Cuarentenas obligatorias y opcionales

Bahienses por el mundo narraron cómo es vivir aislados muy lejos de casa

29/3/2020 | 07:00 |

Se criaron en las calles de nuestra ciudad y por distintos motivos partieron para radicarse en distintos lugares. Seis experiencias enriquecedoras.

Por Pablo Álvarez, Mario Minervino y Sergio Prieta / laciudad@lanueva.com

   Radicados hace ya muchos años a muchos kilómetros de la ciudad que los vio nacer y crecer, estos bahienses tienen una perspectiva distinta de la pandemia que azota al mundo entero.

   Desde esa visión, contaron qué medidas tomaron los gobiernos de los países en los que están afincados y cómo ven las decisiones que se adoptaron a nivel nacional para prevenir el avance del coronavirus.

   Experiencias distintas para narrar cómo viven la cuarentena, en algunos casos obligatoria y en otros opcional, muy lejos de su añorada Bahía.

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   Sergio López, “el Lope" para sus amigos, se fue de Bahía Blanca en 1980 y si bien regresa de manera periódica, generalmente hace estadía en Monte hermoso. Luego de recibirse de abogado se marchó a Madrid, España, donde formó familia en esa ciudad y se dedica a escribir guiones para la TV.

   “Con preocupación e inquietud”, así define Sergio que se sigue la pandemia en esa ciudad, una de las más afectadas por el virus, donde la cantidad de infectados y muertos se duplica día a día.

    “El pueblo español es de los menos histéricos del mundo, por eso cumple la cuarentena con calma”, asegura.

   Pero el ingrediente que más afecta a todos es la incertidumbre, la impresión de que nadie tiene idea sobre cómo frenar el virus. 

   “Ni los científicos, ni los médicos, ni menos los políticos, saben qué hacer. Es evidente además que el gobierno no vio venir este desastre”, menciona. 

   Se preocupa además por la Argentina más que por el panorama europeo, atendiendo a que considera que la infraestructura sanitaria de nuestro país es mucho más limitada. 

   “Por ese motivo toda medida preventiva es poca”. 

   A pesar de la capacidad de respuesta sanitaria de Madrid, una crisis como la del coronavirus supera a cualquier infraestructura. 

   “Acá la situación es dramática. Los hospitales están desbordados, al punto de improvisar camas en los pasillos o acostar pacientes en el piso. Hace un par de días habilitaron un pabellón municipal gigante para albergarlos”.

   Por eso considera lo crucial la prevención. 

   “Una vez que el virus se extiende es muy difícil controlarlo, aun con un buen sistema de sanidad. No quiero imaginar el desastre que podría ocasionar en el conurbano bonaerense, por ejemplo”.

   Sergio asegura que es difícil ser optimista sobre la evolución de esta crisis. Porque pareciera que la única solución que se puede esperar es que el virus desaparezca solo, como ocurrió con otras epidemias. Y mientras tanto minimizar el daño.

    “Esa es toda la expectativa”. 

   Las preguntas que muchos comienzan a plantearse es ¿cuánto tiempo puede resistir la economía de un país parado? ¿Tres meses, seis, un año? 

   “Ni Italia ni España, que tienen el apoyo de la Comunidad Europea, pueden salir indemnes de un trance parecido. Para una economía frágil como la Argentina puede ser un golpe letal”, reflexiona.

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   Fernando Ares lleva tres décadas en Europa. Primero viviendo en España, finalmente en Zúrich, Suiza. Con pasado basquetbolístico en Estudiantes de nuestra ciudad, es para todos “El Cavernario” o Caver. 

   Músico, pintor, se dedica a organizar eventos musicales, a tocar con su propia banda, musicalizar encuentros y a la pintura.

   En Zúrich la pandemia la está viviendo de modo “tranquilo pero raro”. Porque hasta hace un par de días había pocos infectados y si bien se sugerían algunas medidas preventivas nadie hablaba de cuarentena. Hasta que, como en otras ciudades, las cifras de enfermos se volvieron alarmantes.

   “De pronto la cantidad de infectados comenzó a ser escalofriante”, reconoce, al tiempo de aportar un dato que debiera haber generado atención: Suiza es lindante con Italia, y el movimiento entre los dos países es diario y continuo.

   “El error más grave fue no cerrar las fronteras, considerando que es un paso diario entre los dos países, que mucha gente trabaja en uno y otro lado, se hacen compras, se visitan amigos. Los casos de infectados aparecieron de a poco, pero se multiplican rápido”.

