Fin para esa tortura cotidiana

6/10/2019 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Tortura, palabra excesivamente fuerte por lo que denota y connota; revisar los distintos métodos empleados a lo largo de la historia a más de uno le causa espanto, conmoción; sin embargo con “métodos más refinados, sutiles y hasta elegantes”, esta nueva forma de tortura o no tan nueva es padecida por gran número de personas: la “gota china” del siglo XXI.

   Mucho se ha hablado en estos últimos años de violencia, sin embargo ¿por qué el mobbing es cada vez más padecido pero a la vez silenciado? ¿quién “se hace cargo” de las consecuencias? ¿cómo convivir cada jornada con un verdugo?

   Mobbing es una palabra que comienza a emplearse en Inglaterra, tiene que ver con “mafia”, y hace referencia al acoso psicológico que se da en el ámbito laboral. Conductas abusivas tales como palabras, actos, gestos, son ejercidos sistemáticamente, al menos una vez por semana, y de forma ininterrumpida, ya que para su diagnóstico se estipulan alrededor de seis meses.

   Este tipo de maltrato, nimio en sus comienzos, no es percibido como “algo grave”, indirectas y vejaciones son pasadas por alto, luego de un tiempo la relación se torna asimétrica, y la víctima se siente acorralada y dominada por el miedo.

   ¿Y el verdugo?

   Los victimarios pueden ser tanto compañeros de trabajo como subordinados, pero lo habitual es que quienes portan cierta jerarquía, abusen de dicho poder para someter a la víctima. Las formas con mayor o menor alevosía son diversas, cambios repentinos de roles, funciones y también en los horarios, tareas muy complejas para “evidenciar” que es incompetente, y todas las variantes que se te puedan ocurrir.

   Quien ejerce mobbing es alguien con un sinfín de conflictos no resueltos, su objetivo es ejercer el poder y dejar en el camino a quienes son creativos, competentes, capaces; pues siente su espacio de poder amenazado como consecuencia de su propia inseguridad. El objetivo es desestabilizar, desgastar, destruir y la salida “voluntaria” del lugar de trabajo.

   ¿Cómplices?

   El clima laboral se va degradando, los compañeros se convierten en cómplices, permanecen en silencio sosteniendo la violencia y evitando “ser el próximo”, la víctima entra en un túnel a veces sin salida, en estos tiempos las ofertas laborales escasean, lo que complica aún más la posibilidad de una renuncia liberadora.

   Las consecuencias son múltiples, de no ser tratadas derivan en males crónicos. Las más frecuentes son: mayor sensibilidad a las dificultades, apatía, cansancio, trastornos de memoria, tensión muscular, palpitaciones, insomnio y pesadillas, dolores de cabeza, hipertensión, ansiedad, angustia, estrés, depresión, sentimientos de fracaso y frustración entre muchos otros.

   Lamentablemente hay trabajos y personas “que te cobran un peaje emocional”, por ello es imprescindible tomar medidas y ponerle fin, se requiere de apoyo psicológico y en ocasiones también legal.

   Identificar el maltrato, enunciar, denunciar y confrontar con el acosador no es tarea fácil, la voluntad ha sido doblegada, las defensas están bajas o se han extinguido, pero la palabra es quien nos salva.

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