Bahía Blanca | Martes, 07 de febrero

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El otro juego

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   En pleno desarrollo del Mundial 2022, en el que jugar a la pelota está en su máxima expresión vale reflexionar sobre algo tan vital como el juego.

   ¿La actividad lúdica se pierde en el devenir del tiempo o se juegan otros juegos? ¿Se puede ganar o perder siempre?

   Observar a niños y niñas jugar es advertir y sorprenderse con la concentración que ponen en el juego y el placer inmediato que les ocasiona, la misma concentración que especialistas en infancia consideran necesaria para llevar a cabo un trabajo. 

   El juego permite desarrollar la capacidad creativa, la imaginación, recorrer nuevos caminos y conquistar espacios por medio de la exploración, la manipulación y la invención de estrategias. 

   El juego es pasión, es creer que se posee poderes sobrenaturales, es imaginar y hacer a la manera de cada uno pero sin dejar de respetar a los demás; a medida que el niño crece aprende a consensuar y aceptar opiniones ajenas. 

   Cuando se juega no existe el reloj, alcanza con que un adulto diga: “basta, se terminó” para que indefectiblemente un niño pida “un ratito más...”.

   Las palabras jugar y poder están íntimamente relacionadas. Para la Real Academia Española jugar significa entre varias acepciones “hacer algo con alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse; poder tiene varios usos y también es “la facultad, habilidad, capacidad para llevar a cabo una determinada acción”.

   Con el correr de los años se pierde, se aniquila, se olvida esa capacidad de jugar y en algunos casos solo se concentra la energía y hasta la vocación en poseer poder; considero que no está mal si tal cual como dice Francisco “el verdadero poder es el servicio”.

   Y siempre sabemos de alguien que en su afán por triunfar siempre, por ganárselas todas, con ambición desmedida por acaparar poder como si fueran un niño de tres años que acapara bolitas, convencido que eso lo convierte casi un superhéroe, acumulan bienes materiales, parejas, amantes, y las cabezas de quienes lo rodean son los peldaños que pisan y utilizan para llegar quién sabe a dónde; como niños que se la creen, disfrazan su poca estatura para sentirse grandes por un momento, a veces por años.

   La vida cotidiana nos enfrenta una y otra vez a situaciones en las que se requiere, como en un juego, inteligencia, estrategias, construir, refutar y aceptar reglas, también hay situaciones que como sucede con lo lúdico, se juega de forma solitaria y otras que se disfrutan en equipo pequeños y otras hasta con grandes multitudes.

   Pasar de lo lúdico a lo real también es una habilidad que se cultiva a lo largo de los años. Saber en qué momento dejar capa y la espada de héroe, saber que el lazo de la verdad de la Mujer Maravilla es pura fantasía es entender que la vida es una sucesión de ratitos en los que generalmente algo se pierde y también algo se gana, a veces también se empata. Saber distinguir momentos, vivirlos y atesorarlos, saber en qué momento algo o alguien vale la pena que te la juegues es casi tan mágico y tan placentero como volver a jugar.