   Un elemento juega a favor: “Suiza cuenta con un sistema sanitario excelente y los hospitales no están colapsados, aunque trabajan a su máxima capacidad. También el ejército está instalando hospitales de campaña en varios puntos”, menciona.

   Una muestra de la situación es que Fernando manda el audio contando este momento mientras camina para hacer compras, con barbijo y alcohol en gel en la mochila. 

   “No estamos en cuarentena obligatoria, pero a esta altura me parece que no va a tardar mucho en tomarse esa medida”, anticipa.

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   Rodrigo Zinni, de 46 años y criado en el barrio Pedro Pico, se instaló en Estados Unidos en plena crisis de 2001.

   Actualmente, junto a su esposa Jacqueline Fatouh y su hijo Joaquín, está radicado en Miami Beach, donde trabaja en un local de zapatos del centro comercial Neiman Marcus.

   “Los no indispensables ya llevamos una semana sin trabajar, aunque aún por la ciudad se puede circular libremente. Por el momento, sólo cerraron las playas”, contó quien hizo sus estudios primarios en la escuela 67 y los secundarios en la ENET 1.

   “Lamentablemente  tenemos más información de lo que sucede en el exterior que aquí. Es muy extraño, porque sabemos de lo terrible de la situación pero aun no nos ha impactado. En nuestro caso, tomamos todos los recaudos posibles que tenemos a mano, como la limpieza y la desinfectación”. 

   Pese a estar en un país que es potencia mundial, Rodrigo señaló que la crisis económica se sentirá como en cualquier otro lado.

   “Es muy difícil no pensar en las secuelas que esto va a traer. Aquí hay mucha gente que vive el día a día, que vive bien y se compra lo que quiere, pero ya está endeudada y probablemente no podrá afrontar un largo periodo sin generar ingresos. También están los homeless (sin hogar) deambulando por la ciudad  y durmiendo en las calles, a los que se suman miles de inmigrantes indocumentados que no recibirán ninguna ayuda del gobierno”.

   Informado de lo que sucede en nuestro país, Rodrigo celebró las medidas que tomó el gobierno. 

   “Hasta hace una semana parecía que no nos iba a pasar, pero poco a poco nos fuimos dando cuenta que íbamos por mal camino. Por eso celebro que en la argentina se haya tomado el toro por los cuernos, y asi tratar de evitar una catástrofe incontrolable”.

   En ese sentido, realizó críticas al sistema sanitario estadounidense.

   “Probablemente sea una de las grandes fallas de este país. Ir a un hospital o enfermarte gravemente te podría dejar con deudas de 100.000 dólares o más. Siendo la medicina un negocio más, jamás se pensó en el que no podía pagar, o estar asegurado, pero hoy, con esta pandemia, estamos todos en la misma situación. Si algo debemos aprender es que si el de al lado está mal, no es nada bueno para mí”.

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   Mariano Arribas emigró en 2014 a Estados Unidos, donde contrajo matrimonio con Wendy, con quien tuvo un hijo (Marco) y esperan el segundo.

   “Estamos en Phoenix, estado de Arizona. Es una ciudad con 7 millones de habitantes que limita con México”, señaló Mariano, quien es periodista.

   “Aquí se ha dado todo en forma despareja. Nueva York, Washington y California, por citar algunos estados, ya han declarado la cuarentena por la cantidad de casos que han aparecido. En este lugar propiamente dicho la han recomendado, pero no la han impuesto aún. Por lo que, algunos la cumplen y otros no”.

   Y amplió: “Nosotros tomamos la decisión que de resguardarnos y prácticamente no salimos de nuestro hogar. Por eso digo que estoy orgulloso que en Argentina lo hayan tomado con tanta seriedad. Aquí da la sensación que cuidan más a la economía que a los habitantes”.

   Su trabajo en una cadena periodística de habla hispana le permite desarrollar labores desde su propia casa. 

   “Wendy es directora médica de una clínica comunitaria, a la que acude gente de bajos recursos, y tiene que ir. Estamos preocupados, porque carecen de equipos de protección, ya que no les han provisto de nada y por ende no pueden exponerse a posibles casos. Han decidido montar carpas en el ingreso a la clínica para tratar rápidamente casos con síntomas y redirigirlos a hospitales más grandes.  Son decisiones que se van tomando por cuenta propia, ya que aún no hay protocolo”.

