Lucha Argüello, la capitana emblema de Bahía: "El Seleccionado es mi vida, mi familia, mi casa..."
La puntaltense es la única jugadora del combinado mayor de la ABH que disputó los últimos 9 torneos. En el último Argentino el Naranja fue quinto y mantuvo su lugar en la elite nacional, como desde 2018. Una charla de pasión.
El Seleccionado Mayor femenino de la Asociación Bahiense de Hockey mantuvo por novena temporada consecutiva su lugar en la elite nacional, terminando en el quinto lugar del último Campeonato Argentino, certamen que reúne a los ocho mejores combinados del país.
Un logro que lejos de sorprender confirma una vigencia absoluta de uno de los equipos más emblemáticos de los últimos años del deporte local.
Ocupar un lugar de absoluto privilegio, midiéndose ante algunas asociaciones y federaciones que cuentan con otras plataformas (algunas arman sus equipos eligiendo entre jugadoras de toda la provincia) habla de algo superador. Y si se mantiene con el paso del tiempo, las camadas, cuerpos técnicos y dirigentes, es aún más meritorio.
Si pudiera comprimirse parte de ese ADN que llevó y mantiene a Bahía entre los mejores del país durante casi una década posiblemente todos los caminos nos dirijan a su capitana. Luciana Argüello es, además, la única jugadora que estuvo en todos los torneos desde el ascenso en 2017 hasta el Argentino que terminó hace unos días en Córdoba.
"Si no hubiera jugado en el Seleccionado de Bahía no se hubiera dado el resto de mi vida, básicamente", resume la puntaltense de 32 años, quien comenzó con hockey en Puerto Belgrano, siguió en Atlético Monte Hermoso y luego pasó a San Lorenzo de Almagro.
Entre algunas de sus virtudes, con apenas conocerla un poco a Lucha se la puede resumir como luchadora, sensible, humilde, pero siendo consciente del lugar ocupa. Pero, sobre todo, se la escucha, se la siente y se la ve como una apasionada. Muy apasionada. Y con otra virtud: una gran capacidad de poder transmitirlo. Incluso en una entrevista telefónica.
Tanto que se emociona hasta las lágrimas al hablar del hockey y de su camino recorrido o se le quiebra la voz al nombrar a sus compañeras. Tanto lo siente que lleva al Seleccionado tatuado en su piel con una naranja (el símbolo que resume el apodo de Bahía), así como también su característico número 5 que usó en Monte o los colores de San Lorenzo, donde juega y trabaja hace siete años. Y, donde también, lógicamente, es capitana. Una líder.
"El Seleccionado es mi vida —remarcó en una larga chara con La Nueva.—, ni más ni menos que eso. Es mi familia, mi casa, el lugar al que siempre quiero volver. Lo llevo en la piel y en esa naranja que tengo tatuada llevo a todas mis compañeras, entrenadores, kinesiólogos, profes... todos los que fueron parte de esta historia mía con Bahía. Lo llevo en la piel porque fue muy emocionante", contó Lu, quien viste la camiseta bahiense desde hace 17 años si tenemos en cuenta los combinados juveniles.
Antes de recorrer un poco su carrera cabe repasar el capítulo más reciente de Lucha y Bahía, que se terminó de escribir hace apenas unas días, con el quinto puesto en tierras cordobesas.
"Me traje sensaciones muy buenas. Siempre uno apunta a las semis, pero ya el primer día con el triunfo de Litoral contra Buenos Aires (NdR: a la postre subcampeón y campeón) cambió un poco todo", contó.
"El principal objetivo —agregó—, que era mantener la categoría, lo pudimos conseguir y es súper importante. Sobre todo porque todas las Selecciones están en un nivel muy bueno, ya no es más Buenos Aires y algún otro, sino que están todas peleando. Eso hace más valioso el mantener la categoría", comparó.
—¿Como fue jugar por la Permanencia?
