar gente que quiera asumir; sí hay quienes se comprometen con acompañar”.

-¿Y vos por qué aceptaste?

-Le estoy devolviendo algo al club que me dio mucho: mis amigos, mi formación, un lugar de encuentros, las salidas... Crecí en un Villa Mitre de amigos. No estoy haciendo nada que no debiera por el club que quiero.

-Devolución algo difícil de encontrar en estos tiempos.

-Es difícil, pero no es recriminatorio. Está vinculado a que la gente labura 16 horas; nosotros crecimos con menos tecnología. En nuestra época, salvo alguna actividad extraescolar, pasaba todo por el club.

Titi recuerda con nostalgia sus inicios en la escuelita nada menos que con Oveja Hernández, también el período de minibásquet que tuvo, entre otros entrenadores, al Colo Navallo, quien le dio lugar como monitor, cuando cumplió 17 años.

Buscando su lugar, finalmente en 2003, con toda la energía de una linda bandita de amigos empezaron a intentar poner en práctica desde adentro todo lo que tantas veces habían proyectado por afuera.

-Desde aquellos inicios trabajando con el básquet a hoy, ¿vas cerrando un círculo?

-No lo veo así. Es un orgullo estar de presidente del club que quiero. El día de mañana tal vez toque ayudar desde otra función, pero no es un cierre a la actividad de más de 20 años. Es la necesidad actual y el grupo de amigos que conformamos la comisión directiva me apuntó para ocupar este lugar. Si el día de mañana viene gente con la dinámica y objetivos como los que uno tiene y me toca ser un colaborador, no habrá problemas. Estoy devolviendo lo que Villa Mitre me dio cuando era chico.

-Cuando era otro Villa Mitre.

-Sin dudas. En algún momento estuve bajo una estructura en la que tratábamos de tapar algún agujerito y cuando nos estabilizamos, en mi caso fui aprendiendo con un maestro como Daniel Rodríguez, y tuve la suerte que llegara otro amigo como Juan La Rocca. Él determinó objetivos claros, obras, y fuimos por ese lado. Villa Mitre no es el mismo que hace 10 o 12 años. Más allá de hoy mirar al fútbol y al básquet con el nivel de profesionalismo, siempre ponemos todo para continuar con la impronta de lo que significa un club social.

-¿Qué aprendiste en estos años?

-Lo que aprendí en mi vida: evitar prometer lo que no pueda cumplir, lo que no tenga o dependa de terceros. Seguramente tendré mi impronta, pero no va a cambiar ahora lo que vengo haciendo en mi trabajo dirigencial desde hace más de 20 años. Hay una estructura y un grupo de trabajo. Más allá del orgullo de ser presidente, si venimos bien hay que mantenerlo y fortalecerlo.

-¿De qué manera se convive dirigencialmente con quienes te precedieron en el cargo como Daniel Rodríguez y Juan La Rocca?

-Con la personalidad que tienen ambos, que dejaron la huella en sus etapas de presidentes. Para mí es fácil, no soy de perfil muy alto, me dedico a trabajar y si bien las discusiones seguirán y saldremos con algún consenso, al ser amigos es mucho más fácil. En algún momento la última palabra la tenía Dani, después Juan y ahora la tendré yo.

-¿Te pesa cuando pensás eso?

-No, no, no...Soy un tipo de consensuar. Primero tengo que estar convencido para mantener una discusión. Ambos son amigos; yo aprendí de ellos.

-¿Es más sencillo o difícil el reemplazo cuando la vara quedó alta como en Villa Mitre?

-La vara está alta. Tuvimos un presidente con mucha fuerza, que va para adelante como loco. Creo que mi virtud fue haber visto cómo trabajó él para posicionar al club en el lugar que ocupa hoy, más allá de la estructura institucional o de dirigentes que también hemos estado a la altura. No tengo miedo a mantener la vara alta que tiene Villa Mitre. Aprendí como lo logró, y no estuvo solo. No sé cuánto más podremos elevarla. Pero con este grupo de trabajo de la comisión directiva y las subcomisiones, estoy seguro que vamos a poder mantenerla.

-¿Cuántos socios tienen?

-Unos siete mil. Creció mucho con el centro deportivo.

-¿Villa Mitre ya es una marca?

-Cuando hablamos de marca me imagino negocio. Villa Mitre debe ser la casa del socio. Hemos crecido exponencialmente. Antes había mucho más del amor propio de la camiseta. Ahora a eso tenés que sumarle el servicio. Y hoy, desde ese lugar se suma con un predio divino, lo mismo que el centro deportivo, la estructura de una cacha de básquet y de vóley que se fueron modificando, las mejoras en la cancha de fútbol... Entonces, se conjuga el cariño propio, con el servicio que brinda el club. Eso es hoy Villa Mitre.

-¿Indefectiblemente hay que tener un perfil empresarial para poder manejar hoy a Villa Mitre?

