Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

El destino final

BUENOS AIRES (DyN) -- En un episodio inédito desde la finalización de la guerra malvinense (1982), los restos de un ex combatiente trasladados el año pasado al territorio continental serán llevados al archipiélago austral, donde quedarán sepultados en el cementerio de Darwin. Los despojos mortales del primer teniente Jorge Eduardo Casco se entregaron ayer a sus parientes directos durante una ceremonia conjunta, organizada por la Cancillería y el ministerio de Defensa, en el aeroparque metropolitano Jorge Newbery.

 BUENOS AIRES (DyN) -- En un episodio inédito desde la finalización de la guerra malvinense (1982), los restos de un ex combatiente trasladados el año pasado al territorio continental serán llevados al archipiélago austral, donde quedarán sepultados en el cementerio de Darwin.


 Los despojos mortales del primer teniente Jorge Eduardo Casco se entregaron ayer a sus parientes directos durante una ceremonia conjunta, organizada por la Cancillería y el ministerio de Defensa, en el aeroparque metropolitano Jorge Newbery.


 Los familiares viajaron hacia Comodoro Rivadavia, ciudad chubutense de la que partirán hoy, a las 8.30, hacia las islas Malvinas.


 Hace diez meses, la embajada británica había comunicado al gobierno argentino el hallazgo de huesos no identificados junto a dos aviones accidentados en la zona de los acantilados de las islas Salvajes, al noroeste de la isla Gran Malvina.


 Desde ese momento, comenzó a gestionarse el traslado de los restos, que se concretó en julio. Más tarde, análisis practicados en el Banco Nacional de Datos Genéticos, del hospital Durand, revelaron su identidad.


 La urna, con cuatro piezas óseas, se enviará a las islas por mandatos legales. En Darwin, existe una sepultura a su nombre porque, aparentemente, fue inhumado de manera parcial al finalizar el conflicto.


 Casco se accidentó el domingo 9 de mayo de 1982 cuando una escuadrilla de cuatro Skyhawk A4-C despegó desde San Julián (Santa Cruz) rumbo al archipiélago.


 Debido a las malas condiciones meteorológicas y por fallas técnicas, dos aviones retornaron al continente, pero los otros dos --tripulados por Casco y el primer teniente Jorge Farías-- comenzaron a descender sobre el agua, hasta rozar las alas con la cresta de las olas.


 A pesar de las dificultades, continuaron volando en condiciones marginales hasta que se estrellaron contra los acantilados de las islas Salvajes, al noroeste de la Gran Malvina.