La víctima de un crimen había sido amenazada
BUENOS AIRES (Télam) -- El cardiólogo José Martínez Martínez, asesinado en su consultorio del barrio Norte porteño en mayo de 2003, antes del crimen fue amenazado por su presunto homicida, a quien pidió que echaran del Hospital de Clínicas porque no quería tener a "un delincuente" en la guardia.
Los datos fueron revelados ayer por dos testigos que declararon en el juicio oral que se sigue por el asesinato, quienes también relataron que Néstor Morelli, el único acusado, fue trasladado formalmente a otro centro médico pocas horas antes de que se cometiera el homicidio.
Otra información importante que proporcionaron es que seis meses antes del crimen, la víctima realizó una "evaluación muy negativa" de Morelli, la cual quedó asentada en su legajo y significó "un perjuicio muy serio en su carrera profesional", porque determinó su salida del Hospital de Clínicas.
En la segunda audiencia del proceso que encabeza el Tribunal Oral en lo Criminal 23, con la intervención del fiscal Guillermo Freile, los testigos más relevantes fueron Hermes Pérez, ex director del Hospital de Clínicas, y Eduardo Sampó, quien secundaba a la víctima en el área de Cardiología del nosocomio.
Pérez se convirtió en el primer testigo en afirmar que el cardiólogo recibió "veladas amenazas" de Morelli antes del crimen, ya que Martínez Martínez le envió en una oportunidad una nota que incluía esa frase para reclamar el traslado del médico porque faltaba constantemente a sus guardias.
Sampó, por su parte, detalló que en febrero de 2003 el cardiólogo asesinado se enteró que Morelli estaba acusado de robar a otros colegas en el Hospital Tornú y que le dijo: "No quiero tener a un delincuente a cargo de la guardia".
El subjefe de Cardiología detalló que Morelli debía concurrir a una guardia de 24 horas los sábados y hacer otras tareas en el hospital otras nueve, durante la semana, pero que incumplía ambas responsabilidades.
Según Sampó, "Morelli llegaba tarde y se iba de las guardias" e incluso una vez se tomó vacaciones sin aviso y no dejó a ningún reemplazante, tal como era regla en el hospital.
Por esta conducta irregular, Martínez Martínez envió más de una decena de "memos" a la dirección del hospital para pedir sanciones, pero sólo se le aplicaron una suspensión de diez días y otra de cinco, según admitió Pérez.
El móvil
El ex director también confirmó que Morelli fue trasladado al Hospital Roffo "el día del asesinato", lo cual Sampó calificó como una "medida tardía", ya que podría ser el principal móvil del homicidio de Martínez Martínez.
Recordó que tanto él como su jefe fueron informados de esa medida 15 días antes para que pudieran buscar un reemplazante, con lo que no se descarta que la decisión haya llegado a oídos de Morelli antes de que se concretara.
Otro dato que aportó quien trabajaba con Martínez Martínez es que, en una ocasión, una enfermera del hospital denunció que había sufrido un intento de violación por parte de Morelli durante una guardia, pero luego la mujer retiró la acusación.
A raíz de este hecho y los anteriores, el cardiólogo asesinado intentó varias veces tener una reunión con Morelli, pero según Sampó, "nunca atendía los llamados" o pactaba un encuentro al que después no concurría.
"Martínez Martínez hablaba diariamente del tema. Estaba muy preocupado por esto, porque sabía que tenía en la guardia un médico que tenía abierta una causa judicial por robo y quería que se lo separara al menos hasta que se probara si era o no honesto", explicó.
En otro tramo de su declaración, Pérez recordó que el 20 de diciembre de 2002, Martínez Martínez hizo una evaluación "lamentable" del trabajo de Morelli, que fue tomado por el médico como una "persecución".
Martínez Martínez, de 57 años, fue asesinado el 27 de mayo de 2003 de cuatro balazos, en su consultorio porteño de Junín 1276.
Al día siguiente del hecho fue detenido Morelli.