Bucay admitió haber cometido un plagio
MADRID (EFE) -- El psicoterapeuta y escritor argentino Jorge Bucay, uno del los "reyes" de los libros de autoayuda, ha admitido haber copiado numerosos textos que aparecen en su obra Shimriti del libro La sabiduría recobrada y le ha pedido abiertamente disculpas a su autora, Mónica Cavallé.
Cavallé, doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y pionera del asesoramiento filosófico en España, dijo ayer que lo que ha hecho este autor es "casi suicida" y explicó que se enteró de los hechos porque "varias personas" se lo hicieron notar, tras lo cual ella habló con su editorial y con Bucay.
Bucay, recordó Cavallé, "siempre admitió y me pidió abiertamente disculpas" en "una actitud muy humilde", entre otras cosas porque lo que ha hecho es bastante obvio", pues, según publicó ayer el diario español El País, copió más de 60 páginas del libro de la filósofa en Shimriti, de la ignorancia a la sabiduría.
En su conversación, el psicoterapeuta se comprometió a publicar una nota reconociendo los hechos, lo que ha hecho en el primer ejemplar de la revista Mente sana, que él mismo edita.
En ella manifiesta que "un error absolutamente involuntario permitió que los textos de la profesora Mónica Cavallé fueran incluidos en Shimriti sin la correspondiente y merecida mención a su fuente".
El psicoterapeuta se comprometió a retirar el libro de todos los países en los que se ha publicado, lo que en España RBA hizo en febrero pasado, después de que la obra, aparecida en septiembre de 2004, hubiera vendido 116.000 ejemplares, informó un portavoz de la editorial.
Cavallé desconoce si el resto de los países en los que Shimriti se ha publicado lo han retirado.
Según Cavallé, hay textos copiados de su obra "a lo largo de todo el libro" de Bucay, algunos "de forma literal" y "la mayoría casi literal", aunque el autor se limitó a mencionar el lugar de donde provenían sólo en la lista de bibliografía utilizada.
La autora de La sabiduría recobrada, publicado a comienzos de 2002, indicó que lo que ha hecho Bucay le parece "muy llamativo" y, sobre todo, "muy torpe" y añadió que "cada cual puede sacar sus propias conclusiones" de las explicaciones de éste.
Cavallé señaló que el asunto "no está cerrado" y que sus asesores le ayudarán a decidir si el caso merece alguna otra demanda.
"Por lo pronto, está sucediendo lo que me temía: que se produzca un eco mediático sobre el tema cuando "yo soy una persona discreta", concluyó.
Enfoque
Cuando la ignorancia sustenta a un fraude
En la enorme brecha existente entre lo que se escribe y lo que se lee se producen las sombras suficientes para que muchos se tienten con la posibilidad de cometer plagio y quedar impunes.
"Total, ¿quién se va a dar cuenta?", razona, un poco enfermizamente, aquel que decide apropiarse de la propiedad intelectual ajena para hacerla pasar como propia.
La voracidad de las editoriales por vender ejemplares de lo que sea también pone su grano de arena a este fraude.
En tiempos en que los ánimos argentinos estaban por el piso, el doctor Jorge Bucay apareció como alguien capaz de brindar primeros auxilios para las almas a través de diversos medios y los libros no resultaron ajenos.
En realidad, no son pocos los psiquiatras que recurren a historias conocidas en procura de nutrirse de material que los ayude a tratar con sus pacientes.
De allí a atribuirse sus autorías hay un abismo ético.
No hace muchos años, en un de los más prestigiosos certámenes de narrativa del país, un jurado conformado por renombrados integrantes, premió un cuento que, según se demostraría después, había sido escrito por Césare Pavese, nada menos.
El impostor argumentó entonces que se trató de una mala comprensión de un "moderno recurso" que se llama "intertextualización", el cual consistía en mezclar fragmentos de distintos autores con la intención de dar a luz a un texto nuevo.
Lo que se dice una forma muy elegante de conjugar el verbo lunfardo "afanar".
Sin necesidad de ir muy lejos, la ciudad también conoce de algunas "metidas de mula" flagrantes y memorables, no solo literarias, sino también pictóricas y musicales, algunas nunca debidamente sancionadas.
En todos los casos, el denominador común es siempre el mismo: la presunción de una ignorancia generalizada en procura de intentar obtener un beneficio personal, ya sea reconocimiento o dinero.
Gustavo Mandará/"La Nueva Provincia"