Amor de verano
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En esta cuestión del clima también hay grieta. Están quienes prefieren el frío y en contraposición el calor, y a su vez quienes afirman que otoño/invierno son las mejores estaciones para el amor y acurrucarse, mientras que el otro “team” sostiene que el verano es propicio para el amor.
¿El verano es el escenario favorable para el romance?¿ Las relaciones que nacen con el calor finalizan cuando termina la temporada?
Es evidente que los meses calurosos son oportunos para que la vida social sea más activa. El clima cálido favorece las salidas mientras que en el invierno se tiende a permanecer adentro. A su vez, la temporada estival amerita la ropa liviana, se reemplaza la actividad física con gorro y guantes por una caminata en traje de baño a la orilla del mar, y si además hay deseos de conocer a alguien, se pueden dar las condiciones para vivir un amor de verano.
Según algunas estadísticas, gran número de personas consideran elementos tales como: ropa colorida y los diseños propios del verano, la piel bronceada, un termómetro que traspasa los 30° se conjugan en un contexto y favorece el aumento de la autoestima y hace que, tanto hombres como mujeres, se perciban más atractivos y apasionados, generando así un impulso en la vida amorosa y una predisposición mayor para el romance.
A su vez, la literatura y el cine están plagados de historias que versan sobre los amores de verano; amores que emergen con la misma fuerza y majestuosidad de una ola de mar, pero que también se desvanecen con la misma rapidez.
Expertos en conducta humana y sociólogos han investigado “los amores de verano”. Coinciden en que la consecuencia que se produce con la llegada del otoño es el final de la relación y están en concordancia con lo que se denomina “amor fugaz”, característico de la posmodernidad.
Atravesamos una época en la que se dificulta generar lazos genuinos, duraderos, y sostener compromisos. Paralelamente el romanticismo está devaluado y el matrimonio tradicional no es la única forma de conformar una pareja, hoy se ven otros acuerdos, formatos y otras formas de convivencia.
Si una relación se inicia con un clima tórrido como telón de fondo y no prospera, no es “culpa del verano”, sino que al momento de construir un vínculo siempre es recomendable expresar las necesidades y deseos de ambas partes desde un comienzo y establecer acuerdos simples, a fin de evitar malentendidos, confusiones y frustraciones futuras.
Si por el contrario las pretensiones se centran en lanzarse a la aventura de “vivir un amor de verano”, será cuestión de asumir las reglas de ese juego, a sabiendas que los compromisos no aplican en esta ocasión, pues simplemente se trata de vivir el momento.
Si bien lo importante es elegir aquello que da felicidad, no obstante, siempre sugiero hacer una pausa para analizar, reflexionar y evaluar consecuencias o al menos poder anticipar posibles desenlaces. A veces una cuota de racionalidad funciona como protector que evita esos malos recuerdos de verano.