Megachiles en alfalfa: una antigua tecnología de alto impacto potencial
“Teniendo como eje la eficiencia y el tipo de polinizador, este tipo de abeja mejora los rendimientos de modo significativo”, dijo el Dr. Juan Pablo Renzi, coordinador del Área de Investigación y Desarrollo Tecnológico del INTA Ascasubi.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
¿De qué se trata cuándo aludimos a megachiles?
“Para producir semilla, la alfalfa necesita que un insecto la visite y, así, el polen de una flor vaya a otra; ahí se produce la semilla. Si no hay insectos, no hay semilla. Para que esto ocurra existen muchos polinizadores, pero hay algunos que son buenos y más eficientes y otros no tanto. Esta abeja (NdR: por la denominada megachile, o cortadora de hojas) es específica para polinizar alfalfa en razón de su alta eficiencia”.
Lo dijo el Ing. Agr. Juan Pablo Renzi, doctor en Agronomía y magister en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Sur y coordinador del Área de Investigación y Desarrollo Tecnológico y director técnico del laboratorio de semillas de la EEA Hilario Ascasubi del INTA.
“Luego está la abeja melífera, que es ineficiente, porque visita la flor de alfalfa, le extrae el néctar, que es la sustancia azucarada que más le gusta y no produce la polinización; es decir, no transporta el polen a otra flor. Así entonces, teniendo como eje la eficiencia y el tipo de polinizador, esta abeja mejora los rendimientos de modo significativo”, añadió.
Dr. Juan Pablo Renzi, de la EEA del INTA Hilario Ascasubi.
Una reciente investigación del Dr. Renzi demostró que los megachiles aumentan el rendimiento de semilla de los cultivos de alfalfa en más de dos veces a lo obtenido colocando colmenas de abeja doméstica. Esto se observó, incluso, en ambientes seminaturales, donde se esperaría alta frecuencia de otros polinizadores espontáneos.
“Hay varios estudios en la Argentina; incluso, el último lo enviamos a una revista especializada. Allí se expresa que si en la zona hacemos un rendimiento de 150 kilos de semilla por hectárea en promedio, con la tecnología de varios años de los megachiles se puede llegar a triplicar con promedios de hasta 500 kilos y con algunos lotes de 1.000 kilos de semilla por hectárea”, agregó.
Domicilios de megachiles a la vera de la RN3, en el sur del SOB.
El investigador dijo que, mayormente, se puede producir con los megachiles en zonas donde se hacen semillas de alfalfa, como es el caso de una firma en el valle bonaerense del río Colorado.
“¿Si pueden sumarse otras empresas? No es sencillo. En principio no puede hacerse con esta tecnología porque se trata de larvas importadas de Canadá que, luego, se las deja en el campo como bionsumo para la producción de semilla. Es decir que el productor que actualmente está manteniendo la población con vaivenes, pero no es algo que pueda llegar a incrementar la producción de la zona”, explicó el Dr. Renzi, en diálogo con La Nueva.
El investigador, quien también es profesor adjunto de Mejoramiento Vegetal y Producción de Semillas en el Departamento de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur, considera que la utilización de megachiles puede fortalecer la calidad de la semilla de alfalfa nacional y evitar la contaminación con cultivos transgénicos.
El aumento de rendimiento con este polinizador mejora —en forma notoria— la rentabilidad de los cultivos para semilla y podría captar el interés de nuevos productores.
Las investigaciones publicadas en revistas de prestigio no han probado que este polinizador semidomesticado haya causado impactos negativos sobre otras especies nativas en las regiones donde ha sido liberado, incluyendo nuestro país y la región.
El Dr. Renzi añadió que la producción debe realizarse en zonas ecológicamente aptas y, además, con infraestructura disponible, cosechadoras, agronomías, plantas de procesamiento de limpieza, maquinarias diversas y un factor cultural no menor: el productor debe conocer de qué se trata.
“¿Cuál es el aporte del INTA? En estos años, la EEA ha sido pionera en la producción de semillas forrajeras en general, así como en particular en este caso. Y ahora estamos intentando que, nuevamente, se logre importar esta abeja para potenciar la zona y lograr mayores y mejores rendimientos de producción local”, aseguró.
Interior del refugio de megachiles.
