Bahía Blanca | Martes, 16 de abril

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El bahiense al que le impidieron ser vicegobernador

Las elecciones provinciales de abril de 1931 finalizaron con un triunfo del radicalismo sobre los conservadores. Pero la dictadura de Uriburu no quedó conforme con ese resultado y decidió anular los comicios, por lo que Mario Guido, titular del Comité local, nunca pudo asumir su cargo.

Apenas cuatro meses después de haber derrocado a Hipólito Yrigoyen, el general José Félix Uriburu comprendió que su proyecto dictatorial había fracasado completamente.

Su propósito de encabezar un régimen corporativo y nacionalista, con una estructura represiva inspirada en el modelo del fascismo italiano, buscaba no sólo la anulación de todo lo conseguido a partir de la aprobación de la Ley Saénz Peña, sino la instauración definitiva de un régimen totalitario en la Argentina, con el Estado funcionando como una maquinaria de premios y castigos de acuerdo al criterio de un único líder.

El diseño ideológico del plan golpista, que había sido concebido a lo largo de múltiples reuniones clandestinas durante los meses previos a septiembre de 1930, no tenía en cuenta, sin embargo, que muchos de los sectores que lo respaldaban en los primeros tiempos de la conspiración, como el diario Crítica, buena parte de la dirigencia del Partido Conservador o los sectores moderados de las fuerzas armadas no estaban interesados en esas ideas absolutistas. Simplemente querían al yrigoyenismo fuera del juego electoral.

José Félix Uriburu y Agustín Pedro Justo

Por eso, a comienzos de enero de 1931, un grupo de altos oficiales del Ejército que respondía al general Agustín Pedro Justo se reunió con Uriburu para exigirle un pronto retorno a la normalidad constitucional, convencidos de que el conservadurismo tenía el camino allanado a la Casa Rosada.

En sus cálculos electorales ni siquiera era necesario apelar al fraude: a su criterio, los radicales estaban completamente desacreditados luego de 14 años de gestión, mientras que socialistas y demócratas progresistas no representaban siquiera una opción real de poder. La presidencia de Justo, estimaban, empezaría a cobrar forma naturalmente a partir del llamado formal a las urnas.

Uriburu comprendió que estaba acorralado, pero no estaba dispuesto a rendirse con facilidad. Desesperado ante la posibilidad de un golpe de palacio, trazó un plan de emergencia con su ministro del Interior, Matías Sánchez Sorondo: plebiscitar al gobierno mediante un sistema de elecciones escalonadas en las provincias, en parte para tranquilizar la inestabilidad de muchas gobernaciones intervenidas, pero sobre todo para saber con cuánta musculatura contaban en la pulseada política.

El dictador buscaba, de ese modo, un objetivo doble: demostrar públicamente que tenía buena predisposición ante los reclamos militares y, en caso de obtener algunos resultados favorables en los comicios locales, contar con una herramienta de negociación para enfrentar al sector de Justo.

Matías Sánchez Sorondo

El inicio del cronograma diseñado a las apuradas por Sánchez Sorondo quedó oficializado: el domingo 5 de abril de 1931 la provincia de Buenos Aires elegiría a 114 electores para definir, a través del sistema indirecto, a sus nuevos gobernador y vice, además de los legisladores de ambas cámaras.

Aunque en un primer momento los partidos de la oposición tomaron la convocatoria con lógica suspicacia, decidieron poner en marcha sus campañas proselitistas en los primeros días de febrero.

La Unión Cívica Radical, después de casi una década de enfrentamientos internos, acordó una fórmula de unidad entre el sector que respondía a Yrigoyen y quienes acompañaban a Marcelo Torcuato de Alvear.

El binomio quedó integrado por el diplomático sampedrino Honorio Pueyrredón, ministro de Relaciones Exteriores durante el período 1917-1922, y el abogado bahiense Mario María Guido, titular del Comité local, exconcejal y expresidente de la Cámara de Diputados de la Nación entre 1924 y 1926.

El Partido Socialista, por su parte, resolvió presentar la boleta Nicolás Repetto-Teodoro Bronzini.

El Partido Conservador bonaerense, abiertamente alineado con Uriburu, dispuso las candidaturas del hacendado Antonio Santamarina, exjefe comunal de Tandil, y el empresario Celedonio Pereda.

Acto de la UCR, con Pueyrredón y Guido

A pesar de la certeza de triunfo que tenía Uriburu -en buena medida por la colaboración que recibía por parte del interventor Carlos Meyer Pellegrini, los comisionados municipales y las fuerzas policiales- la campaña oficialista fue abiertamente hostil hacia la UCR, con persecuciones e incidentes en numerosas localidades. 

Pero los radicales, a su vez, decidieron contrarrestar el asedio con la experiencia de su aparato electoral, que había enfrentado a los conservadores por casi 40 años.

