Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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"La chica danesa", un filme al que le falta intensidad

"La chica danesa" narra las vicisitudes de un matrimonio de artistas cuando el marido se siente mujer. Fabio Luayza / fluayza@lanueva.com
Una historia de dos artistas en su laberinto de pasiones.

La chica danesa no narra la historia de un hombre que se convierte en mujer, sino la revelación de una mujer en el interior de un hombre.

Más allá de este planteo original, el director Tom Hooper (ganador del Oscar por El discurso del rey) toma el tema de la inclusión a través del amor y la compasión.

Lo hace a través de los hechos reales que vivieron los artistas plásticos daneses Einar Wegener y su esposa Gerda.

Einar pintaba paisajes con los recuerdos de su infancia y por los cuales se hizo bastante popular; Gerda se dedicaba a retratos femeninos y cuando el relato inicia, todavía no había conseguido alcanzar esplendor en el clima cultural en la Dinamarca de la primera mitad del siglo XX.

“Es difícil para los hombres ser observados por una mujer. Ellas están acostumbradas, por supuesto, pero que un hombre se someta a la mirada de una mujer... es inquietante”, dice Gerda mientras vende una de sus obras.

Efectivamente, es esa simple mirada femenina la que cambia por completo la armonía de la pareja. Cuando Gerda le pide a Einar que sustituya a una de sus modelos en una sesión, el pintor se observa por primera vez con los ojos que solo su esposa lo ha hecho hasta entonces.

Einar se prueba un vestido y así de fácil se transforma en Lili Elbe, una mujer que será la musa que Gerda necesita para fortalecer su carrera, pero también que podría ser la ruina de su matrimonio.

El resto será una historia de transformación, de descubrirse de otro sexo por parte de Einar, quien asume esa condición sin detenerse. A pesar de todo, la misma Gerda muestra un cariño incondicional hacia su marido incluso cuando decide someterse a las operaciones necesarias para cambiar de sexo.

El filme no profundiza los conflictos internos del protagonista por encontrar su verdadera identidad, así como la dificil transición que debió afrontar en una sociedad no preparada para aceptarlo.

El relato permite afirmar que Einar quería ser Lily simplemente para vestir ropas femeninas cuando su proceso de transformación, seguramente, debió ser más complejo. Como si solo se limitara a describir la belleza ambigua de Einer/Lili, restándole la intensidad que algunas secuencias merecían.

Es que resulta muy difícil de digerir el hecho de que un hombre felizmente casado, de activa vida sexual con su esposa, sienta de repente que su “alma” es la de una mujer.

Los aspectos técnicos están cuidados hasta el más mínimo detalle para conseguir una perfecta ambientación, algo habitual en las películas de Hooper.

Se destacan la preciosa y precisa fotografía de Danny Cohen, quien utiliza con maestría los contrastes de luz y la arquitectura interior de los escenarios, la envolvente música de Alexandre Desplat, la dirección de arte y el espectacular vestuario creado por el español Paco Delgado, cuyo trabajo ha sido tenido en cuenta para la próxima entrega de los premios Oscar.

Eddie Redmayne vuelve a ser candidato a la estatuilla dorada a mejor actor principal (lo ganó el año pasado por su impecable Stephen Hawking en La teoría del todo) y si bien cumple una buena labor, también se deja llevar por la sobreactuación y los gestos desmedidos en su doble rol.

Para bien de la película está Alicia Vikander quien personifica magistralmente a Gedra, una mujer que puede ser vehemente y amorosa a la vez.

Increíblemente, esta joven actriz sueca ha sido postulada al Oscar como actriz de reparto, cuando en el filme su influencia protagónica en el argumento logra que el espectador empatice con la historia desde su particular y dulce mirada.