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Adobe, historia y devoción

La Catedral Metropolitana de Santa Fe, cuyo templo original comenzó a construirse en 1661, mezcla en su blanca estructura el adobe prensado de sus paredes, la devoción que siempre despertó en los católicos y la historia de una sociedad que nació y creció a su amparo. La Iglesia Matriz de Todos los Santos, su denominación original, está en la esquina de San Jerónimo y General López y ocupa, respecto de la Plaza de Mayo, el mismo sitio que tuvo en Santa Fe La Vieja, cuyas ruinas muy pronto serán propuestas ante la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.






 La Catedral Metropolitana de Santa Fe, cuyo templo original comenzó a construirse en 1661, mezcla en su blanca estructura el adobe prensado de sus paredes, la devoción que siempre despertó en los católicos y la historia de una sociedad que nació y creció a su amparo.








 La Iglesia Matriz de Todos los Santos, su denominación original, está en la esquina de San Jerónimo y General López y ocupa, respecto de la Plaza de Mayo, el mismo sitio que tuvo en Santa Fe La Vieja, cuyas ruinas muy pronto serán propuestas ante la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.


 La obra unió, a través de los tiempos, a los hombres más importantes de la historia de Santa Fe, ya que su advocación de Todos los Santos fue iniciativa del fundador, Don Juan de Garay, y la finalización edilicia, en 1834, fue impulsada por el Brigadier General Estanislao López, el máximo caudillo provincial.


 La Catedral era en el siglo XVII una pequeña capillita, provisoria y muy pobre, pensada para administrar los sacramentos y sepultar a los españoles que vivían en la ciudad.


 En la remodelación realizada entre 1749 y 1752 se la dotó de las tres naves que tiene actualmente y el 2 de septiembre de 1833 se iniciaron las obras que le dieron forma definitiva, sobre un proyecto del ingeniero italiano Carlo Zucchi.


 Fue erigida en Catedral provisoria el 15 de febrero de 1897 y a partir del 6 de enero del año siguiente pasó a ser la sede de la diócesis.


 Algunos documentos dicen que sus paredes "miden un metro y medio de ancho de adobe prensado en cercos de zunchos, que le dan inusitada resistencia y dureza granítica".


 Sin ser imponente, sus tres naves reflejan los tiempos pasados, razón por la cual el templo fue declarado, en 1942, Monumento Histórico Nacional.


 En el frente tiene tres arcos de medio punto y una veleta en forma de gallito, completando una fachada triangular junto a la `rosa de los vientos'.


 Las cúpulas de los dos campanarios, rematadas con cruces de hierro forjado, están revestidas por mayólicas francesas --azules y blancas-- que no condicen con el resto de la arquitectura.


 Entre las bellas y valiosas obras que alberga hay una imagen de mármol del Cristo Crucificado de Jean Bautista Pigalle, de 1753, además de la Cruz de la Vera Cruz y la Dolorosa.


 Y en otros altares están San Jerónimo, patrono de Santa Fe, y San Roque, el vicepatrono.


 De acuerdo con una costumbre colonial, allí descansan los restos mortales del doctor Simón de Iriondo, del cura párroco José Amenábar y de los arzobispos de la Arquidiócesis.







Sin ser imponente, sus tres naves reflejan los tiempos pasados, razón por la cual el templo fue declarado, en 1942, Monumento Histórico Nacional.