“Estamos a un pasito de ir viendo la luz, pero es muy difícil reconstruir a Venezuela”
Rosmary Luján, jugadora de rugby venezolana en el equipo de Universidad Nacional del Sur, analizó la situación de su país tras la caída de Nicolás Maduro.
Periodista de La Nueva desde 1995, especializado en rugby y básquetbol; con colaboraciones en casi todas las secciones de la redacción (locales, policiales, regionales, Ritmo Joven, revista Nueva, Espectáculos)
En 2018 un grupo de cinco jugadoras de rugby provenientes de Venezuela iniciaron en suelo bahiense una nueva vida. Le dieron continuidad a sus proyectos deportivos y personales. También a sus sueños, dejando atrás la terrible situación en su país y enfrentando la angustia lógica por el desarraigo.
Entre ellas Rosmary Luján (32 años), quien llegó a ser atleta de alto rendimiento dentro del comité olímpico venezolano. Una base muy sólida que le permitió ser una excelente jugadora de rugby seven en nuestro medio ya que integró el primer equipo bahiense en coronarse campeón del Regional Pampeano (Argentino, 2010) y llegó al seleccionado de la Unión de Rugby del Sur.
En los últimos años Rosmary viene jugando en Universidad Nacional del Sur, aunque con menor continuidad por haber formado una familia.
La situación en su país y los hechos ocurridos en las últimas horas la mantienen a la expectativa y en contacto permanente con sus familiares, residentes en el pueblo de Bobures.
—¿Qué impacto te causó la operación estadounidense y la caída de Maduro? ¿Te sorprendió o lo esperabas?
—Se esperaba, por todos estos meses en que Estados Unidos estuvo acercándose, hablando y haciendo cosas al respecto. Todos estábamos a la expectativa. No estábamos seguros de si llegaría el momento, si pasaría, si no pasaría. Al principio era una incertidumbre porque todos pensamos en familiares, amigos y conocidos que están allá y que si ocurría algo, cómo iba a ser y demás. Y bueno, esta mañana cuando desperté… Mi mamá intentó llamarme en la madrugada, todo el mundo empezó a llamarse en realidad. Y al principio fue como un golpe de emoción, de ansiedad, de nervios… También de dudas sobre si creer o no creer, porque ahora con el tema de las redes… Tengo amigos cerca del aeropuerto de Maiquetía, que fue uno de los sitios atacados.
Mi mamá intentó llamarme en la madrugada, todo el mundo empezó a llamarse en realidad. Y al principio fue como un golpe de emoción, de ansiedad, de nervios… También de dudas sobre si creer o no creer, porque ahora con el tema de las redes…
—¿Y qué te relataron?
—Tuvimos una videollamada y nos contaban cómo fue el ataque al puerto de la Guaira, el susto, que se sintió como un temblor terrible. Al principio pensaron que había sido un temblor, hasta que se dieron cuenta de que era el ataque. Pero igual, hasta donde sé, el bombardeo fue a puntos estratégicos, donde ellos (los leales a Maduro) no pudieran escapar ni nada por el estilo. Ahí hubo gente que probablemente pertenecía a su escuadrón, por decirlo de algún modo.
—Contaste en otra entrevista que tu familia vive alejada de las ciudades principales.
—Mi familia vive lejos de capital. Gracias a Dios. En un pueblito llamado Bobures, queda en la costa sur del lado de Maracaibo, en el estado de Zulia. Estamos más sobre la frontera con Colombia. Ningún riesgo ante esta situación. Los ataques y todo lo que pudiera ocurrir siempre sucede en el centro del país: Caracas, Maracaibo, Valencia.
“Sabíamos, se esperaba”
—¿Ves como positivo para tu país esta irrupción estadounidense y el arresto de Nicolás Maduro?
