La puja interna sobre el aborto

3/3/2020 | 14:00 |

La columna semanal de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

Fotos NA y Archivo La Nueva.

Por
Eugenio Paillet

   Desde que el presidente Alberto Fernández anunció en la Asamblea Legislativa del 1º de marzo el envío al Congreso de proyecto de ley de despenalización del aborto, en el seno del gabinete se instaló la impresión de que esta vez habrá que batallar “más hacia adentro que hacia afuera” del oficialismo para que, a diferencia de lo ocurrido en 2018, la iniciativa pueda ser sancionada por el Congreso.

   Esa impresión quedó reflejada en la premura del presidente y su equipo de colaboradores más cercanos para mantener bien en ato el tema y evitar, como reflexionó un funcionario al tanto de esas cuitas, que “se escape de las manos”. Tanto, que entre el lunes y esta mañana hubo al menos tres reuniones puntuales al máximo nivel para analizar cómo sigue el derrotero del proyecto.

   La aspiración de máxima, que a la vez pretende convertirse en credo para los diputados y senadores propios, aunque en el caso de la cámara baja la sanción de la ley se considera un mero trámite, es que una vez ingresado el proyecto al Parlamento, lo que de no mediar inconvenientes ocurriría a fines de la semana que viene, no haya dilaciones.

   Dos semanas más, una para la aprobación en Diputados y otra en el Senado. Síntesis: antes de que finalice marzo la despenalización del aborto y su “anexo” denominado el “proyecto de los mil días” para proteger a quienes quieren seguir con su embarazo, tendrán al pie del decreto de reglamentación la firma de Alberto Fernández.

   El presidente sabe que las mayores resistencias del Frente de Todos están en el Senado, y allí le apuntarán desde ahora todas las estrategias. No solo las discursivas sino también las que pueden venir envueltas en formato de chicana. Por caso, un alto funcionario de la Jefatura de Gabinete se quejó en voz alta durante una de aquellas reuniones: “los radicales aplaudieron más que algunos delos nuestros”.

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   Un caso puntual, se sabe, es el del senador formoseño Carlos Mayans, que votó en contra de la ley hace dos años y ya avisó que volvería a hacerlo en esta oportunidad, bajo el argumento de que de aprobarse la ley “el Poder Ejecutivo estaría autorizando a matar chicos”. Ya antes de que el presidente se presentara ante la Asamblea Legislativa, se conocía la posición del formoseño, lo que llevó a una funcionaria del nivel medio pero altamente comprometida con el proyecto a pontificar: “Habrá que ablandarlo o el día de la votación darle alguna comisión oficial en el exterior…”.

   El dato no menor es que al oficialismo no le sobran los votos en el Senado y la deserción de Mayans pondría al rojo vivo el escenario de una eventual repetición del fracaso de 2018. En ese caso, como ya han comenzado a orejear algunos analistas y los propios funcionarios que hacen números todo el tiempo, cabría esperar un desempate a favor de la ley por parte de Cristina Fernández. Se recuerda que la vicepresidenta, histórica antiabortista, cambió de postura en 2018 durante el tratamiento de la fallida ley en el Senado bajo la justificación de que “las pibas” de los pañuelos verdes la habían hecho cambiar de opinión.

   El presidente y su mesa chica son optimistas y creen que no va a ser necesario que Cristina tenga la oportunidad de anotarse ese triunfo histórico, que podría opacar el valor político de la toma de posición de Fernández el 1º de marzo. Más concreto, que de suceder así las cosas todos los laureles se los llevaría la vice.

   Los celos y las intrigas entre albertistas y cristinistas, vale recordarlo, no se han apagado y están siempre a flor de piel en las discusiones o los debates. Tanto, que se hizo una gigantesca novela del video viral en el que Cristina pareciera “retar” a Alberto en la antesala del ingreso al recinto de Diputados. Cuando en realidad le estaba explicando, en su tono es cierto, que la fase protocolar de la llegada de Fernández al Congreso y la recepción de estilo por parte de ella, finalizaba justo ahí, en la puerta de entrada a la cámara baja.

   Por las dudas, y mientras crece la tensión por aquellas diferencias entre abortistas y antiabortistas dentro del propio espacio de Senado, en la última reunión de análisis, de la que participaron representantes de los dos bandos, los responsables de la comunicación oficial presentaron un slogan para inundar los reportajes y las bajadas de línea. “El que vota contra la ley, vota contra el presidente”, dice la frase que pretende convertirse en muletilla.

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