“La población de hoy le sirve al productor para unas 300 hectáreas de producción, pero la abeja está silvestrada en el ambiente y en muy baja abundancia y frecuencia. Para que cumpla su función de polinización, y alcanzar buenos rendimientos, se debe poder manejar con una buena cantidad de individuos”, sostuvo.
Por campaña, nuestro país importa alrededor de 2 millones de kilos de semilla de alfalfa, con todos los riesgos que ello presume en cuanto a malezas, contaminaciones con transgénicos y demás.
La historia
La alfalfa, uno de los pilares para la recuperación de los suelos durante la fase ganadera, es una pastura que se utiliza desde los inicios de la agricultura nacional. Hacia mitad del siglo pasado, se intensificó el interés por abastecer al mercado nacional con calidad genética, generando la conformación de una importante cadena agroindustrial para la provisión de semilla, acompañada por la generación de algunos programas nacionales de mejoramiento genético.
“Nuestro país es históricamente deficitario en semilla de alfalfa”, dijo el Ing. Carlos Moschetti, especialista de amplia trayectoria en el sector.
El VBRC cuenta con excelentes condiciones agroecológicas para la producción de semilla de esta forrajera, que se ha consolidado mediante la instalación de empresas productoras, infraestructura de procesamiento y presencia de organismos de control. Junto a otras organizaciones y empresarios, la Estación Experimental Agropecuaria Hilario Ascasubi del INTA orientó, consolidó y sostuvo desde sus inicios a esta actividad productiva.
La alfalfa es una leguminosa con flores especializadas, cuya producción de semilla depende de la polinización facilitada por insectos; entomófila. Los polinizadores, que se alimentan con el néctar y el polen, desencadenan el proceso de desenlace floral, que promueve la polinización, posterior cuajado y formación de semillas.
Los investigadores y pioneros Enrique Martínez (izq.) y Carlos Moschetti.
“Cuando comenzaron a diferenciarse los cultivos de alfalfa destinados a la cosecha de semilla, se encontró que existían marcadas diferencias en el impacto de los diferentes agentes empleados como polinizadores”, sostuvo Moschetti.
Se observó que la abeja doméstica, que era la utilizada, resultaba poco efectiva. En una visita realizada a Chile a principios de los 70, Moschetti observó que, con el apoyo de expertos extranjeros, se estaban comenzando a emplear polinizadores especializados, con los que se alcanzaban rendimientos cercanos a una tonelada por hectárea; esto es, seis veces superior a los rendimientos actuales de semilla en el VBRC.
La abeja cortadora de hojas, megachile (Megachile rotundata Fabricius), un insecto himenóptero originario de Eurasia, se alimenta con polen y néctar de las flores. Ovipone dentro de galerías previamente perforadas en los troncos u otros materiales conformando nidos cilíndricos, protegidos con recortes de hojas. Los nidos llegan a medir diez centímetros, cuentan con unas ocho celdas en las que deposita un huevo destinado a originar un nuevo individuo de la siguiente generación.
Debido a su escasa capacidad de vuelo, la alimentación del megachile se concentra dentro del cultivo donde ha sido liberado. Como ventaja, este polinizador puede ser almacenado como pupa para liberarse luego en los cultivos para semillas.
El agrónomo Enrique (Yoyo) Martínez dijo que, durante 1971-1979 y en conjunto a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el INTA desarrolló un proyecto destinado a fortalecer la productividad del cultivo de la alfalfa en Argentina.
Con la dirección del Dr. William P. Stephen, de la Oregon University (EE.UU.), el proyecto apuntó al manejo de agentes polinizadores para la producción de semilla. También se capacitaron profesionales y productores del valle bonaerense del río Colorado. Se realizaron, al menos, media docena de viajes técnicos con profesionales y productores a centros de excelencia del exterior.
En los EE.UU, Canadá y otras regiones productoras, el rendimiento de los cultivos de semilla de alfalfa se potencia con el empleo del megachile. Este polinizador especializado se introdujo desde Eurasia en forma intencional, con el fin de alcanzar altos niveles de producción y hacer económicamente viable el cultivo para semilla en América del Norte. Allí se desarrollaron las técnicas para el manejo artificial del agente benéfico, orientado a capitalizar en semilla de alfalfa todo su potencial polinizador.