—Siempre me paré del lado contrario (al gobierno de Maduro). Como el socialismo no destruyó al país de un día para el otro sino que fue poco a poco, logré vivir parte de la etapa buena de Venezuela en muchos aspectos. Tuve una educación con bastante criterio, en la que nos permitían debatir, pensar y opinar sobre las políticas, los gobiernos y la historia de Venezuela. Es evidente el resultado de lo que el socialismo le causó al país. ¿Estoy de acuerdo con lo que ocurre? No tenemos muchas opciones… Ya lo sabíamos, se esperaba. Estuvimos viendo la entrevista de Trump y dijo algunas cosas que no nos gustaron, como cuando se refirió a la líder de la política venezolana María Corina Machado. Dijo que no era capaz. Lo entendemos. Ella no puede asumir ahora porque no tiene la fuerza para enfrentar todo lo que se viene. Por eso lo único que podemos hacer es aceptar esa transición, porque tampoco nos queda otra. Por más que se ponga una persona ahí en el poder, ellos van a querer boicotear de vuelta y probablemente volvamos a lo mismo. Entonces, es asegurarnos de que después podamos, entre comillas, tener una democracia. Sabemos lo que significa ser aliado de Estados Unidos. Ya lo fuimos. Cuando Estados Unidos era aliado nuestro, no tuvimos la cantidad de pobreza, éramos un país próspero y nos iba 20 mil veces mejor de lo que nos va ahora. Entonces, yo desde mi lado, pienso que no nos queda otra. Mientras sea para conducir al crecimiento del país y que todos podamos estar dentro de un país libre, democrático, volver a nuestro país…
Como el socialismo no destruyó al país de un día para el otro sino que fue poco a poco, logré vivir parte de la etapa buena de Venezuela en muchos aspectos. Tuve una educación con bastante criterio, en la que nos permitían debatir, pensar y opinar sobre las políticas, los gobiernos y la historia de Venezuela.
—¿Desde que estás en Bahía nunca regresaste?
—No volví por diversas razones. Más allá de lo económico, ahora tengo mi familia. Mi marido argentino, mi hijo argentino y queremos ir todos juntos. Pero sentimos el miedo de regresar y no saber qué pueda pasarnos. Ya está la historia del gendarme argentino. El no poder hacer los papeles directamente acá a mi hijo por ser venezolano y porque no hay embajada, me implicaría entrar ilegal por tierra con él para poder hacerlo. No es lo que corresponde; lo que corresponde es poder entrar a mi país por un aeropuerto. En Venezuela no estaba en un país libre al que pudiera hoy aspirar a volver para que mi marido y mi hijo conozcan a mi familia. Es un tema, porque en esta etapa nos gustaría hacerlo.
—¿Creés que en estos últimos años mejoró algo la situación o es similar a cuando te viniste?
—Mejoró porque cuando vine era una época bastante difícil allá con respecto a la inflación. Era muy complicado comprar algo… Me pasó de ir a preguntar por el precio de un teléfono a un tercer piso de un shopping y al bajar ya estaba más caro. Después tenés el tema de los billetes: había que disponer de mucha cantidad para comprar. Esa fue la realidad con la que yo me fui estando Maduro. Ahora tenés un país totalmente dolarizado. Existen las dos monedas, pero la más fuerte es el dólar. Es lo que hizo que se estabilizara un poco la inflación. Y bueno, la gente se estabilizó en el sentido de que podía cobrar, pagar en dólares y también en bolívares. Se podían ingresar dólares al país. Ahora: en calidad de vida creo que sigue siendo todo igual. Los hospitales públicos no funcionan de la manera correcta y la educación se vino abajo. Por decir, yo estudié toda mi vida en (colegio) público, de los mejores primarios y secundarios. Pero ahora mis hermanitos que son chicos, entre 12 y 15 años, tienen que estudiar en un privado. Privados que cobran en dólares. Entonces, la gente vive, porque nosotros los venezolanos no dejamos de vivir, de cualquier modo resolvemos. Y los que estamos afuera buscamos ayudar a los nuestros para que puedan vivir de la mejor manera. Pero el país funciona así: la luz se sigue cortando y la red de agua nunca avanzó. El deterioro es muy grande. Ahora estamos a un pasito de ir viendo la luz, pero es muy difícil reconstruir a Venezuela.