—Lo más difícil es ir a jugar ese partido con toda la energía, después de la desilusión de no pasar a semis. Si bien empezamos perdiendo (ante San Juan), este equipo no deja de luchar hasta el final. Eso quedó demostrado, sobre todo, en los últimos dos partidos. Revertir un 2 a 0 no es nada fácil. Podríamos no haberlo dado vuelta, pero la entrega absoluta que tuvimos, la convicción y de la manera que fuimos a buscar esos partidos es recontra valioso y digno de admiración. A mí me emocionaba mucho ver cómo íbamos hacia adelante. Intentábamos, intentábamos hasta el final y poder dar vuelta esos resultados, creo que es más aprendizaje que ganar 5 a 0. Ver cómo reaccionamos y cómo nos manejamos en esa situaciones de presión, es de aprendizaje puro y para sacarse el sombrero.
—¿Sentiste un alivio cuando terminó?
—Sí, sin dudas. Y también de la manera que lo hicimos. Nos rompemos el lomo para estar en ese nivel, que es cada vez más complicado. Bahía se merece estar en lo más alto, las chicas que vengan se merecen jugar esos torneos a ese nivel, porque más allá de lo grupal y de defender la camiseta de Bahía, como deportista te suma muchísimo. Y las chicas que vienen de abajo se merecen jugar en la elite y seguir creciendo en ese lugar y era nuestra gran responsabilidad.
El campeón del último Argentino volvió a ser Buenos Aires, que se quedó con el título por sexto torneo consecutivo y que en esta edición contó con seis Leonas campeonas del mundo.
Ellas eran Delfina Merino (campeona en Rosario 2010 y elegida como mejor del mundo en 2017) y las otras cinco ganadoras del último título mundialista de Argentina y entre ellas la actual mejor jugadora del mundo (Sofía Cairó) y la mejor juvenil (Zoe Díaz). También estaban Lara Casas, Mercedes Artola y Emma Knobl.
—¿Cómo es jugar contra Leonas, sigue siendo especial o lo van naturalizando porque algunas de ustedes también la enfrentan en los clubes?
—Nunca voy a naturalizar jugar contra o con una (comparte plantel con Victoria Sauze en San Lorenzo) campeona del mundo. Nunca. Nunca lo voy a naturalizar porque lo que hicieron Las Leonas es algo increíble, pero sí es verdad que cuando entramos a la cancha lo hacemos sin pensarlo, porque es así, porque si te parás a pensar no hacés nada. Y Bahía siempre fue un poco de eso, de ser rebelde, de que no importe quién esté enfrente. Pero sí, no deja de ser un seleccionado muy poderoso y que sabés que cualquier error lo pagás carísimo.
—Gabriela Ludueña contó en 2023 que su sueño era jugar una final del Argentino con Bahía, ¿para vos también sigue siendo tu gran sueño?
—Sí, obvio siempre. Siempre soñamos con eso y sé que en algún momento va a pasar y, quizás, yo no esté en el equipo que lo logre. Pero sé que cada jugadora que pasó por el Seleccionado Mayor es parte de eso, porque en su momento, cuando yo era chica, las de antes han roto paredes y de a poquito es seguir trabajando para ir por más. Logramos las medallas de bronce (NdR: en 2018, 19, 21 y 23) y hay que seguir peleando y empujando para que se nos dé esa final. No tengo dudas de que va a pasar, por el trabajo que viene haciendo Bahía.
*Transmitir un legado: "Hubo una generación que se quitó el escudo para gana la guerra"
—Que sigan manteniendo su lugar en la elite con los años lo hace más valioso porque habla de que no fue sólo una buena camada, sino que hay todo un proceso detrás...
—Tal cual. Se sigue sumando gente joven, chicas que vienen con energía y con objetivos claros. Entienden todo a la perfección y eso hace que podamos mantenernos. También con bajas sensibles, por lesiones u otras situaciones, por trabajo o lo que sea. Gracias a Dios las que se suman lo hacen a la perfección y eso es muy importante. No fue solo una camada, sino toda un trabajo y un proceso de años que venimos haciendo las más viejas y las más chicas se enganchan muy bien. Eso habla muy bien del hockey de Bahía y eso me parece muy importante destacarlo.
—¿Qué tanto se preocupan por mantener esa esencia o ya está tan instalada que no hace falta ocuparse tanto?