Canadá es uno de los pocos países que cuenta con condiciones agroecológicas adecuadas para la multiplicación de megachiles. Allí completan su ciclo reproductivo, logran multiplicarse y el tamaño efectivo las poblaciones puede ser incrementado en cada ciclo anual. Por el contrario, en otras latitudes como las que predominan en la Argentina, debido a que se desajusta la sincronización estacional del ciclo reproductivo, raramente se logra recuperar, al final de la estación, el número de individuos liberados al inicio de la estación.
Merced a los promisorios resultados iniciales, a poco de iniciado el proyecto se comenzaron a importar celdas de megachiles. Las primeras experiencias nacionales comprendieron regiones de Río Negro y Santiago del Estero, además del valle local. Las importaciones se robustecieron en los 80, cuando empresas nacionales, cooperativas de productores y otros organismos, como la Corporación de Fomento del río Colorado (Corfo), también participaron de la creciente importación de este agente benéfico.
De la importación de celdas de megachiles participaron Cargill (Salta); Dekalb (Mendoza); Cooperativa Prosemcoop (Ascasubi); Cooperativa Produsem (Pergamino); Carlos Coito (Pedro Luro); Kent Carpenter (Canadá) y Palo Verde (Ascasubi).
Las introducciones estuvieron controladas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). También se contaba con el respaldo del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola (Imiza) del INTA. Se estima que, durante ese período de creciente interés, las importaciones comprendieron a más de 10 billones de individuos ingresados al país.
Importación de larvas hacia Pedro Luro
El Ing. Carlos Coito, quien es uno de los pioneros nacionales en el uso de megachiles, se ha mantenido en el ramo durante las últimas tres décadas. Su empresa, Southern Seeds SA, con asiento en Pedro Luro, se especializa en la producción de semilla de alfalfa. Luego de acumular una vasta experiencia, es el único productor que ha logrado estabilizar el tamaño de las poblaciones que dispone para su actividad comercial.
Cuenta con cámaras de frío para mantener las larvas de megachiles en día pausa, evitando también el ataque de parásitos. Luego de ello, al comienzo de la primavera incuba las celdas, para liberarlos en domicilios alojados en el campo cuando comienza el nacimiento de los nuevos adultos, justo en coincidencia con la apertura de las flores.
La labor polinizadora de los megachiles es extremadamente activa y se concentra en un radio muy próximo a los domicilios, donde claramente se observa que se acelera el avance del cuaje de los frutos.
Miguel Cantamutto (izq.) y Carlos Coito, en una producción a campo.
Durante los primeros años del siglo, Coito importó más de 70 millones de individuos, en diversas circunstancias productivas, con la intención de sostener su producción local.
El aprendizaje en acción ha permitido que se haya estabilizado con un tamaño poblacional de unos siete millones de individuos que recupera en cada ciclo, capaces de polinizar poco más de una décima parte de la superficie local de este cultivo.
Dada la imposibilidad de incrementar el área beneficiada con este polinizador, junto a otros potenciales usuarios gestionaron permisos de importación que, a partir de 2010, han sido sistemáticamente denegados por los organismos de vigilancia ambiental. Si bien el Senasa está en condiciones de realizar la cuarentena que permita certificar la sanidad de los materiales que se ingresen, las dominantes posturas preventivas para la introducción de fauna a nivel nacional la han desalentado.
El aumento de rendimiento con este polinizador mejora la rentabilidad de los cultivos para semilla y podría captar el interés de nuevos productores.
“La dinamización de la cadena de semilla de alfalfa podría brindar sólidos beneficios para la agricultura nacional”, expresa el Dr. Miguel Cantamutto, director del INTA Hilario Ascasubi.
Dada la ausencia del autoabastecimiento, anualmente se importan unos dos millones de kilos de semilla desde diferentes orígenes. Aunque se cumplan los protocolos internacionales de pureza, esta masiva importación de simiente conlleva el riesgo implícito de ingresar semillas de malezas peligrosas u otros contaminantes indeseados.
“La producción nacional de semilla de alfalfa reduciría esos riesgos y generaría una importante inyección de recursos económicos para los productores de Argentina”, aseguró el Dr. Cantamutto. (INTA Ascasubi).