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   Gabriel Langol, ex futbolista, decidió irse a Chile en febrero de 2014. 

   Hoy está en Los Angeles, una comuna en la zona central del país perteneciente a la Región del Biobío que se encuentra ubicada a 500 kilómetros de Santiago y tiene poco menos de 130 mil habitantes.

   “Soy administrativo en un hospital de aquí y también me desempeño en la Oficina Municipal de Deportes”, contó este ex jugador de Villa Mitre (llegó a jugar B Nacional) y Liniers, entre otros equipos bahienses. 

   “Ya han aparecido algunos casos en zonas cercanas, por lo que nos estamos preparando para afrontar el tema. A diferencia de Argentina, lo que sí está haciendo Chile son muchos testeos diarios. En el resto de las cosas, se tomaron decisiones similares, aunque aún no hay un protocolo más amplio a nivel nacional, sino que cada región va adoptando medidas”.

   Gabriel, en pareja con Natalia y padre de Lautaro (18 años) y Agustín (15), contó que el alcalde de Los Angeles (intendente) tomó decisiones drásticas tras tomar conocimiento del primer caso sospechoso.

   “Se decretó el estado de sitio entre las 22 y las 5, por lo que en ese horario nadie puede circular, y también el denominado trabajo ético, por el que se acude una semana a desarrollar labores y se descansan 15 días”
Sus hijos, el mayor en la universidad y el menor en la secundaria, estudian en forma on-line.

   “El único que sale de casa soy yo”, dice quien también se encarga de organizar encuentros, talleres o torneos de distintas actividades formativas, más orientado hacia lo social, fomentando valores y principios. 

   “Obviamente, ahora está todo suspendido. Por lo pronto, y pese a que la gente se desesperó un poco cuando dictaron la cuarentena, no hay desabastecimiento”, señaló.

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   Pamela Subizar es una periodista que trabajó en  La Nueva.

   En estos momentos se encuentra en Nueva York, que  es el nuevo epicentro de la pandemia que paraliza al mundo. Allí se desempeña en el canal de noticias NY1 News y para Democracy Now.

   “El fin de semana estuve en Manhattan y en Union Square (la conocida plaza del centro de la isla)y tenía una pequeña parte de su tradicional mercado aún funcionando”, explicó. 

   “Había bastante gente circulando, algunos con barbijos, todo muy tranquilo. En el parque de Brooklyn mucha gente haciendo ejercicio, pero también familias con niños y amigos. Tuve una sensación rara, como que algo está ocurriendo pero no se estaba dimensionado. Eran imágenes que no he visto en las películas de pandemia. La realidad supera la ficción”, dijo.

   Sin embargo todo cambió el lunes pasado.

   “En Nueva York, la cuarentena obligatoria determinada  empezó a domingo a la noche y desde entonces sólo se permite la circulación de trabajadores de servicios esenciales”, contó.

   En ese sentido dijo que la situación en NY es complicada porque el sistema de salud no está preparado para atender lo que se estima traerá la pandemia. El colapso de ese servicio está más cerca de lo que muchos imaginaron.

   “A estas alturas la preocupación es casi total. Se calcula que se necesitarán 140 mil camas de hospital, pero sólo hay 50 mil. Tampoco hay respiradores suficientes”, agregó.

   Como el sistema hospitalario no va a dar a basto, están montando tiendas de campaña militares para atender a los pacientes. Parece una escena de guerra.

   “Mientras tanto la gente va a comprar comida, a hacer ejercicio, a las farmacias. Y algunas compañías obligaban hasta hace poco a sus empleados a seguir yendo a trabajar, pero eso está cambiando recién ahora”, dijo.

   Otras empresas han informado que su nueva política es que los que hacen el delivery no ingresen a los hogares. 

   ”Hay muchas personas que están realmente preocupadas y con mucha ansiedad y estrés. En especial, creo, neoyorquinos o estadounidenses”.

   Otro detalles de la vida en la ciudad es que muchos jóvenes viven en departamentos pequeños y compartidos. 

   "Y se pasan sus días afuera. No hay actividades en casa. Muchos departamentos ni siquiera tienen una mesa en la cocina, ni hablar de un comedor. Ahora todos nos vemos encerrados en estos diminutos departamentos con esos desconocidos que son ahora nuestra nueva familia. Es una ironía curiosa”, dijo.

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