-Hay que tener un perfil interno administrativo empresarial, de lo contrario no funciona el mecanismo. Cada uno de nosotros en gran parte del día trabajamos para sostener nuestras vidas. Entonces, como ahora hay vida institucional desde las seis de la mañana hasta las once de la noche, se hace muy difícil si no tenés una gerenta, un gerente administrativo o un gerente contable. Ahora, desde el punto de vista institucional, es la casa del socio, de quienes quieran venir a un natatorio, a un gimnasio o bien a desarrollar alguna actividad en el predio o en la propia sede.

-Para lograr el crecimiento que tuvo Villa Mitre, ¿hay que articular directa o indirectamente con el privado?

-El privado ayuda a través de las publicidades, sin ninguna duda. Pero siempre hay que estar enfocado en lo que querés como club. Creo que el privado es fundamental para el crecimiento, pero ¡guarda!, porque el club sigue siendo del socio y de la familia.

-¿Cómo se logró la infraestructura que tienen actualmente?

-Se logró un predio a través de gestiones hechas en las décadas de los 80' y 90', mediante los gobiernos municipales de turno, con dirigentes que traccionaron mucho para obtener subsidios. La concreción del centro deportivo fue parte de venta de la pileta, un patrimonio importantísimo que tenía el club. A todo esto hay que sumarle ser ingenioso para el gasto. Y en el privado, la ayuda crediticia como para poner en funcionamiento todo ese centro deportivo. Ahora, cuando hablo de ser ingenioso me refiero a un centro deportivo que genere y posibilite mantener toda la estructura institucional, y seguir creciendo cuando se salde lo crediticio. Esto, siempre olvidando el gasto que genera el fútbol o básquet profesional, que se sustenta a través de la interacción con el privado, mediante publicidad.

-¿Está separado el Villa Mitre del fútbol y básquet profesional respecto de la práctica amateur?

-Hay un pensamiento histórico, que para que crezca el club, ninguna de las actividades profesionales que demande mucho desde lo económico absorba de lo que genera el club. Entonces, esas dos actividades profesionales se sustentan con esfuerzos propios de sus subcomisiones, más allá que el club está atrás y al momento de afrontar la competencia se evalúa en conjunto de dónde generar recursos.

-¿Qué significa internamente en Villa Mitre la Liga Nacional de Básquetbol y la Primera Nacional?

-Deseo y me encantaría como a todo socio e hincha de Villa Mitre que llegue a la Primera Nacional. También, creo que estamos haciendo un buen camino en la Liga Argentina de Básquet, asentándonos, y hasta estuvimos cerca de subir a la Liga Nacional. Cuando la situación económica se encuentre más estable o podamos, seguramente encararemos para hacer una Liga Nacional, pero eso lleva a pensar cómo jugarla, no subir por subir.

-¿Lo tienen como prioridad?

-No. Es un deseo llegar a la Primera Nacional y la Liga Nacional. Pero miro el club como un todo.

-Considerando ese todo, ¿cuánto fue cambiando tu mirada respecto del club?

-Imaginate que cuando arranqué, creí que lo más importante era salir campeón. Cuando lo conseguimos en 2008, veníamos de hacer erogaciones importantes y no lo lográbamos. Ese año salir campeón era un objetivo más y colocamos el parquet flotante. Después, cuando sumamos otros títulos, me di cuenta que la alegría duraba 24 o 48 horas, por lo que me generaba más concretar una obra. Igual, si me preguntás “¿querés salir campeón?”, te respondo que “sí”, a todo, pero no es lo único.

-¿En qué te favorece y perjudica ser hincha?

-No puedo separarlo. Lo que sí, desde que soy dirigente me considero mucho más racional y analítico, me tomo el tiempo prudente para responder. Eso me permite convivir con mi propio hincha, al que no quiero perder.

-¿Sos consciente que la exposición ahora se multiplica, en los buenos momentos y en los otros?

-Soy consciente de eso. De todos modos, no me veo demasiado expuesto, porque no es mi estilo, más allá de hacerme cargo de lo que me toque.

-¿Qué te gustaría haber logrado cuando finalice tu mandato?

-Que toda la gente que me deseó suerte, conocida y no conocida, lo siga haciendo con el mismo aprecio y cariño de estos días. Va a ser la mejor forma de tener un parámetro de lo que hice en el club. Saber que dejé algo.

-¿El desafío del cargo te general algún tipo de duda, incertidumbre, expectativa y hasta miedo?

-No. Nunca me lo planteé. Miedo le tengo a otras cosas... Sí asumo la responsabilidad de lo que genera Villa Mitre.

-Después de la asamblea, cuando llegaste a tu casa y cerraste la puerta, ya como presidente de Villa Mitre, ¿qué se te cruzó por la cabeza?

-Le di un beso a mis hijos (Felipe, de 17 años y Victoria, de 15),  y mi señora (Mariana), pero llegué como todas las noches, tarde. Lo único que me permite la estabilidad son ellos. Hasta podría decirte que siempre hay un porqué cuando uno toma este tipo de desafíos.

-¿Por qué?

-Prefiero guardármelo...