—Creo que está muy instalado, si compartís un día con nosotras te das cuenta enseguida. No hace falta ni hablarlo, con los hechos se explica y entiende todo. La que viene, viene a sumar y las que estamos desde antes también apuntamos a eso: a buscar lo mejor para el equipo y para el grupo también. Si hablamos a nivel grupal, somos una familia. Y estas chicas que se suman son las hermanitas menores, es un poco eso... Eso es lo más valioso que hemos conseguido.
—¿Cómo lo lograron? Porque suena espectacular, y sin dudas que es así, pero debe haber llevado todo un proceso primero lograr ser un equipo y, encima, una familia. Porque en un Seleccionado hay jugadoras de distintos clubes, egos, etcétera. No debe haber sido fácil...
—Cuando yo era más chica había una brecha grande entre los clubes; había mucha pica, por decirlo de alguna manera. Y cuando llegábamos al Seleccionado todas querían lo mejor para Bahía, eso estaba claro, pero creo que hizo falta esa generación que se quitó el escudo para ganar la guerra. Fue genuino y del amor y de a poquito eso se fue contagiando. Nos dimos cuenta que para conseguir resultados eso era lo más importante. A partir de ahí, de desearle lo mejor a Bahía, creo que se fue construyendo y que hoy en día todas sean bienvenidas. Que seamos una familia, que nos defendamos como hermanas dentro y fuera de la cancha. Y eso hace que yo admire más a mis compañeras, porque me parece que lo que queda después es eso: las personas. Fue un proceso largo y eso hace que hoy en día todo se disfrute más.
—Con un buen grupo obviamente que no alcanza, también está su talento, ¿pero creés que esa parte grupal es fundamental para conseguir lo que consiguieron?
—Sí, porque fijate que a veces nos toca estar afuera y seguimos ahí apoyando y esos egos que por ahí mencionabas acá no existen. Por ejemplo (Agostina) Aguzzi, que hoy es la subcapitana, es una piba que cada vez que le tocó estar en el banco aportó y hoy en día tiene su premio, merecidísimo. Y así hay un montón de otros casos, esperando su turno, haciéndolo muy bien y sumando desde el lugar que le toca. A mí me pasa, por ejemplo, que como estoy mas grande cada vez me da menos. Y poder estar en el banco, sabiendo que la que está adentro nos está representando de la mejor manera, me deja muy tranquila. Para mí es una tranquilidad muy grande, porque sé que el día de mañana no voy a estar, pero sé que me van a estar representando a mí y a cada jugadora de hockey de Bahía con todo, de la mejor manera.
Este último torneo Lucha compartió la capitanía con Agostina Aguzzi quien además de cumplir este rol por primera vez en el Mayor, también fue clave con su gran nivel en el arco.
—Cristian Bossia (el DT) contó (en El Diario Deportivo) cómo tomaron la decisión de darle ese lugar, ¿qué habías visto vos en ella?
—Yo la venía viendo de cómo se manejaba. Siento que todas queremos lo mejor para todas, sino que somos competitivas y buenas compañeras, todas tenemos eso adentro. Pero creo que no todas tienen esa capacidad o no lo pueden exteriorizar y Aguzzi desde el primer momento lo hizo. Esa energía que tiene, la contagia. Esas cositas las voy viendo y hoy las veo en otras personas que son muy chiquitas y creo que en un futuro pueden llegar a tener ese rol también y me encanta. Porque en definitiva Bahía es eso: ir todas para el mismo lado, contagiar esa energía y defender nuestra esencia. Y Aguzzi lo entiende perfecto, poder darle ese lugar en este torneo para mí te diría que fue más importante que para ella. Poder entregar la cinta y reposar en que va a estar todo bien, es genial.
—Eso lo habías visto antes. ¿Después, cómo la viste?
—Superó las expectativas. Es una piba que tiene claro todo. Ni hablar de lo que es en el arco, tenerla en el fondo... Tener una arquera que entre y te dé la misma confianza que la titular no siempre se da y eso es espectacular y muy meritorio de Bahía, que sigue sacando arqueras buenísimas. Y hoy en día se sumó Delfi Pascualini y lo mismo. Poder compartir con ella, conocerla y saber que el día de mañana contamos con ella, habla muy bien del hockey de Bahía.