El escritor Arturo Jauretche, por entonces enrolado en el yrigoyenismo, recordó años después una de las tácticas utilizadas durante las semanas previas a la elección.

"Lo hicimos como una broma, pero resultó bastante eficaz. El gobierno de Uriburu había aumentado el precio de las estampillas y, en el caso de las cartas sin franqueo, el destinatario debía pagar 50 centavos al recibirlas, lo que en aquellos tiempos era una suma importante. Entonces les pedimos a los directores locales de la campaña que nos suministraran todas las direcciones posibles de los pequeños agricultores de cada distrito. Recibimos entre 30 y 50 mil", detalló.

"Enviamos a cada uno un sobre con su dirección pero sin franqueo, que contenía una hoja de papel con estas palabras: 'Vote por el Partido Conservador' (...) Así pues tuvieron que gastar los 50 centavos de multa y dentro se encontraron con ese mensaje", reveló el autor de El medio pelo en la sociedad argentinaManual de zonceras argentinas.

Afiche de la campaña bonaerense 1931

Otra de las estrategias fue propuesta por el propio Pueyrredón, quien se encargó de distribuir miles de boinas coloradas -tradicionalmente usadas por los conservadores, en oposición a las blancas de los radicales- para que los votantes de las zonas rurales no tuvieran inconvenientes con la Policía en su camino al cuarto oscuro.

Una antigua leyenda que circula entre correligionarios asegura que, pocos días antes de aquella votación, alguien le consultó al propio Yrigoyen cuál era su pronóstico para el 5 de abril. "La UCR triunfará por 30 mil votos", sostienen que respondió el expresidente, desde su prisión en la isla Martín García.

Lo cierto es que la fórmula Pueyrredón-Guido se impuso por poco más de 31 mil sufragios. De acuerdo con los datos del escrutinio oficial, obtuvo 218.783 votos (48,82 %) contra los 187.734 de Santamarina-Pereda (41,89 %) y los 41.573 de Repetto-Bronzini (9,27 %).

El triunfo fue categórico, al punto que el radicalismo triunfó en 78 de los 110 municipios que tenía por entonces la provincia. En el caso de Bahía Blanca, por ejemplo, el resultado arrojó una victoria del 47,18 % contra el 33,09 % del oficialismo.

Una medalla recordatoria del triunfo de la UCR

El desenlace bonaerense desconcertó por completo a la Casa Rosada. Desde las oficinas del Ministerio del Interior se pusieron a sacar cuentas, de cara al Colegio Electoral: la Unión Cívica Radical había obtenido 56 electores, el Partido Conservador, 49, y el Partido Socialista, 9. Para ganar la gobernación había que contar con, al menos, 58 votos.

Uriburu entendió que sus opciones se reducían drásticamente: ninguna combinación de votos le resultaba funcional, por lo que tenía que anular los comicios con cualquier excusa para que los radicales no se quedaran con la gobernación. En cualquier caso, sabía que su idea de confrontar con Justo había fracasado por completo.

El derrumbe de su figura ya era inevitable e inocultable. Quizá por eso decidió precipitar el final con los últimos retazos de poder que le quedaban.

La oportunidad surgió una vez que los socialistas confirmaron que votarían por sus propios candidatos, por lo que el resultado parecía quedar definitivamente estancado.

Un afiche de 1945, recordando a Pueyrredón-Guido

Esa imposibilidad de establecer un vencedor fue la coartada perfecta que encontró el dictador para anular la elección, una decisión que comunicó el 8 de mayo, una semana antes de la fecha prevista para la reunión del Colegio Electoral bonaerense. 

De esa manera Pueyrredón y Guido se quedaron sin la posibilidad de alcanzar un acuerdo político que destrabara la victoria conseguida en las urnas. 

El escándalo intentó ser disimulado exactamente seis meses más tarde, cuando los bonaerenses volvieron a las urnas para elegir gobernador. Sin la presencia de radicales ni socialistas, el conservador Federico Martínez de Hoz se impuso en esa oportunidad con el 55 % de los votos.

Mario Guido, en tanto, volvería a secundar a Pueyrredón en la fórmula bonaerense de la UCR para los comicios de noviembre de 1935. Pero, en medio de un fraude desembozado, el binomio triunfador cuatro años antes quedó relegado a un lejano segundo puesto, casi 20 puntos por debajo del médico ultranacionalista Manuel Fresco. 

Mario Guido

Cinco años más tarde, mientras seguía al frente de su estudio jurídico en Chiclana 49, Guido fue reelecto como diputado nacional, pero su mandato fue interrumpido en junio de 1943 por otro golpe de Estado.

Murió el 23 de julio de 1946, pocas semanas antes de presidir un nuevo encuentro de la Convención Nacional de la UCR. 

La calle del viejo Muelle Nacional, en Ingeniero White, lleva su nombre desde 1959 por ordenanza municipal.