—¿Sos consciente lo que transmitís a las demás desde tu rol?
—Un poco sí porque me ha tocado tener a Maca Flores de capitana y referente y en ella pude ver la importancia de alguien que guíe. O un líder, como se le dice. En eso puedo ver lo que me quieren decir cuando me dicen lo que transmito. Pero en el día a día yo no hago más que exteriorizar lo que me hacen sentir las chicas. Es eso. Soy una piba que no se guarda nada, entonces todo el tiempo transmito lo que me hace sentir el equipo: seguridad, compromiso, confianza. Nada más que eso.
*Una vida en Naranja
A modo de cierre de lo que fue su reciente torneo con Bahía, Luciana realizó una publicación en su cuenta de Instagram, alternando fotos del último Argentino con otras históricas de su recorrido con el Seleccionado.
Una de esas imágenes era una carta que le había escrito su mamá Mireya, que se veía manchada con las lágrimas de Lucha cuando la leyó. O eso parecía.
"Sí, literal está manchada por eso. Esa es una carta que me hizo mi mamá para un torneo, como parte de una actividad que hicieron los padres. Es una carta a la que vuelvo cada vez que lo necesito. Me pasa que en lo deportivo me está pasando mucho más, por el paso del tiempo, por lesiones que arrastro, que no reniego porque fueron parte de seguir jugando con dolor y lo volvería a hacer mil veces más. Pero muchas veces me pregunto si estoy a nivel, si no... y esa carta siempre me hace volver a ser esa Lucha chiquitita que no le importaba nada, si jugaba bien, si jugaba mal, que sólo necesitaba estar en contacto con la bocha y con su compañeras. Siempre vuelvo a esa carta y este me pareció otro momento para hacerlo. Como decís vos, está manchada con lágrimas pero de emoción", explicó Lucha mientras volvía a lagrimear y cortaba sus frases por la emoción.
—Es como recuerda tu mamá en la carta, ¿seguís disfrutando del ruido del palo con la bocha?
—Sí, la verdad que sí, disfruto todo del hockey. La previa, ponerme la camiseta, el ritual de las cábalas. Todo. Ha sido y es un camino largo, con un montón de situaciones buenas y malas, que hoy me hacen sentir plena y con mucha gratitud. Todo eso me lo dio el hockey: mis amigas y las personas que mas quiero. No puedo hacer más nada que seguir disfrutando y hacerlo el tiempo que me quede.
—¿Qué significa para vos ser la única que estuvo en todos los torneos de Bahía desde el ascenso en 2017?
—Es un sueño. Nunca me imaginé en el primer Seleccionado estar 17 años después en el mismo lugar y haciendo las mismas cosas. Siento que es un regalo que no esperé merecer. Nunca lo esperé, siempre vivo el día a día, es la realidad. Siempre jugué cada torneo como si fuera el último y, me parece que eso es lo que me hace valorar cada vez que me llaman a la preselección y después quedar en una lista final. Para mí, es un estado de gratitud constante. Agradezco todo el tiempo, cada entrenador y cada compañera que tuve. En todo momento me siento agradecida y privilegiada, porque no es fácil. Gracias a Dios pude estar siempre y ojalá pueda estar muchos más, porque es un lugar que siento como mi casa, me siento muy bien y lo disfruto mucho. Es mi vida. Si yo no hubiera jugado en el Seleccionado de Bahía no se hubiera dado el resto de mi vida, básicamente. El ir a jugar a Monte, el tener la posibilidad de venir a jugar a Buenos Aires, venir acá, recibirme... todo. Hoy soy tan feliz, me siento tan plena... y eso sin dudas es por haber pisado el Seleccionado de Bahía. Entonces, ¿cómo no voy a estar agradecida? Sobre todo a las personas que lo hicieron posible. A mí, por ejemplo, me emociona mucho jugar con las hermanas Etulain (NdeR: vuelve a emocionarse...) porque las conozco desde chiquititas y Mauro fue mi primer entrenador en un Seleccionado. Entonces, que su papá haya confiado en mí y hoy en día poder compartir con ellas, sabiendo lo que eran ellas para él y todo... Para mí eso es muy emocionante y cada vez que estoy más vieja, veo más esas cosas... Uno mira para atrás y es toda una vida realmente, es más de la mitad de mi vida defendiendo esta camiseta. Es muy emocionante. También la tranquilidad de que si fue el último, di todo de mí. Dentro y fuera de la cancha. Sentir esa tranquilidad es muy importante.
—Bueno, te iba a preguntar qué significaba para vos Bahía pero ya no hace falta... hasta lo tenés tatuado...
—Es mi vida, ni más ni menos que eso. Es mi familia, mi casa, el lugar al que siempre quiero volver. Lo llevo en la piel y en esa naranja que tengo tatuada llevo a todas mis compañeras, entrenadores, kinesiólogos, profes... todos los que fueron parte de esta historia mía con Bahía. Lo llevo en la piel porque fue muy emocionante.
*Lo que pasó y lo que viene
Mientras cierra una nueva temporada en San Lorenzo, Lucha ya empieza a pensar en lo que viene con el Seleccionado.
"Siempre que termina un torneo hago balance y autocrítica, pero ya quiero estar mejor —sobre todo físicamente— para ver si puedo estar en la Preselección y ver si puedo sumar un torneo más el año que viene. Sé que depende de muchos factores, pero me pasa eso: termina un torneo y ya estoy pensando en el próximo. En prepararme, llegar de la mejor manera, en qué puedo corregir o mejorar. Soy así, me gana la ansiedad pero eso es lo lindo: tener esa motivación. Todos los días agradezco tener objetivos", resumió.
—En la previa también hablábamos con Cristian del equipo de trabajo que tenía, vos también viviste ese proceso de crecimiento, que supongo también fue una vara que fueron poniendo ustedes con sus logros...
—La Asociación hizo y hace muchísimo esfuerzo para estar a la altura de los resultados, de las jugadoras, de las necesidades. Entendimos muchas cosas con el paso del tiempo, por ejemplo la importancia de tener un kinesiólogo, que cinco partidos seguidos no son joda. El viedoanálisas, porque quiero destacar a Facu (Sanhueza) que no es que solo filma y nada más. Analiza el juego, tiene sus aportes, es muy importante. Todo eso suma, como las Jefas de Equipo siempre hacen un laburo enorme, estando pendientes todo el tiempo de que no nos falte nada. Sin dudas que hemos pasado por momentos en los que no había personas destinadas a eso y nos teníamos que hacer cargo nosotras y ahora tenemos simplemente que enfocarnos en jugar al hockey. Y, encima, ¡la calidad de los profesionales!, porque no van improvisados. Me pasa mucho con Jojo (Josefina Calió), que es kinesióloga y es buenísima, pero también es jugadora. Entiende todo perfecto, hay muchas cosas que no tenés que ni explicar. Tener todo ese cuerpo técnico es clave. En su momento también tuvimos psicólogo. Me parece que es algo que está bárbaro y suma un montón y ojalá el día de mañana podamos tenerlo.
—Cuando empecé a cubrir hockey se escuchaba más decir que Bahía se iba a medir contra provincias enteras, de un tiempo a esta parte ya no se remarca tanto eso, ¿fue algo que lo hablaron, para dejar de nombrarlo o algo así, o se fue disolviendo por los logros obtenidos?
—Creo que fue parte de este crecimiento que tuvo Bahía a lo largo de los años y de los momentos que pasamos. Nosotras jugamos contra rivales muy fuertes, con mucho nombre, y siempre con esa rebeldía, sin importar quien estaba enfrente y confiando en nosotras. Eso nos hizo dar cuenta y saber que los partidos se juegan, que no está nada dicho y que todo se puede lograr. Obviamente que depende de un montón de cosas, no sólo de la garra y el corazón, porque el hockey de Argentina está en un nivel increíble, no por nada somos los campeones del mundo. Pero me parece que eso se fue borrando por los hechos, por las situaciones que atravesamos, buenas y malas, que hoy en día nos hacen entender que esto es un deporte y que puede pasar cualquier cosa. Y, también, la calidad de jugadoras que tenemos. Y no sólo las que nos fuimos de Bahía o las que estuvieron en Selecciones Argentinas, sino también las que están o siguen en Bahía. A mí me toca compartir con Marti Orioli (jugadora histórica de Universitario) y no me deja de sorprender. Martina es, sin dudas, una de las mejores jugadoras que tiene Bahía, es una piba increíble, de verdad que no dejo de sorprenderme porque año a año está mejor. Y es una piba que siempre se quedó en Uni, en su club... Me parece que la confianza que tenemos en las jugadoras y los momentos que pasamos que nos hace enfrentarnos a cualquiera con la misma mentalidad.
—Encima ahora Martina y todo Uni tienen cancha de agua...
—¡Claro! Eso también nos hace crecer muchísimo como Asociación y eso me pone muy contenta que Uni pudo dar ese paso también. Se nota la diferencia.También se nota que con el formato de torneo que tienen, que con el empate vayan a penales australianos, porque tenías que ver a las pibas tirando penales acá. No les pasaba nada la bocha y Aguzzi, ni hablar, se hizo gigante en los penales.
—O Lucía Alejo, que era su debut en el Mayor y se hizo cargo en los shoot out...
—Sí, "Chachi" una bestia o Guada Brezzina, son nenas de las que fui Jefa de Equipo del Sub 14 (NdR: en 2019) y hoy en día verlas o escucharlas como se toman cada partido... aprendí mucho de ellas y descanso en ellas porque sé que hay futuro. Y presente también, porque ya llegaron.
—Recuerdo que esos penales los seguiste desde adentro de la cancha con ellas, haciendo de psicóloga...
—Ahí me di cuenta que quería ser profe. En ese torneo me di cuenta. Todo el mundo me decía que iba a ser profe y yo decía que no podía, porque las iba a traumar. Porque yo tuve una formación bastante exigente y no me veía en un rol de tolerancia, de nada... Y en ese torneo me di cuenta de todo lo contrario, de que era por ahí. Me lo hicieron dar cuenta ellas. A partir de ahí dejé la carrera que estaba estudiando y me vine.
—Es cierto que en todo es culpa del Seleccionado ja, ja...
—Ja, ja... todo es gracias... gracias al Seleccionado...
*Un poco de su vida en San Lorenzo
En 2020 y luego de superar una trombosis que casi la aleja de las canchas para siempre (ver historia acá), Lucha llevó su talento, sueños y garra a San Lorenzo.
Fiel a su estilo, se ganó su lugar, y es hace un tiempo capitana del primero equipo y también entrenadora de inferiores.
—¿Cómo viene todo en el club?
—Descendimos (de la A del Torneo Metropolitano), pero seguimos peleándola. Ahora apuntaremos a volver. Fueron muchos años aguantando y podía pasar. Sufrimos tres bajas sensibles este año, hicimos lo que pudimos. Nos costó la primera rueda y después nos acomodamos pero ya era tarde y tocó descender. Pero tenemos un equipo increíble, que te da la confianza de que vamos a seguir juntas y vamos a poder volver. Será otro desafío más, en definitiva lo que ha sido nuestra vida.
—Bueno, el gol del último ascenso de San Lorenzo lo hizo Dottori (bahiense, jugadora de Uni y compañera de Lucha en el Seleccionado), quien te dice que ahora te toque a vos...
—Sí, Dottori me abandonó (volvió a Universitario). No pude retenerla ahora. No dejo de admirarla, la veo ahora y digo "cada vez jugás mejor, querida". Ella quedó en la historia de San Lorenzo. Que haya sido una bahiense la que le dio el ascenso y haya escrito una página de la historia de un club tan grande como San Lorenzo no deja de ser un orgullo también. Y es algo súper valioso para mí, también porque la quiero mucho y sé lo qué es como persona y como jugadora.
—Antes fue una bahiense, ahora será el gol de una puntaltense...
—Ojalá... ojalá se nos dé. No importa quién haga el gol pero que se nos dé.
—¿Y después, en unos años?
—No sé que me espera, vivo el día a día...